Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo.. Seguir leyendo
Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo. Seguir leyendo
Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo.. Pregunta. A menudo se la confunde con sus narradoras. ¿Se le parecen?. Respuesta. Me divierte esa identificación. El término autoficción no me apasiona, pero es verdad que utilizo a mis protagonistas como espejismos de mí misma. Aprovecho su voz para hablar de incomodidades que siento. En los clubes de lectura, que son como terapias de grupo, siempre psicoanalizan a mis protagonistas y, acto seguido, me psicoanalizan a mí. Entiendo que se quiera completar el puzle, pero a veces parece que el escritor esté ahí para ser diseccionado. Y la literatura no funciona así.. P. ¿Le incomoda?. R. No, me lo tomo bien. He aprendido a poner límites de manera simpática. A veces incluso invento historias. Y le aviso de que en algunas entrevistas también me invento cosas. Sobre todo, si el periodista no se ha leído el libro…. P. Peces se presenta como una historia de amor. Para usted, ¿esto es el amor?. R. No. Para mí, el amor tiene que ser bueno y sano. Si esta es una historia de amor, es monstruosa. Aunque eso nos ha pasado a muchos: vivimos historias que hoy llamaríamos tóxicas, en las que, en realidad, había muy poco amor. Yo he tenido tres amores monstruosos, que no está mal…. P. ¿Qué le dejaron?. R. Un gran aprendizaje. Mis grandes maestros han sido o grandes enemigos o personas que he amado mucho y que, consciente o inconscientemente, me han destruido. Pero las bendigo, porque me ofrecieron esa oportunidad de aprender. He aprendido más de esas personas que de quienes me han acompañado bien. Pero, gracias a Dios, ya basta. Ahora los veo venir y salgo corriendo.. “Yo he tenido tres amores monstruosos, que no está mal. Ahora los veo venir y salgo corriendo”. P. Ha dicho que suele enamorarse de sus personajes.. R. De algunas más que de otras. Con la protagonista de Boulder fue un enamoramiento físico: no podía dormir, estaba obsesionada, no comía. El cuerpo no estaba confundido: había conocido a alguien muy real. Con ese libro entendí los problemas de incomunicación en mi relación de pareja. A veces, hasta que no lo escribo, no me doy cuenta de las cosas.. P. En Peces describe una relación lésbica de abuso. ¿Quería enfrentarse a un tema tabú?. R. Quería escribir una historia de amor, se lo aseguro. Lo que pasa es que a mí me gusta ir hacia las zonas oscuras, hacia el inconsciente, hacia lo incómodo. Una historia de amor luminosa no me interesa en absoluto. Eso me sale natural. Mis protagonistas se han identificado como mujeres lesbianas porque yo también me he identificado así. La mayoría de mis relaciones han sido con mujeres, así que escribía sobre lo que conocía.. P. En la novela, el amor parece una especie de intoxicación.. R. Sí. La narradora es una mujer que funciona socialmente, que tiene una buena vida. No está tan perdida como otras de mis protagonistas. Pero cuando conoce a Victòria empieza a orbitar a su alrededor. Esa mujer carga una gran sombra, una violencia contenida, y se la va inoculando. Hay relaciones que funcionan así: uno envenena al otro hasta que el otro dice basta, porque siente que está desapareciendo como persona.. P. Para usted, ¿el antídoto a ese veneno es la escritura?. R. Sí, la escritura es poder, aunque la novela empieza diciendo que escribir no libera nada. No creo que escribir cure, pero sí creo que puede cancelar el pasado. Hay cosas que existieron y que, al escribirlas, dejan de existir de la misma manera. Lo escrito sustituye al recuerdo. Si la memoria ya es una construcción, la escritura todavía lo es más. A veces pienso que uno puede acabar creando una realidad nueva.. Eva Baltasar, autora de ‘Permafrost’, ‘Boulder’, y ‘Peces’, en su casa de Cardedeu (Barcelona).Massimiliano Minocri. P. Sus personajes suelen estar solos, sin red de apoyo.. R. Sí, pero ese no es un lugar de sufrimiento. Para mí, la soledad es un lugar cómodo y muy querido. Comparto casa con mis hijas y muchas horas con mi pareja, pero estar sola me encanta. Así es como estaba de pequeña, es mi estado original. Es también el espacio de la escritura, que son de las horas más bonitas que vivo. Me da paz.. P. ¿Siempre fue así?. R. Sí, tuve una infancia muy encerrada. Mis padres eran estrictos y no nos dejaban salir mucho. Mi hermana lo sufrió más. Yo, por lo menos, tenía los libros. Leía compulsivamente todo lo que caía en mis manos: Agatha Christie, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa… Mi madre estaba inscrita en el Círculo de Lectores y llegaban libros constantemente. Ella no tenía tiempo de leerlos y yo los devoraba. Mis padres hicieron lo que pudieron. No los juzgo. Gracias a esa infancia soy escritora.. P. ¿No tuvo amigos?. R. No realmente. De hecho, no empecé a tener amigos hasta los 40 años.. P. ¿Por timidez?. R. Durante mucho tiempo pensé que era tímida. Ahora ya no sé qué soy. Quizá introvertida, o quizá ni eso… Lo que pasa es que en grupos grandes me callo. En cambio, si somos solo dos personas, hablo muchísimo. Si hay más de tres, observo.. P. Da la sensación de que el éxito de Permafrost la obligó a abrirse al mundo.. R. Totalmente. Yo venía de la poesía, de una vida muy encerrada. Y, de repente, publicar narrativa implica viajes, actos, cenas, entrevistas… Empecé a decir que sí a cosas a las que siempre había dicho que no. Fue como aprender una lengua nueva. Si de pequeña te socializas, ya lo llevas de serie. Pero cuando tienes que aprender una habilidad tan básica de mayor, cuesta un poco y exige voluntad.. P. ¿Sus padres apoyaron su vocación literaria?. R. Bueno, es que lo veían como un hobby… Mi padre trabajaba en un banco y mi madre tenía una empresa de administración de fincas. Querían que tuviera una profesión estable. Pero yo siempre puse la escritura por delante.. P. ¿Cómo aprendió a escribir?. R. Mi método fue copiar. Cogía una libreta y transcribía novelas enteras, poemas, obras de teatro, incluso la Biblia… No está nada de moda, pero creo mucho en la copia como herramienta pedagógica, igual que los pintores que empiezan copiando cuadros. Ahí aprendes ritmo, estructura, respiración del lenguaje.. “Nunca perseguí publicar. Escribía y quemaba mis escritos, hasta que me enamoré de una chica y quise regalarle un libro publicado”. P. ¿Echa de menos su vida en la montaña?. R. Mucho. Durante años viví en una casa sin luz, con una niña pequeña, haciendo quesos. Me gusta esa idea de autosuficiencia y de contacto directo con la tierra.. P. ¿Qué le molesta de las ciudades?. R. La rapidez, la contaminación, el consumo, la alienación. Y algo muy básico: que la gente se haya dejado de saludar. Yo salgo a las seis y media de la mañana a pasear al perro y digo “buenos días” a la gente que me cruzo. Antes todo el mundo respondía. Ahora empieza a haber personas que no. Parece una tontería, pero me afecta.. P. Su prosa tiene una densidad muy particular, casi litúrgica.. R. Eso puede venir de la poesía y también de mi educación religiosa. Fui a una escuela de curas y me encantó la experiencia. Si hubieran sido monjas, quizá me habría hecho religiosa. Me fascinaban los evangelios, la liturgia, rezar durante horas. Toda esa imaginería se me quedó dentro. Me alegra haber sido formada en una tradición. Me dio un mundo, un léxico y una iconografía.. P. ¿Se considera creyente?. R. Depende de lo que entendamos por Dios. Las religiones son caminos para conectar con la divinidad, y la divinidad está en todo lo vivo y casi en lo inerte. A mí me interesa la espiritualidad como respuesta al vacío contemporáneo. No a través de una religión concreta, sino de volver a conectar con algo más grande. Vivimos un momento en que la gente vuelve a buscar eso porque percibe el precipicio. Hasta Rosalía habla de este tema. No la conozco mucho, pero me parece simpático lo que hace. Si esas flores brotan ahora, es porque las circunstancias son propicias.. P. ¿Cómo vive tener éxito?. R. El éxito es estar en paz con lo que hago. Cuando escribía poesía y no me leía nadie ya estaba contenta. Nunca perseguí publicar. Escribía y quemaba los libros. Publiqué el primero porque me enamoré de una chica que se llamaba Laia y quería regalarle un libro publicado. Gané un premio por milagro y pensé que quizá me iría mejor si dejaba de quemar las cosas.. P. ¿No sintió vértigo después de tanta soledad?. R. Un poco, pero es que yo me he entregado a la vida. Siempre digo que ya no podría volver a escribir Permafrost. Es probable que entonces tuviera una capa de hielo muy gruesa por encima, y ahora ya no. Ahora soy como las monjas: doy un sí perpetuo. A todo lo que venga, sí.
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