Sentada sobre el césped, cobijada bajo unos árboles y a oscuras, Janis arranca un trozo de hierba y se lo lanza a su amiga: “¡Aquí aún queda algo fresco!”. Ha pasado la medianoche y hay 31 grados en el parque Buttes Chaumont de París, uno de los espacios verdes donde los insomnes se refugian estos días en las madrugadas más calurosas que ha vivido Francia desde que existen registros.. Seguir leyendo
Las temperaturas extremas obligan a parar trenes, cerrar colegios y cancelar eventos en países donde las viviendas no suelen tener refrigeración ni persianas
Sentada sobre el césped, cobijada bajo unos árboles y a oscuras, Janis arranca un trozo de hierba y se lo lanza a su amiga: “¡Aquí aún queda algo fresco!”. Ha pasado la medianoche y hay 31 grados en el parque Buttes Chaumont de París, uno de los espacios verdes donde los insomnes se refugian estos días en las madrugadas más calurosas que ha vivido Francia desde que existen registros.. Janis Sahraoui, de 37 años, y Antonia R., de 31, son dos de las que prefieren pasar la noche bajo un árbol en estas noches tropicales que quedarse en sus estrechos y asfixiantes apartamentos. Antonia vive en una casa muy pequeña en un edificio mal aislado, “donde la temperatura es de 46 grados, es imposible dormir”. “Me resistía a comprar un aparato de aire acondicionado, porque para mí era el último recurso, pero ya no tenía otra opción, así que lo he intentado estos días, pero están agotados o carísimos”, se lamenta.. Un hombre en el parque Buttes Chaumont, este viernes.Livia Saavedra. El calor extremo de esta semana ha puesto en evidencia las muchas debilidades de Europa por el clima. Aparte de constituir una seria amenaza para la salud, en especial para la población de mayor edad, el aumento de las temperaturas ha destapado múltiples fallos en el transporte, la sanidad, la educación, el alojamiento o el mantenimiento de las condiciones básicas para una vida confortable. Una demostración de la falta de adaptación a un cambio climático que se espera que vaya agravando cada vez más estas olas de calor. “No nos estamos adaptando a la velocidad que deberíamos”, señala Pedro Zorrilla, responsable de cambio climático de Greenpeace España, que destaca que el aumento de las temperaturas extremas es justamente uno de los efectos del calentamiento del planeta para el que resulta más evidente que hay que prepararse, pues luego hay muchos más no tan obvios. “Este es uno de los impactos más claros, pero ni aún así”, lamenta el ecologista.. De forma especial, estos tórridos días han mostrado la falta de preparación de los países europeos del norte, más acostumbrados al frío. Un informe de febrero de este mismo año de la Agencia Europea de Medio Ambiente, titulado Sobrecalentados y mal preparados: las experiencias de los europeos al vivir con el cambio climático, consideraba fundamental combatir las altas temperaturas en los hogares, incidiendo en las normas y códigos técnicos de edificación, así como en sistemas de ventilación o refrigeración (promoviendo aquellos de menor impacto ambiental). A este respecto, los ciudadanos preguntados en Letonia y Alemania sumaban los porcentajes más altos de hogares sin aire acondicionado y ventiladores, un 88% y 85%, respectivamente, según encuestas online realizadas a 27.000 personas en 27 países europeos. Este informe reflejaba, por ejemplo, la falta de espacios cercanos refrigerados. Además, respecto al aislamiento de paredes y tejados de las viviendas, incidía en que, aunque este suele ser mejor en países del norte del continente para protegerse del frío, en condiciones de calor puede sobrecalentar todavía más las casas si no hay una adecuada climatización en los edificios.. Aguas turbias en Francia. La ola de calor en París ha dejado imágenes inéditas, como la de las orillas del Canal Saint Martin abarrotadas de parisinos zambulléndose en sus turbias aguas normalmente cerradas al baño o la de algunos parques excepcionalmente abiertos de noche y repletos de insomnes.. Este episodio de temperaturas tórridas, comparable al que vivió Francia en 2003, que duró dos semanas en las que murieron 15.000 personas, ha paralizado estos días gran parte de la actividad del país: se han cerrado colegios, se han cancelado exámenes, se han adaptado los horarios en muchos trabajos, se han suprimido un 10% de los trenes por averías en el aire acondicionado o problemas en la red ferroviaria y los monumentos más visitados, como la Torre Eiffel o el Museo del Louvre, han tenido que adelantar el cierre.. El propio Gobierno, en el centro de las críticas por no haber sabido anticipar medidas más efectivas, ha admitido que el país no está preparado para estas canículas. “Hay que salir de la caricatura de que hay que climatizarlo todo. El aire en todos sitios no es la solución óptima”, señaló la ministra de Sanidad, Stephanie Rist, cuando se le cuestionaba sobre la falta de preparación en los hospitales.. La mitad de las viviendas del país, unos 10 millones, no están preparadas para estas temperaturas tan altas, según el Centro Científico y Técnico de Edificios (CSTB, en sus siglas en francés). Son edificios antiguos, que no están adaptados y construidos con materiales que no aíslan. En París, por ejemplo, tres cuartas partes de los tejados son de zinc, que absorben y conducen el calor.. Lo saben bien Charline Thevenin y su marido, que viven con sus dos hijos, un niño de ocho años y una bebé de uno, en un último piso del distrito ocho de la capital, bajo uno de estos tejados. En los últimos días, más que vivir han sobrevivido, pues la temperatura media en el hogar, relata Charline, es de 38 grados, lo que les ha obligado a tener que pedirle a la cuidadora de la niña si puede quedarse con ella en su casa. Ella trabaja en banca y a su hijo se lo lleva por las tardes a la oficina, pues en la escuela “la clase está a 35 grados, pero la sensación térmica es de 40. Prefiero que pierda clase a que esté en esas condiciones”, protesta.. Hay 13.500 centros escolares que han tenido que adaptar horarios o cerrar directamente. El alcalde de París, Emmanuel Gregoire, anunció la semana pasada, cuando estaba empezando la ola de calor, que se iban a comprar 1.200 climatizadores para equipar las 600 escuelas de la capital, pero matizó que eran soluciones temporales.. “En la escuela de mi hijo, solo tienen una zona climatizada para 15 clases. En la asociación de padres, en la ola de calor de mayo, planteamos comprar nosotros los aparatos de aire; el Ayuntamiento nos dijo entonces que no y ahora sí nos ha autorizado, pero ya no se pueden comprar porque están agotados en todos sitios. Es como cuando en la pandemia nos dimos cuenta de que las mascarillas eran necesarias cuando ya no había”, dice.. Edificios en Alemania. En Alemania, donde se ha batido la noche más calurosa para cualquier mes del año (26,2 grados en Bad Bergzabern, en Renania-Palatinado), el calor ha sido asfixiante en el transporte, los hospitales, los trayectos en bici y en las casas, ya que la mayoría de los edificios no cuentan con aire acondicionado ni persianas que impidan la entrada del sol directo por las ventanas. Se han cancelado eventos de todo tipo, actividades culturales como la Feria del Libro de Berlín y muchas escuelas han decidido reducir el número de horas lectivas estos días. Incluso se han cerrado tramos de la autopista A2 entre Berlín y Hannover por miedo a que venza el asfalto por el calor.. “En Berlín hay muchísimos edificios de lo que se conoce como construcción antigua. Se trata de edificios que, por lo general, tienen más de 100 años. Y en ellos no suele haber persianas”, explica Zeno, un alemán del sur, que vive con su mujer y sus dos hijos pequeños en el barrio berlinés de Kreuzberg. “Cuando la luz solar da directamente sobre una ventana, se produce un auténtico efecto invernadero”. A pesar de todo, reconoce que tienen “un poco de suerte”, porque cuentan con árboles delante de su casa, que les protegen algo.. Hay cosas como estas que no sorprenden a los alemanes, pero sí a los extranjeros. “Me llamó la atención cuando llegué a Berlín hace cuatro años y sigo un poco sorprendido porque vengo de una ciudad del sur de Ucrania, donde el aire acondicionado es algo habitual. Además, las tiendas abren todo el fin de semana, por lo que también puedes ir a ellas a refrescarte. No como aquí, donde todo está cerrado los domingos”, comenta Ihor, de 41 años, que vive con su novia en el barrio de Reinickendorf, en un piso de los antiguos con techos altos.. En Alemania, las vacaciones escolares aún no han empezado. Estos días, muchos centros educativos decidieron aplicar la normativa que se conoce como Hitzefrei, según la cual, si a las 11.00 de la mañana la temperatura en un aula representativa alcanza los 26 grados o más, los colegios pueden reducir las horas lectivas.. También se ha prohibido hacer barbacoas e incluso algunos de los famosos Biergarten —terrazas al aire libre— han echado el cierre. “¡La cámara frigorífica y el sistema de refrigeración de la cerveza están llegando al límite de su capacidad! En la sala de servicio nos acercamos a los 55 grados. Agradecemos su comprensión”, escribió el Biergarten Biegerpark, en Duisburgo.. Personas caminan cerca de la puerta de Brandenburg, en Berlín (Alemania), en medio de temperaturas extremas, el 24 de junio.Michele Tantussi (Getty Images). Tampoco los hospitales están preparados. En 2024, el Instituto Alemán de Hospitales preguntó a 289 centros si habían adoptado más medidas contra el calor y el 60% respondió que no. Muchos de ellos alegaron falta de fondos. La mayoría de los hospitales se construyeron cuando las olas de calor aún eran una excepción, por lo que suelen carecer de aire acondicionado, excepto en áreas específicas como la UCI o los quirófanos. El Charité de Berlín elaboró un “mapa de calor” para saber qué salas se calientan rápidamente y suponen zonas de riesgo, y dónde hay sitios frescos en los que refugiarse.. Emergencias en el Reino Unido. En el Reino Unido, donde el viernes se alcanzó la temperatura más alta para un mes de junio (36,9 grados centígrados en la localidad de Wattisham, condado de Suffolk, al sureste de Inglaterra), el calor ha provocado estragos. Gran parte de la red ferroviaria, cuya señalización e infraestructura no estás preparadas para temperaturas extremas, suspendió trayectos o retrasó horarios, al imponer una notable reducción de la velocidad en sus servicios. La mayoría de los colegios han permanecido cerrados durante el periodo de alerta. Muy pocos disponen de aire acondicionado o algún otro sistema de refrigeración, aunque el Gobierno actual ha acelerado un programa de renovación de sus infraestructuras, y la ministra de Educación, Bridget Phillipson, ha pedido a las autoridades escolares que, en la medida de lo posible, mantengan abiertas las aulas.. Una pasajera trata de refrescarse con un ventilador portátil en el metro de Londres, en una imagen del 24 de junio. TOLGA AKMEN (EFE). El 90% de los hospitales del país no están preparados para condiciones de calor extremo. Muchos de ellos han pedido a los ciudadanos que no acudan a los servicios de emergencia si no es estrictamente necesario, y de hacerlo, que eviten ir con muchos acompañantes, porque cada persona extra contribuye a elevar la temperatura en el interior de los edificios.. El metro de Londres y sus autobuses han sido un infierno durante la semana. Apenas el 40% de los trenes subterráneos que se extienden por esta ciudad dispone de aire acondicionado. Las caras de sufrimiento entre los pasajeros son habituales en las horas punta, sobre todo en las líneas más antiguas de la red, como Bakerloo, Jubilee, Victoria o Piccadilly.. Los parques de la capital británica se han llenado estos días de personas que buscaban algo de aire y sombra, para huir de hogares poco acondicionados para el calor extremo. Ni siquiera un 5% de las nuevas edificaciones incorporan aire acondicionado o la infraestructura para instalarlo. Las casas antiguas, que pueblan Londres, tienen escasa ventilación y casi ninguna dispone tampoco de persianas que aíslen de modo hermético del sol. A las nueve de la noche, a la hora que se cierra Queens Parks, decenas de personas se resisten estos días a abandonar el primer esbozo de frescor y sombra que disfrutan en unas jornadas infernales.. Indignación en Bélgica. La ola de calor también ha pulverizado todos los récords en Bélgica (la de temperatura diurna en un mes de junio y la nocturna jamás registrada) y ha encendido los ánimos contra el Gobierno. En un furibundo editorial, el diario Le Soir denunciaba que el mensaje principal de las autoridades parece resumirse en un “apañáoslas” a la población: “Los códigos naranja y rojos y las alertas brotan de los centros de crisis, pero el primer ministro sigue totalmente invisible, el ministro-presidente de Flandes observa todo esto con desdén —‘Me niego a sumarme al alarmismo’—, mientras que el Gobierno valón ha desaparecido del radar. Y ni hablemos (otra vez) del ministro de Defensa, Theo Francken (N-VA), convertido en abanderado de la irresponsabilidad al proclamar su negación desde su barbacoa, su piscina y su lata de cerveza”, escribía el rotativo francófono.. La indignación estalló contra Francken después de que el ministro se burlara de los avisos de temperaturas extremas al comienzo del episodio meteorológico: “Llevamos dos días de calor y ya estamos todos a punto de morir, claro. Tío, tío, ¿de dónde sacan siempre a esos periodistas? Disfruta de este tiempo tan maravilloso. ¡Y VIVE!”, escribió el nacionalista flamenco, prometiendo fotos de su “piscina, una [cerveza] Stella bien fresquita y la barbacoa”. Estas palabras se volvieron contra él, no solo por el duro impacto que está teniendo la ola de calor, sino también porque una activista llamó a pasar “un fin de semana en casa de Theo Francken”, lo que a su vez provocó la ira de este, que ha hablado de una “línea roja cruzada” porque se reveló su dirección.. El intenso calor ha activado también una antigua reclamación en Bruselas: activistas han organizado remojones en estanques públicos de la capital belga como protesta, para recordar que en esta ciudad no hay ninguna piscina exterior pública.. Está información ha sido elaborada por Raquel Villaécija (París), Almudena de Cabo (Berlín), Silvia Ayuso (Bruselas), Rafa de Miguel (Londres) y Clemente Álvarez (Madrid).
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