Me acabo de enterar de algo tremendo: como más de la mitad de lo que vemos en internet ya está producido total o parcialmente por la inteligencia artificial (una contaminación que se conoce con el nombre de AI slop), una serie de empresas se han lanzado a crear repositorios del contenido humano de internet, fundamentalmente material anterior a 2022, que fue el momento de explosión de las IA, aunque también datos de fuentes de autoría verificada. Esto ya da bastante yuyu, pero lo más espeluznante es que el origen de este interés por cuidar de lo humano nace sobre todo por razones perversas, a saber, por un problema que las empresas tecnológicas detectaron y bautizaron como “colapso de modelo” y que consiste en que estaban empezando a alimentar sus IA con material producido por la IA, lo cual no sólo aumenta los sesgos, sino que además las vuelve repetitivas. Así que las grandes tecnológicas se han puesto a preservar lo humano para poder seguir dando de comer al monstruo.. Seguir leyendo
Me acabo de enterar de algo tremendo: como más de la mitad de lo que vemos en internet ya está producido total o parcialmente por la inteligencia artificial (una contaminación que se conoce con el nombre de AI slop), una serie de empresas se han lanzado a crear repositorios del contenido humano de internet, fundamentalmente material anterior a 2022, que fue el momento de explosión de las IA, aunque también datos de fuentes de autoría verificada. Esto ya da bastante yuyu, pero lo más espeluznante es que el origen de este interés por cuidar de lo humano nace sobre todo por razones perversas, a saber, por un problema que las empresas tecnológicas detectaron y bautizaron como “colapso de modelo” y que consiste en que estaban empezando a alimentar sus IA con material producido por la IA, lo cual no sólo aumenta los sesgos, sino que además las vuelve repetitivas. Así que las grandes tecnológicas se han puesto a preservar lo humano para poder seguir dando de comer al monstruo. Seguir leyendo
Me acabo de enterar de algo tremendo: como más de la mitad de lo que vemos en internet ya está producido total o parcialmente por la inteligencia artificial (una contaminación que se conoce con el nombre de AI slop), una serie de empresas se han lanzado a crear repositorios del contenido humano de internet, fundamentalmente material anterior a 2022, que fue el momento de explosión de las IA, aunque también datos de fuentes de autoría verificada. Esto ya da bastante yuyu, pero lo más espeluznante es que el origen de este interés por cuidar de lo humano nace sobre todo por razones perversas, a saber, por un problema que las empresas tecnológicas detectaron y bautizaron como “colapso de modelo” y que consiste en que estaban empezando a alimentar sus IA con material producido por la IA, lo cual no sólo aumenta los sesgos, sino que además las vuelve repetitivas. Así que las grandes tecnológicas se han puesto a preservar lo humano para poder seguir dando de comer al monstruo.. En los últimos tiempos me viene a menudo a la memoria ese maravilloso libro que es Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. Las crónicas nos cuentan cómo los humanos llegamos a un Marte imaginario (contra lo que la gente cree, no es una obra de ciencia ficción, sino fantástica) y, en sucesivas oleadas, nos las apañamos para exterminar a los marcianos nativos y para, después, destruir la Tierra, así que el puñadito de terrícolas que sobreviven en el planeta rojo pasan a ser los nuevos marcianos. Poderoso y poético, el texto está impregnado de una melancolía colosal. Es un canto punzante a las civilizaciones perdidas, a la muerte y el olvido de mundos enteros. Una música que cada día resuena más en mis oídos, porque vivimos tiempos crepusculares. La humanidad es un niño que, sentado en la orilla de un océano vacío e interminable, contempla cómo se pone el sol.. Hay otras iniciativas que intentan defender lo humano desde nuestro lado y no del de las máquinas. El año pasado la Asociación de Escritores de EE UU creó el sello Human Authored (autoría humana) con el que pretende marcar los libros para que el lector sepa lo que está leyendo; y, en España, los traductores han sacado un manifiesto defendiendo la traducción humana y están pensando en implementar un sello semejante. Debe de haber cientos o miles de propuestas así en todo el mundo. Pequeñas movilizaciones. Me animan y enardecen, pero no creo que consigan que el sol deje de descender hacia el mar tenebroso.. ¿A qué llamamos lo humano, qué es ese tesoro de nuestro ser que tanto nos apena perder? Humano es ese bebé que intenta aprender a hablar, que se pone con torpeza de pie y cae de culo, curioso, atrevido, tierno e inocente. Pero Hitler también fue niño. Humano son ese horror de Trump y Netanyahu. Y los bestiales talibanes, los carniceros de Sudán, los terroristas de Hamás. Los violadores, los asesinos, los torturadores, los genocidas. Un escalón más abajo: los acosadores, explotadores, maltratadores, corruptos, aprovechados, estafadores y tóxicos. A lo mejor no nos merecemos sobrevivir. Acaba de salir un libro de divulgación científica fascinante, Vita, de Xabi Uribe-Etxebarria, en cuyos capítulos finales el autor se plantea, con una serena aceptación, si la inteligencia artificial no será quizá la próxima vida que pueble este planeta (es decir, los nuevos terrícolas tras nuestra desaparición, como los nuevos marcianos del libro de Bradbury). Sí, puede que nos hayamos ganado la extinción.. Pero, claro, lo humano también son esos médicos que están muriendo ahora en el Congo, contagiados por cuidar de los enfermos del terrible ébola (¿serías tú capaz de hacer eso? Yo me lo pregunto. ¿Eres, soy, de la mejor parte de lo humano?). Hay tanto bien en el mundo. En nosotros. Solo en mi vida, en mi pequeña vida, he sido bendecida por tantísimos actos de amor y de bondad, por parte de amigos y de extraños. Y luego está la belleza; la música, las artes plásticas, las hermosas palabras.. Todo esto, lo bueno y lo malo, desaparecerá como lágrimas en la lluvia, según la famosa frase del replicante de Blade Runner. Puede que sea pronto, en consonancia con el vértigo crepuscular en que vivimos, o en un futuro lejano pero inevitable (el Sol colapsará dentro de 5.000 millones de años). Nadie se acordará de nosotros, pero imagino las notas de Beethoven, de Mozart, de Shostakóvich o de Schumann atravesando como viento solar el vacío y silencioso espacio.
EL PAÍS
