Kati Horna (1912-2000) y Margaret Michaelis (1902-1985) fueron dos mujeres que compartieron numerosas parcelas de sus vidas, aunque no es seguro que llegaran a conocerse. Ambas nacieron en Europa Central: Horna era húngara y Michaelis, austriaca; las dos, de familias judías acomodadas, huyeron del fascismo y, como fotógrafas, estuvieron vinculadas al anarquismo y recalaron en España durante la Guerra Civil. Horna y Michaelis dejaron, sobre todo, el testimonio gráfico de la retaguardia republicana en las zonas controladas por los libertarios. La investigadora Almudena Rubio, del Instituto Internacional de Historia Social (IISH), de Ámsterdam, ha dedicado una década a reconstruir al detalle sus vidas y a investigar la casi desconocida huella fotográfica que dejaron.. Seguir leyendo
La investigadora Almudena Rubio reconstruye las vidas de Kati Horna y Margaret Michaelis, vinculadas al movimiento libertario, con documentación inédita y las fotografías apenas conocidas que ambas tomaron del conflicto
Kati Horna (1912-2000) y Margaret Michaelis (1902-1985) fueron dos mujeres que compartieron numerosas parcelas de sus vidas, aunque no es seguro que llegaran a conocerse. Ambas nacieron en Europa Central: Horna era húngara y Michaelis, austriaca; las dos, de familias judías acomodadas, huyeron del fascismo y, como fotógrafas, estuvieron vinculadas al anarquismo y recalaron en España durante la Guerra Civil. Horna y Michaelis dejaron, sobre todo, el testimonio gráfico de la retaguardia republicana en las zonas controladas por los libertarios. La investigadora Almudena Rubio, del Instituto Internacional de Historia Social (IISH), de Ámsterdam, ha dedicado una década a reconstruir al detalle sus vidas y a investigar la casi desconocida huella fotográfica que dejaron.. El resultado es el estupendo ensayo Las cajas de Ámsterdam. Margaret Michaelis y Kati Horna en la Guerra Civil, publicado en edición bilingüe (español-inglés) por la Diputación de Huesca y el IISH, en colaboración con la Fundación Anselmo Lorenzo.. Dos niños junto al cuartel de la División Ascaso, en Vicién (Huesca), en 1937.KATI HORNA. En el libro, Rubio, historiadora del arte, cuenta también la azarosa existencia del archivo de la Oficina de Propaganda Exterior de la CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo-Federación Anarquista Ibérica), encargada de contar el intento revolucionario español en otros países. Las llamadas “cajas de Ámsterdam”, 1710 kilos, entre cuya documentación había 2.300 copias fotográficas, 5.000 negativos y 270 placas de vidrio, fueron sacadas clandestinamente de España al final de la guerra, en enero de 1939, en un camión entre mujeres y niños. Finalmente, acabaron en la capital de los Países Bajos, donde hoy permanecen en el IISH y su material está digitalizado.. Para su obra, Rubio ha investigado en varios archivos y trabajado de forma exhaustiva para identificar qué fotos de las cajas correspondían a Margarethe Gross y cuáles a Katalin Deutsch (sus verdaderos nombres). Así como los datos de las imágenes, por ejemplo, dónde fueron tomadas. Su estudio subraya el compromiso político de las dos fotógrafas con el movimiento libertario y cómo captaron especialmente la incipiente revolución social en las zonas anarquistas.. Michaelis tuvo claro desde muy joven que quería dedicarse a la fotografía. Con 16 años se trasladó a Viena para aprender este oficio y después abrió su propio estudio en Berlín, donde, con el que sería su marido, Rudolf Michaelis, frecuentó los ambientes anarquistas. Encarcelada ella en una redada de la Gestapo, él estuvo en prisión cinco meses. Así que la pareja decidió marcharse de Alemania. Llegó a Barcelona a finales de 1934. Michaelis, que instaló allí su estudio, se desplazó durante la guerra por la retaguardia en Valencia y Aragón.. Milicianos de la División Ascaso jugando a las cartas, en Banastás (Huesca), 1937.KATI HORNA. Su fotografía documental, dice Rubio, muestra una clara influencia de la de vanguardia, “visible en los ángulos y las perspectivas inusuales y sorprendentes de sus imágenes”. En sus “entusiastas” fotos vemos a hombres, mujeres y niños en las Ramblas barcelonesas; o a la Columna Los Aguiluchos, preparándose para tomar un tren que les llevara al frente de Aragón. Sus fotos de la colectivización de medios de producción y de transportes ilustraron varias publicaciones en la guerra. Parece que Michaelis abandonó Barcelona en febrero de 1937, influida por la ruptura con su marido y por las luchas intestinas republicanas. Tras pasar por varios países, acabó en Australia hasta el fin de sus días.. Precisamente, quien tomó su relevo en la Oficina de Propaganda anarquista en Barcelona fue Horna, de la que Rubio ha hallado estos años un número de negativos que supera los 500. Gracias a su primer matrimonio con el anarquista Pál Partos, conoció a intelectuales de izquierdas en Berlín, entre ellos, un joven Bertolt Brecht. La llegada de Hitler obligó al matrimonio a una peregrinación por distintas ciudades europeas. Al final, la pareja fue invitada gracias a sus amistades a Barcelona, donde llegaron en enero del 37.. Columna Los Aguiluchos en el cuartel del Bruch, Barcelona, 1936.MARGARET MICHAELIS. Como Michaelis, se desplazó por varias comarcas aragonesas para documentar las zonas controladas por las milicias en un momento de guerra en punto muerto. De vuelta a Barcelona, realizó uno de sus reportajes más conocidos. Enviada por la CNT, fotografió a los presos de la cárcel Modelo, en un ejemplo de propaganda para acabar con los rumores de las condiciones en que vivían los reos del bando sublevado, a los que mostró plácidamente en la biblioteca o en la barbería.. Su último trabajo publicado en España fue el álbum de contrapropaganda titulado, ¿ESPAÑA?, que buscaba contrarrestar la campaña franquista y conseguir fondos en el extranjero. En diciembre de 1937 fue enviada por primera y única vez al frente de guerra, en Teruel, donde vivió la ofensiva franquista sobre la ciudad. Horna quedó atrapada, con los morteros cayendo a su alrededor, entre heridos agonizantes y muertos. Sin comida ni bebida y con temperaturas bajo cero, logró subir a un camión militar y regresar a Valencia.. Miliciano bebiendo de un porrón en el frente de Aragón, 1936.Gerda Taro / Robert Capa. En las postrimerías de la guerra empezó su relación con un anarquista jienense, José Horna, pintor. Antes de abandonar ambos España, quedaba una última aventura. Él fue detenido y enviado a un campo de concentración. Ella lo liberó después de alojarse en un hotel frente al recinto y disfrazarse con unas ropas de mujer burguesa que le habían dejado. Acabaron en el exilio en México, donde Kati trabajó como profesora de fotografía y viró en su obra al surrealismo gracias a su relación con las pintoras Leonora Carrington y Remedios Varo.. Por último, entre el material de las cajas, Rubio encontró tres sorpresas: una fotografía desconocida, la de un miliciano bebiendo de un porrón en el frente de Aragón, cuya autoría atribuye o al mítico Robert Capa o a su pareja de entonces y fallecida poco después, la también fotógrafa Gerda Taro. Es sabido que, en ocasiones, entre ellos dos, el autor de la foto no correspondía con quien la firmaba. Y también inéditas, dos de un miliciano, una de ellas con un niño, que corresponden a otro de los fundadores de la agencia Magnum, David Seymour. “La identificación de estas fotografías y su publicación en la prensa anarquista”, apunta Rubio, “es un hallazgo trascendente que invita a repensar la circulación de las obras de los tres grandes reporteros durante la Guerra Civil”.. Almudena Rubio. Diputación de Huesca, 2026. 312 páginas. 35 euros. Búsquelo en su librería
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