Cada tanto, Jorge Quiroz Castro (Valparaíso, 62 años), ministro de Hacienda de José Antonio Kast y artífice de la megarreforma económica y tributaria del Gobierno, aprobada en el Congreso el 4 de agosto con la resistencia de la izquierda, abandona por un instante las cifras para deslizar alguna cita literaria. El integrante más influyente del Gabinete —a quien más de una vez le han preguntado si acaso tiene corazón— puede pasar, casi sin transición, de hablar de Joseph Schumpeter y, cómo no, Adam Smith a Borges, Ortega y Gasset, Huidobro, Parra, Barnes o Flaubert. No es casualidad: además de economista, Quiroz es lector y escritor. En 2015 publicó Cuentos pendientes (Ceibo), un libro de 15 relatos cuyos personajes —unas veces con drama, otras con humor negro— recorren distintos episodios de la historia política, económica y social de Chile de los últimos 60 años y en los que la realidad se mezcla varias veces con la ficción.. Seguir leyendo
El economista habla con EL PAÍS de su faceta de escritor y de cómo los libros sobre capitalismo que leyó en su adolescencia moldearon su pensamiento, en contraste con las ideas de izquierdas de sus padres. “¿Cómo es que salí de derecha? Esa era la inquietud de mi psicoanalista”, confiesa
Cada tanto, Jorge Quiroz Castro (Valparaíso, 62 años), ministro de Hacienda de José Antonio Kast y artífice de la megarreforma económica y tributaria del Gobierno, aprobada en el Congreso el 4 de agosto con la resistencia de la izquierda, abandona por un instante las cifras para deslizar alguna cita literaria. El integrante más influyente del Gabinete —a quien más de una vez le han preguntado si acaso tiene corazón— puede pasar, casi sin transición, de hablar de Joseph Schumpeter y, cómo no, Adam Smith a Borges, Ortega y Gasset, Huidobro, Parra, Barnes o Flaubert. No es casualidad: además de economista, Quiroz es lector y escritor. En 2015 publicó Cuentos pendientes (Ceibo), un libro de 15 relatos cuyos personajes —unas veces con drama, otras con humor negro— recorren distintos episodios de la historia política, económica y social de Chile de los últimos 60 años y en los que la realidad se mezcla varias veces con la ficción.. Es el caso, por ejemplo, de Dry Martini en el Ritz, un relato protagonizado por Isabel Margarita y Antonio, un matrimonio de Vitacura, un municipio acomodado al oriente de Santiago que vive austeramente —muchas veces, con disimuladas apreturas— mientras sueña con conocer Europa, especialmente, París. Ambos “votaron disciplinadamente que Sí” a la continuidad en el poder del dictador Augusto Pinochet (1973-1990), en el referéndum de 1988, y sintieron mucho miedo al ver que ganó la opción No. Pero, según el narrador, al final “las cosas fueron bastante mejor de cómo las esperaban”. Quiroz, el autor, también estuvo en contra de Pinochet. “En el plebiscito de 1980 voté No. Y para 1988 estaba por el No, pero no pude votar porque estaba en Estados Unidos”, dice a EL PAÍS.. Quiroz es parte del Gobierno más a la derecha que haya tenido Chile, al menos desde el retorno a la democracia en 1990. Su padre y su madre, sin embargo, eran izquierda, ambos profesores que fueron exonerados de sus puestos por la dictadura de Pinochet: el lingüista Óscar Quiroz, exrector de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, y Elisa Castro, que enseñaba literatura norteamericana y a quien le dedicó Cuentos Pendientes. “¿Cómo es que salí de derecha? Esa era la inquietud de mi psicoanalista, porque me lo preguntaba mucho”, dice Quiroz con una leve sonrisa. “Discutí muchos años de política con mi padre, pero ellos me criaron libre”, agrega.. Sus padres le inculcaron la inquietud por los libros. Y es esa faceta la que el ingeniero comercial de la Universidad de Chile y doctor en Economía por la Universidad de Duke, ha dejado entrever en estos cinco meses en el cargo. En julio pasado, por ejemplo, mientras la megarreforma atravesaba sus semanas decisivas de negociación en el Congreso y crecía su fama de ser uno de los más duros del Gabinete —ha liderado los controvertidos recortes fiscales—, en un giro inesperado, dijo: “Se ha dicho mucho que tengo el corazón áspero. Voy a citar a un escritor: corazón áspero, pero blando”. Quiroz parafraseaba así a Julian Barnes, y un pasaje de El loro Flaubert: “Hay personas que tienen el corazón blando y el alma dura. Yo, por el contrario, tengo el alma blanda y el corazón áspero”.. Meses antes, en marzo, durante una exposición ante la comisión de Hacienda del Senado, había echado mano a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”, dijo. Por esa fecha arrancaba la tramitación de la megarreforma —cuya parte tributaria sus críticos cuestionan por considerar que favorece a los más ricos— y Quiroz encabezaba, además, una de las medidas más controvertidas de la Administración de Kast: el alza del precio de los combustibles para trasladar a los consumidores el costo derivado de la guerra en Irán.. Quiroz recibe a EL PAÍS en su amplia oficina, en el piso 12 del edificio de las finanzas públicas, ubicado a metros de La Moneda, en una semana marcada por la decisión del Tribunal Constitucional de acoger parcialmente los requerimientos que la oposición presentó sobre la megerreforma, aunque no cambió sus aspectos de fondo. Durante la entrevista, el ministro de Hacienda mantendrá una coraza, pero a ratos bajará la guardia para hablar de sus momentos como lector, de los libros sobre capitalismo que contribuyeron a moldear su pensamiento—en contraste con las ideas de sus padres— y de su propia escritura.. La escritura como salvación. Hasta que conoció a Kast, Quiroz se dedicó a dar clases y a la actividad privada en su consultora Quiroz & Asociados, como asesor de empresas de diversos rubros, algunas de ellas involucradas en colusiones. También escribió en el Diario Financiero y El Mercurio, donde en 70 columnas entrenó su pluma política y económica. Fue el estallido social de 2019 el que lo empujó hacia las políticas públicas.. Pregunta. En febrero, contó en Radio Pauta que Cuentos Pendientes lo escribió en un momento complejo de su vida. ¿Se puede saber cuál?. Respuesta. No.. P. ¿Es muy personal?. R. Sí.. P. ¿Y de qué manera ese momento complejo, que no quiere contar, le ayudó a ponerse a escribir?. R. Hay periodos en la vida en que tú tienes una especie de crisis existencial, de no saber un poco a dónde uno va o qué quiere hacer. Hay una frase de Nicanor Parra, con la que me identifiqué después, de cuando lo abandona una mujer y escribe el poema El hombre imaginario, que vive en una casa [mansión] imaginaria… En el fondo, dice que era eso o la pistola encima para pegarse un tiro, o sea, la escritura como salvación. Yo no tenía una pistola, no soy tan extremo, pero sí me doy cuenta ahora que yo volvía del trabajo, me sentaba y escribía como si me estuvieran dictando. Y las siguientes dos semanas, pulía.. Jorge Quiroz en su despacho, el 13 de agosto.Cristóbal Venegas. P. No es terrible tener una crisis existencial. La suya terminó en un libro.. R. Una vez Cristian Warnken [de Radio Pauta] me preguntó en una entrevista: ‘¿Por qué escribes?’ Yo le inventé una respuesta medio estándar, pero la verdadera respuesta es que no sé por qué escribo.. P. ¿Escribía metódicamente en ese periodo?. R. No hay nada metódico. En la crítica que hizo José Promis [en El Mercurio, sobre Cuentos Pendientes], dijo que no creía que esta haya sido la primera vez que yo escribía. Lo que hay es que yo estaba con mucha vida interior, a veces un poco aislado de mí mismo. Entraba a mi escritorio, me venía una ráfaga y me ponía a escribir de una sentada. Hay cuentos que empezaba y no sabía cómo iban a terminar, como en Cita con la niebla.. P.¿Qué le provoca la escritura versus los números?. R. Las dos cosas me fascinan. La matemática es una tremenda experiencia en mi vida, porque estudié, además, un doctorado. Hubo una época en que mi señora se reía, porque nos íbamos de vacaciones a la playa, después de haber trabajado todo un año, y yo tomaba un libro de matemáticas, lo leía bajo el sol durante tres días y con eso estaba listo. Así podía volver al trabajo con toda la energía. Ya no lo hago, porque ahora estoy viejo, pero era un deporte juvenil.. P. Hay otro libro, La riqueza de las naciones, de Adam Smith, que usted ha dicho que cada vez que lo abre, en la página que sea, siempre le hace sentido.. R. Sí. Y ese libro me lo he llevado a las partes más increíbles.. P.¿Por ejemplo?. R. A distintas partes. Yo soy reservado. Déjelo ahí no más. Es un libro fabuloso.. P.¿Qué tiene de malo contar dónde ha llevado La riqueza de las naciones?. R. Una de las cosas choras [fascinantes]de la literatura es que a través de ella uno puede contar muchas cosas. Pero soy extremadamente reservado y celoso de mi vida personal.. Un ejemplar de un libro de cuentos escritos por Jorge Quiroz.Cristóbal Venegas (© Cristóbal Venegas). Un libro neomarxista. Jorge Quiroz pasó gran parte de su infancia en una típica casona porteña en el cerro Barón, en Valparaíso, y cursó los primeros años en el Colegio Alemán de Valparaíso. Después sus padres se mudaron a la Villa Magisterio, un conjunto de viviendas para profesores en Villa Alemana. Quiroz, el segundo de tres hermanos —la mayor es profesora de música y el menor, arquitecto— entró a un colegio experimental en Quilpué, que dependía de la Universidad Federico Santa María, y allí su profesor de Castellano, Arturo Gallegos, se saltó el programa y puso a sus alumnos a leer literatura chilena. “Leí a Vicente Pérez Rosales, Luis Orrego Luco, Joaquín Edwards Bello, Manuel Rojas”, recuerda el ministro.. Los libros abundaban en la biblioteca de los Quiroz Castro, en sus casas en Valparaíso, Villa Alemana y Viña del Mar. La mayoría eran de literatura y lingüística, pero al menos dos escapaban a la regla, y son los que llamaron la atención de Quiroz. Uno fue Capitalismo, socialismo y democracia, de Schumpeter, que Quiroz se llevó de la casa familiar cuando se fue estudiar a Santiago a la Universidad de Chile. “El otro era de economía política, de Maurice Dobb, un economista neomarxista inglés. Lo empecé a leer y lo encontré muy fome [aburrido] y enredado. Incluso, pensé que la economía se trataba de eso”.. P. ¿Y por qué era tan fome?. R. Porque los libros de economía con tinte neomarxista son medios ilegibles. Ininteligibles, la verdad. Y está bien que lo sean, porque yo creo que es una teoría ininteligible. Pero también estaba en la casa Capitalismo, socialismo y democracia, que no era marxista, sino más bien la base de la filosofía capitalista. Ese libro me fascinó.. P. ¿Qué significó ese libro para usted?. R. Ese libro me ha marcado. Es bien fascinante de que Schumpeter, escribiendo en 1942, cuando no se daba por sentado que el capitalismo tuviera futuro, él hace cálculos y de modo muy autocensurado, dice que el capitalismo tiene un futuro enorme. Y es la época en que se pensaba que el socialismo tenía más futuro. Schumpeter, además, tiene una visión de la dinámica económica que se contrapone a Adam Smith. No es que se nieguen, pero Schumpeter destaca el concepto de creación destructiva, en la que cada vez que alguien inventa algo, destruye algo que había. Y ese es un elemento clave de la dinámica capitalista que hace crecer el mundo.. P. Cuando lo nombraron ministro, usted dijo, antes de asumir, que el Gobierno de Kast iba a ser totalmente ‘schumpeteriano’.. R. Cuando decimos schumpeteriano, lo que estamos diciendo es que tenemos que recuperar la máxima libertad de emprendimiento y de invento. Y, por lo tanto, generar el máximo de entorno que permita crear libre iniciativa. Chile está demasiado cubierto por regulaciones y reglas, que terminan matando las iniciativas. Por eso es un Gobierno schumpeteriano, porque vamos a tratar de remover mucha de esa maraña de regulaciones y, además, al bajar los impuestos, mejorar los retornos para que haya empuje empresarial. Hay personas que ponen todo el énfasis en la competencia perfecta, que es una visión más estática. Pero la visión schumpeteriana es más aventurera.. Jorge Quiroz en el ministerio de Hacienda, en Santiago Chile, el 13 de agosto.Cristóbal Venegas. “Yo tenía los dos mundos”. P. Si sus padres eran de izquierda, ¿Qué lo influyó para tomar un camino distinto?. R. El fenómeno de la Unidad Popular fue muy traumático para toda mi generación. Pero también lo fue para mi familia, porque a los que yo llamaba tíos, que eran los amigos de mis papás, la mitad se fueron exiliados. Y mi padrino, Leopoldo Sáez, que es lingüista, tiene 88 años, lo adoro y es quien me animó a escribir este libro [Cuentos pendientes], también fue una persona que tuvo que salir de Chile.. P. ¿Y a usted qué le pasó con todo eso?. R. Es bien especial, porque la mayoría de la gente que viene de familias así, automáticamente es izquierdista, porque ven el mundo muy simple y no tienen cómo ser derecha. Pero yo tenía los dos mundos. En parte, porque estudié en el Colegio Alemán y casi todos mis compañeros eran de derecha. Pero la pregunta que más me hacía, desde niño, era por qué quedó ese descalabro económico en la Unidad Popular: las colas, la inflación, y qué se yo. La otra respuesta era infantil: estaban los buenos, los malos, los militares y lo que hicieron. Sin justificar el golpe de Estado, en ningún caso, empecé a cuestionar eso en forma recurrente y sentí que tenía que saber economía.. P. Y en su casa estaban los libros disponibles para eso.. R. ¿Como el de Maurice Doot, que era imposible de terminar? Ahí me compré Curso de Economía Moderna, de Samuelson. Me puse a leer y de repente empecé a caer en la cuenta de que todas las ideas del socialismo estaban malas.. Jorge Quiroz, ministro de Hacienda.Cristóbal Venegas. P. ¿A qué edad fue eso?. R. Muy temprano, a los 15 años. Y el libro de Samuelson me lo compré yo, porque ganaba plata desde los 11 años. Tenía mis propios negocios. Como había inflación, saqué la plata de mi cuenta de ahorro del Banco del Estado, porque sabía que, si me la quedaba en el bolsillo, iba a desaparecer. Iba a comprar en tren lápices y cuadernos desde Villa Alemana, donde vivía, en un sector alejado, cerca de un bosque, hasta Valparaíso. Puse un cartel [en la casa de la Villa Magisterio] que decía: “Se venden artículos de librería”. La gente compraba para no tener que salir de la villa. Como les pagaban los días 15, y yo lo sabía, pasaba a cobrarles en las noches y les ponía un recargo por la inflación, y porque después tenía que reponer el inventario. Anotaba las cuentas en un cuaderno.. P. ¿A los 11 años sabía que había inflación?. R. Es que era un poco Manolito, el personaje de la Mafalda. Incluso, para sacar las cuentas del Gobierno, sigo siendo Manolito.. P. ¿Qué efecto le provocaron los libros de economía que leyó?. R. Me di cuenta rápidamente de que la izquierda estaba profundamente equivocada. Mi papás eran personas educadas, cultas, serias y no eran demagógicas. Y yo, con los años, también me di cuenta que cuando un país es tomado por la demagogia, se generan problemas que pueden tener dramas humanos gigantes, porque el golpe de Estado fue una tragedia nacional, y una tragedia que nace de la demagogia. Por eso, para mí la demagogia es uno de los ángeles malos de la sociedad moderna. Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?/¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa / Con la espada en la mano? Es precioso ese verso de Vicente Huidobro, y yo lo entiendo así: una angustia, como un fenómeno que ocurre ¿por qué perdiste tu primera serenidad? Uno podría hablar del golpe.. Un final de Borges. Por la familia en que nació y al Gobierno al que llegó, la historia de Quiroz bien podría ser uno de sus relatos que acaban con un final impredecible, como el que cierra Dry Martini en el Ritz. “El cuento canónico que siempre tengo en mente es El hombre de la esquina rosada, de Borges, en el que en la última frase sabes lo que está pasando”, dice.. De sus relatos, el ministro dice que en todos “hay una estética conservadora” y que “es canónica” pues es “contrario a los cuentos experimentales”.. P. ¿Y eso refleja también a Jorge Quiroz?. R. Sí. Yo tengo una dimensión conservadora, que mezclo con el tema liberal económico. Pero la dimensión conservadora no es de pacatería.. P. ¿Y cómo es?. R. De que uno, cuando va a cambiar ciertas cosas, sobre todo en el ordenamiento social, dice por algo está esta costumbre, hace tanto tiempo. Entonces, hay como un respeto por el legado que te viene, y eso tiene que ver también con la estética, de tener cierta cautela con las cosas experimentales.. P. ¿Qué libro leyó mientras tramitó la megarreforma?. R. Un libro de cuentos de Ferdinand von Schirach, Der stille Freund, que me permitió distraerme. Me lo regaló mi amigo Klaus Schmidt-Hebbel, que es un gran lector. Me gusta mucho leer en alemán porque me obliga a concentrame, pues es un pelito menos fluido que el inglés. Este libro es distinto a otros de Von Schirach, porque son cuentos que terminan un poco a lo William Trevor, con una sensación. Algún día voy a escribir algo así.. P. ¿Qué quiso transmitir cuando dijo que su corazón era áspero, pero blando?. R. Obviamente que uno tiene que comunicar ciertos números y entonces se ve como duro. Pero si usted lee mis cuentos, verá que tengo el corazón blando por dentro, y que le tengo cariño a mis personajes. Soy muy empático con el sufrimiento humano.. P. ¿En qué se traduce esa empatía?. R. La expreso cuando estoy en relación cercana. Y cuando tengo mayor cercanía se nota que no soy el personaje hiper frío que a veces han dicho.. P. ¿Hay alguien en el Gabinete con el que pueda hablar de libros?. R. No me he encontrado aún; pero seguramente debe haber. Hay parlamentarios con los que he hablado muy cortito. A Luciano Cruz-Coke [senador de Evópoli] lo vi el otro día con Anatomía de un instante, de Javier Cercas, que es un gran autor. Me encanta Cercas. Corrí a comprar el libro, pero no lo encontré.. P. ¿Y con el presidente Kast?. R. No hemos hablado mucho de libros.. P. ¿Qué libro le regalaría a la oposición?. R. Capitalismo, socialismo y democracia, de Schumpeter. Bastaría con que leyeran un capítulo: el de la creación destructiva.
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