No es autoayuda. A veces ocurre que un obstáculo abre un sendero agreste, un camino diferente. Es el caso de Violet Dickinson (1865-1948), amiga y mentora literaria de Virginia Woolf (1882-1941) en sus primeros años de adolescencia y juventud, cuando aún se llamaba Virginia Stephen. Dickinson era una mujer perteneciente a la rica aristocracia terrateniente de Somerset, de esas que no tienen ninguna necesidad de trabajar. También era una niña que aborrecía las muñecas y las conversaciones de cortesía, a la que su madre definía como “muy gorda y alegre”. Como todas las de su casta, desde su nacimiento la estuvieron preparando para su presentación en sociedad, un acontecimiento clave en la vida de una chica de su clase. Pero con 17 años medía casi 1,90 metros de estatura, un rasgo extraordinario entonces, una rareza que le impidió ser aceptada en el mercadeo matrimonial victoriano.. Seguir leyendo
No es autoayuda. A veces ocurre que un obstáculo abre un sendero agreste, un camino diferente. Es el caso de Violet Dickinson (1865-1948), amiga y mentora literaria de Virginia Woolf (1882-1941) en sus primeros años de adolescencia y juventud, cuando aún se llamaba Virginia Stephen. Dickinson era una mujer perteneciente a la rica aristocracia terrateniente de Somerset, de esas que no tienen ninguna necesidad de trabajar. También era una niña que aborrecía las muñecas y las conversaciones de cortesía, a la que su madre definía como “muy gorda y alegre”. Como todas las de su casta, desde su nacimiento la estuvieron preparando para su presentación en sociedad, un acontecimiento clave en la vida de una chica de su clase. Pero con 17 años medía casi 1,90 metros de estatura, un rasgo extraordinario entonces, una rareza que le impidió ser aceptada en el mercadeo matrimonial victoriano. Seguir leyendo
No es autoayuda. A veces ocurre que un obstáculo abre un sendero agreste, un camino diferente. Es el caso de Violet Dickinson (1865-1948), amiga y mentora literaria de Virginia Woolf (1882-1941) en sus primeros años de adolescencia y juventud, cuando aún se llamaba Virginia Stephen. Dickinson era una mujer perteneciente a la rica aristocracia terrateniente de Somerset, de esas que no tienen ninguna necesidad de trabajar. También era una niña que aborrecía las muñecas y las conversaciones de cortesía, a la que su madre definía como “muy gorda y alegre”. Como todas las de su casta, desde su nacimiento la estuvieron preparando para su presentación en sociedad, un acontecimiento clave en la vida de una chica de su clase. Pero con 17 años medía casi 1,90 metros de estatura, un rasgo extraordinario entonces, una rareza que le impidió ser aceptada en el mercadeo matrimonial victoriano.. Seguir leyendo
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