Manuel Álvarez Junco (Zamora, 78 años), profesor titular en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y artista gráfico, recuerda que durante mucho tiempo evitó regalar calaveras traídas de México porque a sus amistades en España “les sentaba mal y hasta se ofendían”. La anécdota refleja dos formas de relacionarse con la muerte: mientras que en España, y gran parte de Europa, suele asociarse al duelo y a la solemnidad, en México, el Día de Muertos la incorpora a una celebración familiar, con ofrendas, flores, tumbas adornadas, comida y música.. Seguir leyendo
Manuel Álvarez Junco (Zamora, 78 años), profesor titular en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y artista gráfico, recuerda que durante mucho tiempo evitó regalar calaveras traídas de México porque a sus amistades en España “les sentaba mal y hasta se ofendían”. La anécdota refleja dos formas de relacionarse con la muerte: mientras que en España, y gran parte de Europa, suele asociarse al duelo y a la solemnidad, en México, el Día de Muertos la incorpora a una celebración familiar, con ofrendas, flores, tumbas adornadas, comida y música. Seguir leyendo
Manuel Álvarez Junco (Zamora, 78 años), profesor titular en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y artista gráfico, recuerda que durante mucho tiempo evitó regalar calaveras traídas de México porque a sus amistades en España “les sentaba mal y hasta se ofendían”. La anécdota refleja dos formas de relacionarse con la muerte: mientras que en España, y gran parte de Europa, suele asociarse al duelo y a la solemnidad, en México, el Día de Muertos la incorpora a una celebración familiar, con ofrendas, flores, tumbas adornadas, comida y música.. De ese choque cultural nace su nuevo ensayo, Una calavera del montón. Humor y muerte (Machado Libros), una profunda investigación antropológica y visual que busca entender por qué el ser humano decidió responder al miedo a la muerte con la broma y el sarcasmo. “Más que reírse de la muerte, es echarle una mano por el hombro. El humor tampoco es reírte de las cosas, sino simplemente hacerte cómplice con ellas”, explica Junco en entrevista con este periódico.. Mosaicos de los esqueletos con las inscripciones ‘Euphrosynos’ (Alegría) y ‘Gnothi sauton’ (Conócete a ti mismo). Antioquía (Turquía), siglo III.Cedido por Manuel Álvarez Junco. En su obra, el autor desmonta la idea simplificada de que la comedia macabra tenga orígenes exclusivamente prehispánicos o sea una simple obsesión indígena. Si bien tras la Reforma y la Contrarreforma la religión europea se volvió sombría y dogmática, en la Baja Edad Media el teatro popular ya celebraba las Danzas Macabras. Aquellos esqueletos sonrientes (inspirados en leyendas orientales como El encuentro de los tres vivos y los tres muertos) sacaban a bailar a papas, reyes, médicos y campesinos en bodas, atrios y carnavales. No pretendían solo aleccionar sobre la salvación, sino ofrecer al pueblo una herramienta de protesta para criticar al poder. A su vez, festejos como el Día de los Inocentes heredaron la inversión social de las Saturnales romanas, las fiestas más populares de la antigua Roma.. Los tres muertos del ‘Encuentro de los tres vivos y los tres muertos’, miniatura del ‘Salterio de Robert de Lisle’, hacia 1310.Cedida por Manuel Álvarez Junco. Cuando esas tradiciones llegaron a América durante la colonización, se encontraron con las distintas concepciones de la muerte de los pueblos mesoamericanos. Entre los mayas y los mexicas, los rituales funerarios y las representaciones de las divinidades del inframundo formaban parte de una relación con los difuntos que no se limitaba al duelo. La imposición del cristianismo transformó esas prácticas, que se mezclaron con las celebraciones católicas, las ofrendas y los dulces elaborados para estas fechas. En el siglo XVIII, la Verbena de Todos los Santos en la Ciudad de México se había convertido en una verdadera “danza macabra carnavalesca” de dos días, donde los difuntos salían a las calles a festejar entre flores de cempasúchil, dulces de alfeñique, copas de pulque y versos satíricos contra las figuras de autoridad conocidos como calaveritas literarias.. Grabados de José Guadalupe Posada. A la izquierda, ‘Calavera de las gatas y garbanceras’, y a la derecha, ‘Todos se mueven, todos trabajan. Calaveras de artesanos’, circa 1910.Cedida por Manuel Álvarez Junco. A finales del siglo XIX, las calaveras encontraron una nueva forma de llegar al público de la Ciudad de México gracias a las imprentas populares de Antonio Vanegas Arroyo (1852-1917), en donde trabajaban los grabadores José Guadalupe Posada (1852-1913) y Manuel Manilla (1844-1899). “Lo verdaderamente genial de Posada es que en su obra desaparece absolutamente la mística”, destaca Álvarez Junco. “No hay homenajes sagrados ni dogmas aztecas o cristianos; sus esqueletos van al mercado, leen el periódico, montan en bicicleta, toman aguardiente y bailan con las meseras en las pulquerías”.. El ejemplo por excelencia es la famosa Calavera Garbancera de 1913, concebida por Posada como una sátira del “quiero y no puedo” contra las mujeres de clase baja que vendían garbanzos, pero usaban sombreros y ropas elegantes para aparentar un estilo de vida europeo. A pesar de que Posada murió en la pobreza y casi en el anonimato en 1913, en 1947 el muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957) rescató la Calavera Garbancera del olvido, la vistió de gala y la bautizó como la Catrina para inmortalizarla en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, obra en la que se difuminan las fronteras entre la alta y la baja cultura.. Detalle de ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’ (1947), de Diego Rivera, con José Guadalupe Posada, Frida Kahlo, el propio Rivera de niño y La Catrina, en el mural del Museo Mural Diego Rivera, en Ciudad de México.Alamy/Cordon Press. Álvarez Junco ha dedicado otras publicaciones al humor, como El humor gráfico (2016) e Imágenes cómicas y festivas en la Grecia clásica (2023). En los últimos años, el Día de Muertos ha ganado proyección internacional a través del cine y la cultura popular, desde la película Coco, de Disney y Pixar, hasta el desfile de calaveras y catrines que abre Spectre (2015), de la saga de James Bond. En ese contexto, el investigador encuentra en la obra de Posada una mirada que va más allá del folclore: sus grabados retratan por igual a políticos, aristócratas, artesanos y mendigos, sin distinciones ante la muerte. “Posada nos desvela con su obra una realidad: somos todos calaveras vivas, y seremos solo calaveras del montón”.
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