Todo empieza con una pregunta: “¿Sabes de algún sitio donde pueda trabajar?”. No es fácil empezar en un país extranjero, en una ciudad extraña. Por eso, muchos migrantes usan el boca a boca para encontrar un primer puesto de trabajo para comenzar a subsistir. Uno de esos huecos que les deja el sistema es el de ser andarines. Así se denomina a los conocidos como “repartidores de última milla”, los que llevan los paquetes del almacén al consumidor final. Los que tocan el timbre y se marchan a toda prisa porque su bolsa sigue llena de objetos que entregar y sus piernas aún tienen muchos kilómetros por recorrer. Al final de mes, con suerte, les dan 600 euros. Una operación policial en Fuenlabrada (Madrid) retrata este tipo de explotación tras los paquetes.. Seguir leyendo
Una operación policial en Fuenlabrada refleja la oscura realidad, sin control ni derechos laborales, tras el reparto de paquetes en las ciudades
Todo empieza con una pregunta: “¿Sabes de algún sitio donde pueda trabajar?”. No es fácil empezar en un país extranjero, en una ciudad extraña. Por eso, muchos migrantes usan el boca a boca para encontrar un primer puesto de trabajo para comenzar a subsistir. Uno de esos huecos que les deja el sistema es el de ser andarines. Así se denomina a los conocidos como “repartidores de última milla”, los que llevan los paquetes del almacén al consumidor final. Los que tocan el timbre y se marchan a toda prisa porque su bolsa sigue llena de objetos que entregar y sus piernas aún tienen muchos kilómetros por recorrer. Al final de mes, con suerte, les dan 600 euros. Una operación policial en Fuenlabrada (Madrid) retrata este tipo de explotación tras los paquetes.. Todo comenzó con un montón de paquetes tirados en un solar del municipio madrileño de 190.000 habitantes. No es poca cosa para andar de un lado a otro con una cesta llena de cajas y sobres para entregar antes de que caiga el sol. Ese era el punto en el que los jefes de las cuadrillas dividían los productos que ese día tenía que entregar cada repartidor. Nunca menos de 50. Siempre a pie. Seis días a la semana. La policía comenzó a desentrañar desde ahí la estructura que permitía que una empresa con solo un trabajador y dos autónomos repartiera, en apariencia, más de 1.500 paquetes diarios. Bajo la lluvia, la nieve o un sol abrasador.. Andarines Madrid.. Los paquetes iban a parar a una empresa de logística de Torrejón de Ardoz (Madrid) y esta los entregaba a dos personas, titulares de una cuenta en Dropium, una app diseñada para compañías de reparto que organiza las rutas, monitoriza las entregas y diseña la organización de los bultos. A través de esta aplicación quedaban registradas las entregas y la empresa legal recibía dinero por cada envío completado. El problema es el porcentaje que se paga a cada andarín por bulto, que es mínimo. En este caso, era como mucho 70 céntimos por paquete. Todo ello sin ningún tipo de contrato ni protección social porque todos eran migrantes en situación irregular. Todo se mueve en un ambiente informal en el que es más fácil aprovecharse de la necesidad.. “Lo que es paradójico es que ellos saben que están siendo explotados, pero de alguna manera están agradecidos porque, dicen, ‘bueno, es que esto es mejor que nada”, resume el inspector de Extranjería de la Comisaría de Fuenlabrada. Esta explotación se ve en los mensajes que intercambiaba una de las mujeres repartidoras con su empleadora: “Lo que usted quiera pagarme, estaré agradecida”.. El comercio online es un sector en auge que deja beneficios millonarios, pero que tiene en su base una esclavitud a ojos de todos. Según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, las compras por internet en 2025 supusieron 114.800 millones de euros, casi un 21% más que el año anterior. Un 10% de las adquisiciones fueron prendas de vestir.. En la operación policial han sido detenidos dos hombres y una mujer. Uno de los varones es el administrador único de la empresa de logística, dominicano de 31 años, y los otros dos, venezolanos de 34 y 46 años, son los autónomos titulares de la cuenta de Dropium que canalizaba los envíos. También se ha investigado a otros individuos que trabajaban como captadores de nuevos repartidores, aunque finalmente no se les ha imputado ningún delito.. Andarines Madrid.. Cualquier sitio era un río perfecto en el que pescar nuevos andarines: desde las redes sociales hasta los centros evangélicos a los que acudían muchas de las víctimas. La investigación ha identificado, al menos, a 20 afectados, de los que han declarado ocho en comisaría. “Tenían que ir a toda velocidad. Todos definieron sus jornadas, de no menos de 12 horas, como extenuantes. Había incluso algún menor”, apuntan los investigadores de la comisaría de Fuenlabrada.. Los detenidos se aprovechaban de las grietas del sistema y de ese mirar hacia otro lado que convierte en invisibles a los andarines, aunque caminen por nuestras aceras. Según la app, una sola empresa sin trabajadores contratados podía repartir 1.500 bultos al día en Fuenlabrada. Algo imposible, pero que no hace saltar ninguna alarma porque no hay mecanismos de control.. Esta es una de las primeras operaciones que ataca directamente a los que se aprovechan del sistema para sacar el máximo beneficio a la última milla. El Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, un organismo público que estudia el impacto de las nuevas tecnologías en aspectos como la economía, la igualdad, los derechos y el empleo, cifra en 30 millones de españoles los que hacen uso del comercio online y asegura que el gasto medio asciende a 3.762 euros. Unas cifras abultadísimas en comparación con las migajas que la investigación ha acreditado que cobran algunos de estos andarines. “Estos repartidores tienen una economía de subsistencia en su casa. Hemos detectado que trabajaban para ellos matrimonios, que entre los dos sacaban un salario mínimo”, apunta un oficial que ha participado en la investigación.. Un estudio de la Fundación La Caixa desarrollado por investigadores de la Universidad Ramón Llull y Esade entrevistó a medio centenar de repartidores de comida, los conocidos como riders. El análisis concluyó que el sueldo máximo era de menos de 1.200 euros con jornadas de hasta 15 horas. La deducción principal de la investigación fue que tres cuartas partes de los encuestados presentaban una alta precariedad. “En términos de salud y de seguridad de los trabajadores, en todos los grupos los encuestados presentaban unos niveles de cansancio y de estrés similares (media general de cansancio: 4,06 sobre 5; media general de estrés: 2,53 sobre 5)”, se lee en el estudio.. Cuando las víctimas relataban sus jornadas maratonianas en comisaría, los agentes las tranquilizaban porque esta no era una operación contra ellos. Alguno de los afectados llevaba en esta situación más de dos años.. Algunos de los paquetes que dieron origen a la investigación policial.. Un grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza se preguntó si el consumidor estaría dispuesto a pagar más si sabe que la empresa de reparto ofrece mejores condiciones laborales. En ese caso se centraron específicamente en las entregas de comida a domicilio. Un amplio porcentaje de los encuestados contestó que no le importaría esperar un 30% más de tiempo, pero la cosa cambió cuando les preguntaron por el dinero. La mayoría optaba por las empresas clásicas con tal de no pagar hasta un 30% más y solo un 55% aceptaba pagar un 10% extra.. “Nuestra investigación revela que los clientes no solo son conscientes de las condiciones laborales injustas de los trabajadores de los servicios de reparto de comida, sino que también interiorizan estas preocupaciones en gran medida”, escriben los estudiosos. Del mismo modo en el que el movimiento del comercio justo se consolidó en España en los años noventa, la investigación apunta que “mejorar las prácticas laborales podría convertirse en una decisión estratégica para posicionar la marca como una empresa comprometida”. El sistema tiene sus grietas y el solar de Fuenlabrada refleja que los más vulnerables se cuelan entre ellas.
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