[Este relato, continuación de una primera entrega, está construido a partir de una entrevista hecha el miércoles al portavoz del Sindicato de Bomberos, Israel Naveso, al término de su guardia en el día crucial de la lucha contra el incendio de la Sierra Oeste de Madrid y en el punto más comprometido, el río Cofio. Es la séptima jornada de labores de extinción y, gracias al trabajo de cientos de efectivos, entre ellos Naveso, Interior puede darlo por “técnicamente estabilizado”. Acompañan al texto imágenes grabadas por este efectivo y sus compañeros que tienen un gran valor testimonial]. Seguir leyendo
El efectivo Israel Naveso cuenta su “inmensa satisfacción de ser partícipe” de la estabilización de los incendios de Madrid y Ávila
[Este relato, continuación de una primera entrega, está construido a partir de una entrevista hecha el miércoles al portavoz del Sindicato de Bomberos, Israel Naveso, al término de su guardia en el día crucial de la lucha contra el incendio de la Sierra Oeste de Madrid y en el punto más comprometido, el río Cofio. Es la séptima jornada de labores de extinción y, gracias al trabajo de cientos de efectivos, entre ellos Naveso, Interior puede darlo por “técnicamente estabilizado”. Acompañan al texto imágenes grabadas por este efectivo y sus compañeros que tienen un gran valor testimonial]. “Hoy es el día clave. Bajo ningún concepto podemos permitirnos el lujo de que el fuego se reavive, porque como lo haga, se quema la Sierra de Guadarrama”. Me llamo Israel Naveso, soy bombero y este es el mensaje que recibimos al entrar hoy [28 de julio] de guardia. Con esta presión, intentamos enfrentarnos a una guardia normal, pero nada es normal porque sabemos la responsabilidad que tenemos, la información que se nos ha trasladado y que todo depende de nosotros. No podemos fallar a una sociedad que confía en sus bomberos.. Ha sido una jornada muy jodida, muy ardua y de mucho cansancio tras acumular cuatro guardias 1/1 [un día de trabajo, un día de descanso], en la que hemos mezclado la vigilancia con el remate de puntos calientes. Quizá esta labor sea menos espectacular que enfrentarse al fuego cuando está fuerte, pero es más importante: el frente no puede pasar de aquí, sobre todo por las malas condiciones que se nos vienen encima con la nueva ola de calor. Lo más curioso es que en esta situación, con el fuego casi casi controlado, acabo viviendo una de las noches más peligrosas de mis 22 años de carrera.. La noche previa no podía más y, no me importa reconocerlo, me tomé media pastilla para dormir, algo que no suelo hacer, pero el nivel de tensión era insoportable. Me despierto a la hora de siempre, pero sin saber dónde estoy: si en el parque, en el incendio o en mi casa. Me sitúo y me voy a trabajar. Hoy lo vamos a parar, me repito camino a mi base, el parque de Villaviciosa de Odón (Madrid).. La guardia empieza torcida. Uno de nuestros vehículos se ha averiado y, como siempre, no hay reserva taller [ningún camión de sustitución], así que nos toca esperar a que otro parque nos traiga uno y tarda más de lo normal. El puesto de mando decide que vamos a ir cinco por la mañana y cinco por la tarde-noche, cuando en la anterior guardia fuimos el doble. Y me toca la china de quedarme, y eso, sabiendo que es el día D, es doblemente desesperante. Me subo por las paredes, pero son órdenes y se acatan.. Nos llaman al mediodía para las 22.00. Nos cambian la ubicación, del entorno de Fresnedillas de mi guardia anterior al punto de máximo riesgo, el río Cofio, en la carretera 539, justo por donde el fuego amenaza con superar Valdemaqueda y lanzarse hacia la Sierra de Guadarrama a través de El Escorial. El flanco derecho y el izquierdo están asegurados, pero el incendio aquí, en la cabeza, sí tiene riesgo de que se nos vaya de las manos. Cenamos rápido para relevar pronto a los compañeros, que estaban sin comer, los pobres. Hacemos el solape [relevo]: intercambias información, walkies y las linternas, ellos se van en nuestro furgón y nosotros nos quedamos con el camión.. Esta vez, somos todos veteranos, los más antiguos del parque. Nos reímos porque, entre los cinco, sumamos más de 250 años. “Aquí hay más ojos que dientes”, dice uno, mientras yo pienso en los jóvenes que se han quedado con las ganas de venir. El jefe de sector nos ubica en un pinar muy sensible, detrás de la ladera que mira al pantano de San Juan, a la presa y al club náutico. No hay frente de llamas, pero sí multitud de puntos calientes. Son pinos de 30 metros, con troncos que no abrazamos entre tres. El fuego no alcanzó las copas, que están intactas, pero está mellando los troncos.. El supervisor nos avisa: “Están cayendo, a mí se me ha vencido uno al lado del coche”. Y se te ponen las orejas de punta. Lo que dices en broma, “no nos hemos muerto delante del fuego y vamos a morir aquí porque se nos cae un árbol encima”, resulta que no es broma. Solo una rama, que puede pesar 400 kilos, en picado desde 15 metros, te deja seco. El mando da la orden de trabajar con lo mínimo: dos mangueras en vez de 10, un tendido corto, cerca del camión a modo de parapeto y controlando siempre el radio de caída. En una situación así hay que minimizar riesgos, no merece la pena perder la vida por rematar un punto caliente. Empezamos a apagar un pino gigante que ardía por la base. Está casi hueco, seguramente enfermo y encima castigado por el fuego. Cuidadito.. Lo extinguimos del lado contrario al que pensábamos que podía caer con una tensión incómoda. Y a los minutos, cede en un estruendo brutal, como si se cayera una montaña. Parte y cae hacia donde hemos previsto, pero es tan gigantesco que levanta una nube de humo y ceniza que nos alcanza. Tropezamos, caemos y nos damos cuenta de que nos la hemos jugado más allá de los límites. Somos expertos en llamas, pero calcular si un pino que lleva 20 horas ardiendo se va a caer y hacia dónde, es de ingeniero, de botánico, de leñador, te saca de lo que controlas y te mete en terreno pantanoso. Y esa inseguridad crece porque no hay visibilidad: cada siete u ocho metros hay un pino, vigilas los cuatro o cinco cercanos, pero el que está a 15 metros no sabes cómo está.. Se junta el cansancio con los nervios y damos voces más altas de lo normal porque casi nos mata. Hacemos una valoración de 360 grados: cuando los riesgos superan la capacidad de la dotación para anularlos, se lo trasladas al mando. Nos dicen que nos alejemos y que esperemos órdenes. En la hora larga de espera, oímos caer otros cinco árboles más y no sabemos ni dónde. Solo el estruendo, cerca, a ciegas.. El mando avisa al supervisor, que nos da la razón y nos manda a un punto seguro, en stand-by. Y, mientras esperamos, por la emisora empieza a llegar la buena noticia: situación controlada, fuego sin avanzar. En el día clave, la cosa no ha empeorado, está estabilizada y sentirnos partícipes de ese control, después de temer que esto podía arrasar media comunidad, mola muchísimo.. Sobre las 3.40, el oficial nos da la orden con un chascarrillo: “Id al parque antes de que me arrepienta”. No queremos, pero nos dan clave cinco, vuelta a casa. Cinco horas y media allí. Para nuestra moral, es un subidón coincidir a la vuelta con la desescalada, con muchas personas que están regresando a sus pueblos. Qué alegría un atasco en la 501, qué alegría la normalidad…. Al llegar al parque, todo Villaviciosa volvía de un incendio de pasto junto al río Guadarrama, así que coincidimos todos a la vez, y a las cuatro y pico de la madrugada, nos pusimos 15 o 17 personas a limpiar mangueras y reponer botellas. No hay camas para tantos, así que duermo un par de horas en los sofás del salón. Ya después del solape, como soy un poco psicótico, me voy al puesto de mando de Navalcarnero para insistir en el peligro de la caída de los árboles porque la gente, por pura curiosidad, se puede buscar la ruina. Si les pasara algo, no me lo perdonaría. Me encuentro al presidente del Gobierno y un follón tremendo, pero puedo trasladar el aviso a mi inspector. Llego a casa a las doce [del 29] y mis dos hijas salen corriendo a darme uno de esos abrazacos que te encogen el alma.. Creo que este va a ser un punto de inflexión, que lo que ha hecho Madrid de declarar el nivel 3 va a hacer que muchas comunidades sigan su ejemplo, porque ha sido una decisión acertada. Ha habido fallos de coordinación, siempre los hay, pero ha funcionado. Aunque no se miren ni a la cara por la tensión que hay entre las dos administraciones, eso no ocurre a nivel técnico, entre los técnicos hay total unión. Las administraciones deben dejarse de gilipolleces y servir al ciudadano, que para eso están. Y hay que poner en un pedestal a la gente que ha venido a ayudarnos, tenemos un país maravilloso.. Quedan todavía varias semanas de rematar y de refrescar hasta que el fuego esté 100% extinguido, pero lo hemos conseguido, hemos domado a la bestia. Y ha sido, como dice la canción de Sabina, en el tiempo de descuento, en el minuto 92, en el último momento antes de la debacle. Estoy seguro de que la superficie calcinada es mucho menor que la afectada, he visto muchos claros en los que se ha quemado el pasto, pero los árboles están intactos. Hemos perdido muchísimo, pero la gran victoria en medio de la tragedia ha sido la protección de la vida, que no haya muertos. Pero que nadie se relaje, tenemos aún mucho verano por delante.
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