Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid, tiene muy clara una cosa: el día que supo que su sucesor al frente del Gobierno, Ignacio González, había entrado en prisión provisional, se le cayó “una lágrima y todo”. Ocurre que su frase, pronunciada el jueves a las puertas del edificio en el que juzgan el caso Lezo, revela lo que no tiene tan claro Aguirre: en qué caso de corrupción acababa de declarar ella como testigo cuando se enteró de la noticia. “Era Gürtel, me parece”, dice dos veces. Su confusión es el reflejo de una época. La antigua baronesa (2003-2012) ha declarado a lo largo de los años en los juzgados que investigan las tramas de corrupción de la Gürtel, la Púnica, la Lezo o el Campus de la Justicia. Nunca ha sido condenada por nada. Pero tanto trasiego judicial nublaría la memoria de cualquiera.. Seguir leyendo
La declaración como testigo de la expresidenta en el ‘caso Lezo’ recuerda la época más oscura del PP de Madrid justo a la puerta de las generales y con las autonómicas y municipales de 2027 en el horizonte, pero la oposición se centra en polémicas actuales
Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid, tiene muy clara una cosa: el día que supo que su sucesor al frente del Gobierno, Ignacio González, había entrado en prisión provisional, se le cayó “una lágrima y todo”. Ocurre que su frase, pronunciada el jueves a las puertas del edificio en el que juzgan el caso Lezo, revela lo que no tiene tan claro Aguirre: en qué caso de corrupción acababa de declarar ella como testigo cuando se enteró de la noticia. “Era Gürtel, me parece”, dice dos veces. Su confusión es el reflejo de una época. La antigua baronesa (2003-2012) ha declarado a lo largo de los años en los juzgados que investigan las tramas de corrupción de la Gürtel, la Púnica, la Lezo o el Campus de la Justicia. Nunca ha sido condenada por nada. Pero tanto trasiego judicial nublaría la memoria de cualquiera.. La única lágrima de Aguirre, reconvertida en comentarista política, y aún con influencia en el PP de Madrid, retrotrae al partido a una época llena de claroscuros, marcada por el bum económico de la región, la corrupción y las enemistades internas. A la puerta de las elecciones generales del 29 de noviembre, y con las autonómicas y municipales de la primavera del 2027 ya en el horizonte, eso es tanto como airear los trapos sucios del pasado.. En el último decenio, el PP ha visto investigados a tres referentes: Alberto Ruiz-Gallardón, Cristina Cifuentes y Aguirre, que nunca han sido condenados. También han copado portadas las condenas a consejeros de la total confianza de la expresidenta, como Alberto López Viejo, Francisco Granados o Alfredo Prada. O las de hombres fuertes de la política regional que crecieron durante sus mandatos: el que fuera alcalde de Majadahonda, Guillermo Ortega, el exregidor de Pozuelo, Jesús Sepúlveda… Finalmente, han acabado manchados por la sombra de la corrupción algunos proyectos señeros, como el Campus de la Justicia, el tren de Móstoles a Navalcarnero…. Sin embargo, a nadie en el PP parece inquietarle eso desde hace tiempo. La actualidad lo acapara todo. El pasado, pasado está. Lejos quedan aquellos días de 2019 en los que Isabel Díaz Ayuso debutó como candidata andando con pies de plomo: “Quien tenga que pedir perdón por lo que ha hecho mal, que lo pida”, dijo.. La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, durante su intervención este jueves en el pleno de la Asamblea de Madrid. SERGIO PEREZ (EFE). Tras casi ocho años de gobierno, lo ocurrido bajo el mando de sus predecesores no parece tener apenas coste electoral en la política madrileña. La factura se pagó en los comicios de 2015 y 2019, cuando el PP necesitó a Ciudadanos para gobernar e incluso llegó a perder las elecciones frente al PSOE. Ahora los conservadores ven la Gürtel, la Púnica o la Lezo como casos amortizados que ya no pueden desgastarlos, pues llevan una década coleando. Para el PP son como un fantasma que ya no asusta a nadie.. De hecho, en 2023 el PP celebró una mayoría absoluta y este verano su Gobierno ha nombrado a todos sus expresidentes vocales de la Comisión Jurídica Asesora, trabajo por el que podrán cobrar más de 33.000 euros netos al año. Con dos salvedades señaladas: Ignacio González, desclasado por sus escándalos, y Ángel Garrido, por haberse marchado a Ciudadanos.. Hay indicios de que la oposición puede compartir ese análisis de que la corrupción pasada no pesa electoralmente en el presente. Ni la portavoz de Vox, ni la del PSOE, ni la de Más Madrid optaron por resaltar el juicio de Lezo ante Díaz Ayuso en el pleno de la Asamblea del jueves, pese a que la declaración de Aguirre era ese mismo día, casi en ese mismo momento.. Los partidos de la oposición prefieren volcarse en un presente cuajado de controversias. Por ejemplo, la del caso del ático comprado en Chamberí por el Gobierno de Ayuso a cambio de 6,3 millones de euros y que la Administración no ha logrado vender hasta ahora tras la polémica consecuente. La del choque institucional por la acampada de Sol por el derecho a la vivienda. La del encuentro de Díaz Ayuso con el presidente de Argentina, Javier Milei. O la de la huelga de la educación pública.. Eso no implica que la oposición haya renunciado a explotar el pasado del PP cuando se le pregunta directamente por ello. “El PP de Aguirre es el PP de Ayuso”, lanzan, por ejemplo, en el PSOE. Pero hacerlo proactivamente no está en su lista de prioridades.. Mientras tanto, el pasado de los gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid desfila por los juzgados, arrastrando consigo el peso de una factura millonaria a cargo de las arcas públicas. Una oportunidad para que Aguirre, seguramente aliviada por acudir como testigo (“como no he hecho nada ni irregular, ni por supuesto ilegal, pueden investigar lo que quieran”, llegó a decir en su día), le lance un capote a su antigua mano derecha: “Yo no le deniego la presunción de inocencia, se la sigo dando”, dice antes de recordar aquella lágrima que concentra una década de juicios que ya no parecen influir en la política madrileña.
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