El 14 de septiembre de 2024, tres meses antes de ser asesinada, Diana Marisol Vázquez Rojas, de 29 años, nacida en una remota región de Paraguay y sin residencia legal en en España desde que aterrizara en Madrid el 19 de Mayo de 2022, se armó de valor y se presentó en la comisaría de policía de Usera, justo a la vuelta de su casa. “Pido la orden de protección sabiendo que a él le conocen y le respetan porque siempre va armado, y no le tiembla la mano para hacer lo que sea. Temo por mi vida y por la de las personas que me quieran ayudar”, escribió de su puño y letra tras su denuncia.. Seguir leyendo
El juicio por el asesinato machista de una mujer en Usera (Madrid) omite que acumuló hasta siete denuncias contra su agresor
El 14 de septiembre de 2024, tres meses antes de ser asesinada, Diana Marisol Vázquez Rojas, de 29 años, nacida en una remota región de Paraguay y sin residencia legal en en España desde que aterrizara en Madrid el 19 de Mayo de 2022, se armó de valor y se presentó en la comisaría de policía de Usera, justo a la vuelta de su casa. “Pido la orden de protección sabiendo que a él le conocen y le respetan porque siempre va armado, y no le tiembla la mano para hacer lo que sea. Temo por mi vida y por la de las personas que me quieran ayudar”, escribió de su puño y letra tras su denuncia.. Diana tenía sobrados motivos para temer a quien primero fue un cliente del bar en el que trabajaba, después su casero, luego su agresor, posteriormente su violador habitual a punta de cuchillo y, finalmente, su asesino. Augusto Marcelino Amarante, de 62 años y origen dominicano, con antecedentes policiales por estafa y organización criminal, se sentó el pasado miércoles ante el tribunal y los nueve miembros del jurado popular que asistían al juicio en la Audiencia Provincial de Madrid en el que se le juzga por asesinato. Encorvado sobre sí mismo y con la cabeza gacha, hizo uso de su derecho a la última palabra: “Pido perdón a todos los que hay aquí y a la familia de esta persona. No pensé que nunca iba a llegar a esto. Yo he tenido otras relaciones con otras mujeres. Yo no soy lo que se está diciendo. Yo no tuve intención de quitarle la vida ni a ella ni a nadie”. Mentía.. “Esta persona”, como él se refirió a Diana en la sala, acumuló hasta siete denuncias contra él en un lapso de tiempo de tan solo cinco meses, desde julio a finales de diciembre de 2024. El penúltimo día de ese año Augusto le clavó en el cuello finalmente el cuchillo que tantas veces usó para amenazara y violarla. “Tranquila que esto es rápido”, le decía mientras le ponía el cuchillo en el cuello y la obligaba a acostarse y desnudarse en la cama de la habitación que le arrendaba, en en el número 1 de la calle Santoña, en el madrileño distrito de Usera.. La escena se repetía “una noche sí y otra no”, según recogen las denuncias de Diana. Acosada por su situación económica, sin tener adonde ir, soportaba las agresiones sexuales, “con penetración, eyaculación y sin protección”, tan aterrada como asqueada. Pero debía mandar dinero a su casa, a sus padres, que cuidaban de su hijo de ocho años, fruto de una relación anterior, al otro lado del Atlántico.. Diana Vázquez, ya en España en en marzo de 2023.. “Riesgo extremo”, valoró la policía finalmente en el mes de noviembre de 2024. Dos veces antes, dos jueces distintos le habían denegado la protección. Rechazaron protegerla la primera vez que Diana se atrevió a denunciar a Augusto. Fue el 22 de agosto, al mes de conocerla. Él se presentó armado con una enorme navaja en el Bar Cis-Neros, en la calle Marina Vega 59 del distrito de Usera, donde ella trabajaba. Las cámaras de seguridad registraron el momento en el que Augusto arremete a puñetazos y con la navaja al cliente que hablaba con Diana en la barra del bar, en una brutal agresión, que culminó golpeándola a ella y arrastrándola de los pelos por la calle. “No te voy a hacer nada, pero ya tu vas a ver, ya me conoces”, relata Diana a los policías de Usera en esa primera denuncia.. “Augusto es una persona que toma muchas pastillas y la obligaba y la presentaba siempre como su pareja. La declarante siempre le seguía el juego porque, en caso de no hacerlo, siempre al llegar a casa, como era su compañero de piso, se ponía muy alterado, llegando a amenazarla con el cuchillo”, recoge el agente policial de la UFAM en otra denuncia de 14 de septiembre de 2024. La noche anterior, una patrulla sorprendió a Diana huyendo de su agresor por la ventana del cuarto piso y encaramada a la cornisa del edificio. “En ningún momento ha tenido con él ningún tipo de relación, y menos una relación sentimental. Todas las relaciones sexuales han sido forzadas debido al miedo que le causaba”, escribe el policía y subraya que Diana quiere dejar constancia de que ha aguantado todo eso porque está pasando por una difícil situación económica y no tiene papeles. “La presencia del cuchillo es constante y a ella le da pánico”, remarca.. En otra ocasión, Augusto se presentó en la discoteca en la que estaba Diana con amigos y le arrancó el bolso con su dinero y las llaves, dejándola en la calle y quedándose con los 120 euros que llevaba. Lo rememora Diana en esa misma denuncia, al ser preguntada por la policía por otros episodios vividos con su agresor. Aquella noche, aunque había testigos, no le quiso denunciar, recoge el atestado policial. Pero al día siguiente, volvió a la comisaría y le denunció por violencia de género y agresión sexual.. El 15 de septiembre la magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 11 de Madrid, María del Carmen Asunción Laurel Cuadrado, resuelve: “No ha lugar a la adopción de orden de protección en favor de Diana Marisol Vázquez Rojas frente a Augusto Marcelino Amarante Amarante”. La jueza argumenta en un auto de un folio y medio que los hechos denunciados (agresiones sexuales y amenazas) no pueden ser probados por testigos y que, además, Augusto los niega. Como dando a entender que es la palabra de una contra la de otro, sin que pueda ser constatada la versión de Diana, a la que se le ha ofrecido ir a una casa de acogida y sin embargo ha optado por volver a vivir con su agresor. “Y a pesar de que el día 23 de agosto ⌊tras la agresión en el bar Cis-Neros⌋ la denunciante solicitó ya una orden de protección contra el mismo denunciado y el 8 de septiembre acudió a dependencias policiales, donde se le ofreció la posibilidad de acudir a una casa de acogida», escribe la juez.. “Diana no quería renunciar a su vida y a su independencia, entendía que quien tenía que irse de la casa era él (el agresor) y no ella (la víctima), fue muy valiente”, explica el abogado de la familia, el también paraguayo Stephan Jorgersen, a quien el presidente del tribunal acallaba esta pasada semana en el juicio cuando trataba de mostrar el historial de agresiones que precedía al acusado contra su defendida. “Limítese a los hechos juzgados”, le interrumpió el juez. De este modo, el juicio quedó circunscrito a lo ocurrido el día del asesinato, el 30 de diciembre, y se omitió todo lo demás.. La jueza que le denegó la protección a Diana por segunda vez, olvidó un importante matiz: Diana no volvía a vivir con su agresor, sino que éste le realquilaba una de las habitaciones que tenía en la casa que él gobernaba como inquilino principal. De igual modo que le realquilaba habitaciones a otros dos amigos suyos dominicanos, que en el juicio declararon que “las discusiones entre Diana y Augusto eran normales y constantes” y que no intervinieron el día del asesinato porque pensaron era “una bronca más de pareja”. Incluso sabiendo ambos que, para entonces, para ese fatídico 30 de diciembre, Diana sí había logrado ya —desde finales de noviembre de 2024 y tras su séptima denuncia— que un juez le impusiera una orden de alejamiento a su agresor. El día que asesinaron a Diana, todos en el piso sabían que Augusto no podía acercarse a Diana pero nadie le impidió entrar, hacer la cena, y esperarla allí, como hizo. Al fin y al cabo, él era el “dueño” de la vivienda.. Pero Diana no se arredraba. El 24 de noviembre, ya con la orden de alejamiento en vigor desde dos días antes, ella volvió a bajar a la comisaría para denunciarle por el quebrantamiento de la medida, ya que Augusto la estaba llamando compulsivamente a su teléfono.. El informe policial del caso que obra en la causa recoge que, “desde el mes de agosto de 2024, las intervenciones con Diana Marisol a consecuencia de su condición de víctima de violencia de género se han sucedido continuamente, registrándose denuncias en las que las agresiones físicas y sexuales conformaban la tónica general”.. El pasado miércoles, las acusaciones y la defensa alcanzaron en el juicio una conformidad tras la confesión de Augusto, y tras asumir todos que “los hechos juzgados” respondían penalmente a un asesinato con alevosía, ya que Diana no tuvo opciones de defenderse de su agresor, que le clavó el cuchillo que ella tanto temía en el cuello y en el pulmón, tras forcejear con ella en la misma cama donde tantas veces la violó y producirle numeroso cortes en otras partes de su cuerpo. En resumen: 20 años y un día de cárcel para el acusado.. “Diana ha perdido la vida, su hijo ha perdido a una madre, sus padres un una hija, sus amigos a una amiga… Hemos perdido todos porque algo ha fallado en la sociedad», concluyó el letrado Jorgersen, dispuesto a abrir la batalla contra el Estado: “Voy a reclamar que los 350.000 euros, que solicitamos en concepto de responsabilidad civil para la familia por la muerte de Diana, los abone la Administración española. No protegieron bien a Diana”.
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