Cuando estaba a punto de fracasar, puso a la capital francesa a sus pies. Ahora una exposición en el Grand Palais muestra su genio y la influencia del «padre del arte moderno» Leer
Cuando estaba a punto de fracasar, puso a la capital francesa a sus pies. Ahora una exposición en el Grand Palais muestra su genio y la influencia del «padre del arte moderno» Leer
Paul Cézanne (1839-1906) fue el más vilipendiado de los artistas que experimentaron con el impresionismo y que decidieron crear su propio Salón de los rechazados como vía de escape al arte oficial. Frustrado por la incomprensión de los críticos, arrastrando el estigma del artista fracasado, lanzó un último desafío con una frase que le hizo célebre en el ocaso de su vida: «¡Con una manzana asombraría a París!».. Y así fue finalmente. Sus manzanas, sus retratos, sus bañistas y sus paisajes marcaron el tránsito hacia el siglo XX. Más allá que un «post-impresionista», Cézanne está considerado hoy por hoy como el auténtico «padre de la pintura moderna», precursor de cubismo, del fauvismo y del arte abstracto.. Cézanne y nosotros da título a la exposición en el Grand Palais de París que rinde tributo al poderoso influjo de Cézanne en el arte del siglo XX, con 69 lienzos del artista Aix-en-Provence y un centenar de obras directamente inspiradas por él, con guiño incluido a esa otra frase que se atribuye a Picasso: «Cézanne es el padre de todos nosotros».. «El ‘nosotros’ se refiere a los artistas que fueron los primeros defensores de su obra cuando era casi un pintor maldito y que la redescubrieron hasta convertir a Cézanne en un mito con el paso del tiempo», advierte Claire Bernardi, comisaria de la gran exposición que ha sido posible gracias a la colaboración entre en el Centro Pompidou, el museo de Orsay y la Orangerie.. La muestra del Grand Palais recuerda el papel fundamental del marchante Pére Tanguy, que mostraba casi clandestinamente a los «entendidos» las obras de Cézanne en su tienda en París cuando el pintor había prácticamente renunciado a exponer sus cuadros, así como Ambroise Vollard, artífice de sus primeras exposiciones monográficas en la última década de su vida.. «Nuestra intención ha sido entablar un diálogo entre Cézanne y decenas de artistas que le han reinterpretado a su manera y que demuestran que su influencia sigue muy viva», recalca Jean-Rémi Touzet, también comisario de la exposición, que nos remite al encuentro en la primera sala entre El bañista (pintado en 1885 y cedido por el MOMA) y La postal del bañista de Cézanne en Keithstrasse de Wolfgang Tillmans, fechada en el 2021.. Obras de Gauguin, Signac, Picasso, Matisse, Mondrian, Giacometti, Morandi, Léger, Wesselmann, Warhol o Hockney se suceden a lo largo de un extenso recorrido por la producción del propio Cézanne, con parada obligada en Los jugadores de cartas (una de sus cinco versiones batió en el 2012 el récord de la obra de arte más cara jamás vendida por 250 millones de dólares).. «Para destacar la internacionalización de su influencia, hemos querido tender un puente entre su obra y todos los movimientos de vanguardia, del cubismo al expresionismo alemán, el futurismo, el fauvismo o el cubismo», añade Jean-Rémi Touzet, que destaca también el papel de Cézanne como precursor del «paisajismo abstracto», con obras como El jardín de Les Lauves o la imponente Montaña de Sainte-Victoire, reinterpretada por Zao Wou-Ki, el pintor francochino, en el 2005.. Las manzanas de Cézanne merecen una sala entera. A esto se refería cuando anticipó que iba a asombrar París con su propia versión de la fruta prohibida, nada que ver con la del clásico bodegón, sino más bien con la de un frutero experimental que jugara a disponerlas en precario equilibrio (sin saber que décadas después se convertirían en objetos codiciados del pop art).. Dos de los más celebrados autorretratos del autor dan la bienvenida al público en el ecuador de la exposición, junto a una foto a blanco y negro del pintor en sus últimos años, ante de uno de su lienzos más influyentes y celebrados, Las grandes bañistas. Su experimentación continua para ir más allá de la mera representación de la realidad -de la geometrización de las figuras a la visión binocular- le hizo a veces renegar de los resultados y dejar muchas obras inacabadas. Él mismo llegó a lamentar su fracaso a la hora de representar la figuras humana, aunque sus peculiares distorsiones crearon con el tiempo escuela, y el ahí tenemos para demostrarlo a los bañistas de Matisse (que consideraba a Cézanne como su «modelo espiritual»).. El tiempo ha sido al final el mejor aliado del «padre de la modernidad», presto a vindicarse a estas alturas de todos los que los que se mofaron de su arte, con el venerado museólogo Georges Henri Rivière como gran aliado en las paredes del Grand Palais: «Los que cuestionaron a ciertos pintores, acabarán arrepintiéndose de sus propias risas».
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