María está a punto de entrar en el quirófano. Tiene 51 años y hace pocos días le detectaron un cáncer de ovario en estadio III avanzado. Eso significa que el tumor se ha diseminado fuera del órgano, pero, en su caso, se puede extirpar. Sonríe. “He tenido suerte”, dice. El de ovario es un tumor que suele dar la cara con síntomas tan inespecíficos, que puede pasar desapercibido durante demasiado tiempo. Desde una cama a pocos metros de la sala de operaciones del Hospital Vall d’Hebron, cuenta que su primera sospecha llegó tras una caminata larga: “Sentí una sensación de peso en la zona pélvica y me llamó la atención. Estuve tres días con ese malestar, aunque tampoco eran molestias que no te dejaban vivir. Pero me dio por ir al médico”. Una ecografía reveló la enfermedad.. Seguir leyendo
Tres de cada cuatro tumores se detectan en fases avanzadas. El gran reto para mejorar su pronóstico es el diagnóstico precoz, pero no hay pruebas de cribado
María está a punto de entrar en el quirófano. Tiene 51 años y hace pocos días le detectaron un cáncer de ovario en estadio III avanzado. Eso significa que el tumor se ha diseminado fuera del órgano, pero, en su caso, se puede extirpar. Sonríe. “He tenido suerte”, dice. El de ovario es un tumor que suele dar la cara con síntomas tan inespecíficos, que puede pasar desapercibido durante demasiado tiempo. Desde una cama a pocos metros de la sala de operaciones del Hospital Vall d’Hebron, cuenta que su primera sospecha llegó tras una caminata larga: “Sentí una sensación de peso en la zona pélvica y me llamó la atención. Estuve tres días con ese malestar, aunque tampoco eran molestias que no te dejaban vivir. Pero me dio por ir al médico”. Una ecografía reveló la enfermedad.. En el quirófano, José Luis Sánchez Iglesias, ginecólogo oncólogo del hospital barcelonés, revisa el abdomen de María (nombre ficticio) en busca de lesiones tumorales. El cáncer de ovario tiende a crecer en la cavidad abdominal y una parte fundamental del tratamiento es la cirugía, que se encarga de localizar y extirpar todo resquicio tumoral, también fuera del órgano primario. A la vista, esos retazos de tumor asoman como unas minúsculas manchitas blancas. “Hay baja carga tumoral, pero ahí está la carcinomatosis [células malignas diseminadas por la pared del abdomen]”, señala Sánchez Iglesias. Y extirpa un puntito blanquecino ubicado por encima de la vejiga de la paciente. La operación durará cuatro horas y un análisis posterior confirmará que han logrado quitar todo el tumor visible. Es la mejor de las noticias para enfrentar la segunda fase del tratamiento: la quimioterapia.. No es extraño lo que le pasó a María. De hecho, tres de cada cuatro casos de cáncer de ovario se detectan cuando la enfermedad se ha extendido. “Este tumor es mi gran frustración”, admite Gemma Mancebo, jefa de Ginecología y Obstetricia del Hospital del Mar. “Crece en el abdomen, que es una cavidad muy amplia. Pero es que además puede crecer por un tiempo indeterminado sin dar síntomas evidentes. Cuando es muy pequeño, no interfiere con otros órganos y puede dar síntomas muy inespecíficos”. A veces, es sensación de hinchazón, saciedad precoz, molestias abdominales. Nada más concreto. “¿A quién no le ha pasado esto? El cáncer de ovario no es tan prevalente y si empiezas con estos síntomas, lo normal es que sea algo digestivo. Pero hay que estar preparados para pensar en el cáncer de ovario”, plantea Mancebo.. Antonio González, director del Departamento de Oncología Médica y del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, coincide: “Como son molestias vagas e imprecisas, puede retrasar el diagnóstico. Lo que recomendamos es que, si una mujer tiene síntomas abdominales, urinarios y digestivos, que son nuevos y persisten pese al tratamiento sintomático, y no tienen explicación, que consulte”.. El mito del asesino silencioso. En el libro No seas exagerada, la oncóloga Elizabeth Comen critica que al cáncer de ovario se le haya tildado históricamente como “el asesino silencioso”. Y pone el ejemplo de una encuesta que hizo la ginecóloga Barbara Goff a 1.700 pacientes con este tumor: según la médica, el 95% de las pacientes reportaron síntomas perceptibles entre tres y 12 meses antes del diagnóstico.. Y cuando preguntaron a las pacientes qué les habían dicho sus médicos sobre la causa de sus síntomas, el 15% los atribuyó al síndrome del intestino irritable, el 12% al estrés, el 9% a la gastritis, el 6% al estreñimiento, el 6% a la depresión y el 4% a alguna otra causa. Al 30% se le administró tratamiento para una afección diferente. Y al 13% se le dijo que no tenía ningún problema. “El problema no es que el cáncer de ovario sea silencioso, es que no lo escuchamos”, conviene Comen.. Para Mancebo, “el gran caballo de batalla es la detección precoz”. Hoy por hoy, no hay cribado ni biomarcadores de diagnóstico temprano. Un estudio británico con 200.000 mujeres probó a usar la ecografía transvaginal y la detección de marcadores tumorales en sangre como estrategia de detección precoz, pero los resultados no fueron positivos: aunque logró detectar tumores en fases más tempranas, no se tradujo en una reducción de la mortalidad.. “Estamos lejos de encontrar cómo detectar el cáncer precozmente”, lamenta Mancebo. A lo sumo, pueden monitorizar de cerca a pacientes con algunas mutaciones que predisponen al cáncer, como las que tienen alteraciones en el gen BRCA o aquellas con síndrome de Lynch, pero estas apenas son el 20%.. Cronificar el tumor. La única buena nueva es que la medicina tiene cada vez más armas terapéuticas para tratar el tumor. “Tenemos tratamiento. Estamos logrando cronificarlo. El problema es llegar lo antes posible con esos tratamientos”, insiste Mancebo.. Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se estima que en 2026 se diagnosticarán más de 3.700 nuevos casos de cáncer de ovario (del de mama, el más frecuente en mujeres, se esperan 38.000). De media, la supervivencia a cinco años se sitúa en el 40%.. González, que es también vicepresidente de SEOM, señala cuatro grandes herramientas contra el tumor: la cirugía, el diagnóstico molecular, la quimioterapia y la terapia de mantenimiento con fármacos dirigidos.. De la primera herramienta sabe bien Sánchez Iglesias. Cada martes opera cánceres de ovario. A veces, muy extendidos, con implantes tumorales por todo el abdomen: “Pueden estar en la pleura, en ganglios torácicos, el bazo, la vesícula… Y eso implica mucha cirugía, con muchas resecciones. Son cirugías de cinco a ocho horas, donde quitas muchos órganos y luego hay que reconstruir la vía digestiva, la vía urinaria…”.. El objetivo es que no quede tumor visible y apuran al máximo. “Lo que va a mejorar la supervivencia de una paciente es que tú no dejes tumor, así que tienes que hacer un equilibrio entre la agresividad quirúrgica, las complicaciones y el tumor residual. ¿Podemos operarlo todo? Técnicamente sí, hasta el límite de que no sea peor el remedio que la enfermedad. Pero hay que tener atrevimiento. Si no, el tumor te gana a ti”, observa.. Sánchez Iglesias asume que habrá enfermedad microscópica que el ojo del cirujano no alcanza a ver, pero ahí entra la quimioterapia, dice, para acabar de barrer las células malignas invisibles: “Eso es lo que va a acabar de curar al paciente. En este tumor, quimioterapia y cirugía no pueden ir independientes”.. María también es consciente de ello. Vuelve a hablar con EL PAÍS un mes después de la operación, una semana antes de empezar la quimioterapia: “Al salir de la intervención me transmitieron un mensaje muy esperanzador: la operación había ido muy bien, habían logrado eliminar todos los tumores visibles. El siguiente paso era tratar la enfermedad microscópica que pudiera quedar, algo para lo que la quimioterapia es imprescindible”.. Alargar la supervivencia. González añade que el diagnóstico molecular también es clave en la estrategia terapéutica “para entender la enfermedad y el comportamiento”. De hecho, ya hay tratamientos dirigidos a alteraciones genómicas concretas que se usan como terapias de mantenimiento en algunas pacientes. “Ya tenemos pacientes con algún subtipo molecular que, con los tratamientos actuales, siguen sin recaer a los cinco años. Eso es lo más parecido a la curación que tenemos: si a partir del quinto año no recae, la probabilidad de que siga así es muy alta”, reflexiona el oncólogo de la CUN.. Con todo, los expertos admiten que la mayoría de las pacientes con tumores muy extendidos acaban recayendo. “El 80% del tipo seroso, que es el más frecuente, va a recidivar [recaer] en una mediana de 23 meses. Pero esto no acaba aquí. Hay pacientes que podrán someterse a cirugía otra vez, que será la mejor opción, y combinarlo con más quimioterapia o con ensayos”, apunta Sánchez Iglesias. Su equipo ha llegado a hacer segundas y hasta terceras y cuartas cirugías en algunos casos.. La batalla científica contra el cáncer de ovario hoy se libra en varios frentes y uno de ellos es el estudio de nuevos fármacos para ampliar el arsenal terapéutico: hay una especie de caballos de troya en desarrollo para llevar la quimioterapia directamente a las células malignas y se sigue buscando también cómo atacar ese microambiente tumoral hostil que ha impedido, hasta ahora, que penetre la inmunoterapia.. El otro flanco de combate es el de la detección precoz, que ayudaría a curar a más pacientes y mejoraría el pronóstico. “La revolución será cómo conseguimos diagnosticarlo antes porque el pronóstico cambia mucho cuando los tumores son localizados y no contaminan la cavidad abdominal. Ahí la supervivencia es del 90%”, zanja Mancebo.. A María le ofrecieron participar en algunos estudios tras la operación y aceptó “sin dudarlo”, dice: “Como paciente, me tranquiliza saber que se sigue investigando para mejorar los tratamientos y, ojalá, conseguir que en el futuro este y otros tipos de cáncer tengan mejores opciones de curación”.
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