Ana Graciani compone un thriller psicológico tan deliciosamente malvado como entretenido y cruel a vueltas con el mundo digital que habitamos Leer
Ana Graciani compone un thriller psicológico tan deliciosamente malvado como entretenido y cruel a vueltas con el mundo digital que habitamos Leer
Fue Hitchcock, quién si no, el que definió el suspense como el arte de hacérselo pasar mal al espectador. Eso sí, lo relevante es la segunda parte de la frase: de manera tan sabia como controlada. Al fin y al cabo, uno experimenta el placer de sufrir en una sala de cine porque, en el fondo y en la superficie, se siente seguro en su butaca (por muchas ganas que entren de asesinar al que come palomitas de manera compulsiva justo al lado). Digamos que el efecto catártico, que no cátaro, compensa, alivia y hasta libera. La ventana abierta es desde el mismo título una especie de homenaje al maestro orondo. La idea no es otra que enfrentar a la audiencia a sus convicciones, y prejuicios incluso, más asentados para darles la vuelta. Se trata, en definitiva, de hacer dudar, de llevar la contraria, de pasarlo mal. Pero bien.. Se cuenta la historia de un hombre calculador, ingeniero y cosmopolita para más señas, que acude a un pueblo costero del sur lleno de luz, armonía y joie de vivre a dar una sorpresa a la mujer con la que ha mantenido una relación a distancia vía zoom durante tanto tiempo. Sin embargo, sorpresa por sorpresa, el sorprendido es él. Nada parece ser como imaginó. Nada es igual en el mensaje diferido en digital y en directo de la carne sobre hueso. Aunque no quede claro qué es más verdad. Ninguna de sus esperanzas, ni el más evidente de sus muy rurales deseos, parecen tener confirmación ante lo que parece la dura e ingrata realidad. Lo que él (un Unax Ugalde que no da crédito muy en su desconcertante y desconcertado papel) soñaba como un paraíso de libertad, de repente se vuelve un infierno de miradas torvas, puertas que se cierran y, atentos, una ventana abierta que, la verdad, da mucho miedo.. Graciani se las arregla para mantenernos desarreglados en todo lo que dura un thriller psicológico pautado, incómodo y con la suficiente mala leche para hacer perder el pie a los ojos más entrenados. Con las cartas bien escondidas, con un sentido del ritmo contagioso y de la mano de unas interpretaciones ajustadas a razón, lo que queda es un simpático ejercicio de maldad tan brillante como, en efecto, bondadoso. Bien es cierto que la falta de ambición —o el conformismo, como se quiera— a la hora de hacer de verdad daño lastra ligeramente una propuesta que a poco que se hubiera acercado algo más al abismo habría logrado conmocionar incluso, que es de lo que se trata.. —. Directora: Ana Graciani. Intérpretes: Unax Ugalde, Adriana Camarena, Mara Guil. Duración: 90 minutos. Nacionalidad: España.
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