La Archidiócesis de Madrid ha decretado este martes la supresión de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM). La decisión pone el fin a un año de intervención eclesiástica y a una investigación que concluyó con la recomendación del Tribunal de la Rota en España de disolver la asociación, y se produce después de que la Iglesia considerara inviable la continuidad del grupo tras analizar diversas denuncias sobre hechos de especial gravedad relacionados con su funcionamiento interno y con su superiora, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí.. Seguir leyendo
Las Hijas del Amor Misericordioso habían sido denunciadas por más de una docena de víctimas que aseguraban haber sufrido abusos por parte de la madre superiora
La Archidiócesis de Madrid ha decretado este martes la supresión de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM). La decisión pone el fin a un año de intervención eclesiástica y a una investigación que concluyó con la recomendación del Tribunal de la Rota en España de disolver la asociación, y se produce después de que la Iglesia considerara inviable la continuidad del grupo tras analizar diversas denuncias sobre hechos de especial gravedad relacionados con su funcionamiento interno y con su superiora, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí.. La madre superiora abusaba sexualmente de hombres y mujeres jóvenes integrantes de la comunidad de Hijas y Hermanos del Amor Misericordioso (HAM), les imponía fórmulas de aislamiento, penitencias acompañadas de autocastigos físicos, manipulaba sus actividades, en algunos casos bajo falsas promesas, como a uno de los jóvenes a quien prometió que ese sería el camino para ser investido sacerdote en breve tiempo. Así se puede leer en las denuncias presentadas ante la Archidiócesis, a las que ha tenido acceso EL PAÍS.. El decreto ejecuta la recomendación formulada por el Tribunal de la Rota, un tribunal de la Iglesia católica que se encarga de revisar casos con arreglo al derecho canónico. Este, tras una investigación previa iniciada a raíz de varias denuncias, según explicó este martes en un comunicado la Archidiócesis de Madrid, recomendó en mayo de 2025 la supresión de la asociación y remitió al Dicasterio para la Doctrina de la Fe aquellos hechos que consideró de su competencia. Posteriormente, el arzobispo de Madrid ordenó una visita canónica y decretó la intervención de la organización el 28 de julio de 2025 para tratar de promover reformas que garantizaran su continuidad dentro de la comunión eclesial. Un año después, la Iglesia ha concluido que ese objetivo no ha sido posible.. “Lo que hace la Archidiócesis de Madrid mediante este decreto es suspender en su territorio esta asociación pública de fieles. La diócesis ya no la reconoce como tal. Son personas adultas que, si quieren seguir viviendo juntas, podrían hacerlo. Pero eclesialmente no están reconocidas como asociación pública de fieles”, explican fuentes de la Iglesia.. El abogado de más de una docena de víctimas considera que la supresión del grupo era una medida lógica y necesaria para clarificar la postura del Arzobispado de Madrid frente a las derivas sectarias dentro de la Iglesia. A su juicio, se trata de un gesto de justicia, aunque advierte de que el problema es más complejo y no queda resuelto únicamente con esa decisión.. Por su parte, una de las presuntas víctimas de la organización asegura que el cierre supone el fin de “una cárcel de tortura a inocentes”. Según relata, denunció haber sufrido abusos sexuales por parte de Marimí y trasladó a las autoridades las prácticas que conoció dentro del grupo. Considera además que la disolución es “un bien” porque la comunidad estaba “haciendo muchísimo daño en nombre de Dios y de la fe”, aunque advierte de que algunos miembros podrían intentar reorganizarse en otros países. “Habrá tiempo para que puedan sanar las personas y que puedan salir a la luz todos los abusos para prevenir y concienciar a la sociedad”, sostiene. También reclama que la Iglesia reconozca el daño causado y atienda a las víctimas. “Es difícil salir de ahí, aun siendo suprimidas por la Iglesia”, concluye.. Luis Santamaría, profesor de Religión que lleva más de 20 años estudiando y denunciando las prácticas de grupos de origen religioso con características sectarias, cree que el cierre de la asociación no basta para reparar el daño causado. “Mucho me temo que, aunque quizás haya sido la mejor o la única decisión posible, queda por hacer el capítulo más importante: que el ofrecimiento de ayuda del arzobispo de Madrid sea algo más que palabras bonitas y haya una ayuda efectiva y gratuita para las víctimas”, sostiene. Santamaría se muestra por otro lado satisfecho de que al fin las autoridades eclesiásticas se tomen en serio todo lo que acompaña a los abusos sexuales: los abusos de poder y de conciencia, los abusos psicológicos y espirituales, las derivas sectarias dentro de la propia Iglesia católica.. Muchas de estas mujeres, recuerdan los expertos, han pasado años viviendo prácticamente como monjas, aisladas del exterior y entregadas por completo al grupo. Al salir, se encuentran sin casa, sin trabajo y, en muchos casos, sin una red de apoyo, porque han roto numerosos vínculos familiares y de amistad durante ese tiempo. A esa situación de desarraigo se suman frecuentes cuadros de trastorno psicológico y enfermedad mental agravados por un profundo sentimiento de culpa: muchas viven con la sospecha de estar traicionando a Dios por haber abandonado la comunidad.. La supresión es solo el último capítulo de una crisis que salió a la luz el pasado año, cuando varias integrantes abandonaron la asociación y presentaron su renuncia después de años de vida en comunidad. Las HAM, aprobadas como asociación pública de fieles en 2007 por el cardenal Antonio María Rouco Varela, habían sido centro de la controversia tras las denuncias presentadas por familiares y exmiembros que acusaban a la organización de abusos de poder, abusos de conciencia y comportamientos sectarios.. EL PAÍS contó entonces que más de una treintena de familiares y antiguos miembros habían trasladado sus denuncias a la Archidiócesis de Madrid. Los testimonios describían una organización donde las integrantes vivían sometidas a una fuerte autoridad interna y denunciaban restricciones en las comunicaciones con sus familias, así como una creciente dependencia de los responsables de la comunidad. Según los denunciantes, muchas jóvenes acababan considerando a la asociación como su única referencia afectiva y espiritual.. La investigación del Tribunal de la Rota derivó en un dictamen que reclamaba la suspensión de la asociación por la gravedad de los presuntos abusos de poder y conciencia detectados durante la instrucción. Como consecuencia de ese proceso, la Archidiócesis de Madrid retiró temporalmente de sus funciones a Marimí, prohibió la incorporación de nuevas novicias y nombró una comisaria extraordinaria para supervisar la organización y reformar aspectos relacionados con su estructura de gobierno, la formación y la vida comunitaria.. Un año después de la intervención decretada por el cardenal José Cobo, la Archidiócesis de Madrid ha optado finalmente por ejecutar la recomendación de la Rota y poner fin al reconocimiento eclesial de una organización fundada en 1983 por el sacerdote Antonio Mansilla. Aspiraban a convertirse en un instituto de vida consagrada, pero ahora, apartados de la Iglesia, solo les queda esperar a la justicia ordinaria.
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