Hace 15 años, Edu Galán (Oviedo, 46 años) coincidió con Belén Esteban en un ascensor. El escritor, guionista y humorista todavía no era conocido. Ella, en cambio, ya era “la princesa del pueblo”. Esteban dio por hecho que la conocía de la tele, así que empezó a hablarle con una familiaridad pasmosa. En el trayecto de cinco pisos, le preguntó por su familia y su trabajo. Y él, que sabía vida y milagros de la ex de Jesulín por los programas del corazón, hizo lo mismo. “Si coincides con Belén en un ascensor, no cabe la posibilidad de hablar del tiempo. Tienes que preguntarle sobre su vida. Eso es la fama, eso es ser famosa”, dice Galán.. Seguir leyendo
El escritor, guionista, humorista y fundador de la revista ‘Mongolia’ publica ‘Más famosos que Jesucristo’, un ensayo sobre la fama desde la Antigua Grecia hasta ‘Supervivientes’ y el bum de las ‘influencers’. “Desde el momento que Isabel Preysler apareció en ‘MasterChef’, se acabó el glamur en España”, asegura
Hace 15 años, Edu Galán (Oviedo, 46 años) coincidió con Belén Esteban en un ascensor. El escritor, guionista y humorista todavía no era conocido. Ella, en cambio, ya era “la princesa del pueblo”. Esteban dio por hecho que la conocía de la tele, así que empezó a hablarle con una familiaridad pasmosa. En el trayecto de cinco pisos, le preguntó por su familia y su trabajo. Y él, que sabía vida y milagros de la ex de Jesulín por los programas del corazón, hizo lo mismo. “Si coincides con Belén en un ascensor, no cabe la posibilidad de hablar del tiempo. Tienes que preguntarle sobre su vida. Eso es la fama, eso es ser famosa”, dice Galán.. Más o menos en esa misma época, el escritor lanzó la revista satírica Mongolia. Entonces, él también empezó a hacerse famoso. Tras una década y media de popularidad, publica Más famosos que Jesucristo (Debate), un ensayo sobre la fama desde la Antigua Grecia hasta Supervivientes. “Lo escribí para ayudar a mis amigas y amigos famosos a no pasarlo tan mal y para ayudarme a mí mismo a vender mi imagen sin creerme que esa imagen soy enteramente yo”, dice durante una conversación en el Palm Court del hotel Ritz, elegante parque de atracciones para todos aquellos que quieren ver y ser vistos.. Pregunta. Usted es famoso, pero su mujer lo es más [está casado y tiene una hija con la presentadora Marta Flich]. ¿Cómo lleva eso?. Respuesta. A mí la fama me tocó tarde y eso te da unas herramientas psicológicas para sobrellevarlo. A Marta le ocurrió algo parecido. Los que llegamos a la fama más tarde lo llevamos mejor.. P. ¿Les han ofrecido a Marta y a usted dinero por un posado o exclusiva?. R. No. Una pena porque podríamos haberlo considerado [risas]. El concepto de exclusiva está muriendo y me da pena. Me gustaban las exclusivas del ¡Hola! y le tengo mucho cariño al glamur. Antes, los editores de las revistas eran los intermediarios entre los famosos y el público. Ahora, los editores han sido sustituidos por las redes sociales y los algoritmos. Los directores de revistas tenían un poco de ojo, de gusto y de criterio, pero el algoritmo no tiene nada. Los milmillonarios de las tecnológicas se merecen un juicio de Núremberg por haber matado al glamur.. P. Ya no está de moda el glamur. Ahora lo que se lleva es la autenticidad.. R. Esa autenticidad de la que hablas es completamente artificial. No hay cosa menos auténtica que el espectáculo grotesco que vemos en las redes. Los influencers son puro artificio porque lo que querríamos saber sobre ellos no te lo van a contar. Las Pombo no pueden tener glamur porque son unas pijas de Santander. Creer que las Pombo son glamurosas es como creer que McDonald’s es alta cocina. El culmen de todo este artificio es uno de los espectáculos más vistos de la última década: los combates de Ibai Llanos, las peleas de streamers. La velada del año es un artificio individualista con un tufillo fascista y trumpista de glorificación del físico, la violencia y la peor masculinidad. Es una cutrez antiintelectual.. P. ¿Qué opina de la supuesta caída de los influencers?. R. Ni mucho menos los influencers han caído. Es absolutamente falso. Simplemente están reajustando su aparente autenticidad, eso es todo. Son palomas obligadas por el clic y el algoritmo y buscarán nuevas estrategias para seguir ahí. Cuatro o cinco de ellos marcarán el camino al resto, a los que yo llamo influencers esclavitos, que son el 99% de los usuarios de las redes. La de los influencers es una profesión nefasta: no hay regulaciones ni leyes, no hay derechos laborales y encima creen que están unidos a la comunidad cuando están más aislados que nadie. Esta nueva fama tiene trazas de mil cosas y nos la estamos jamando todos los días sin saber de qué está hecha.. «Los milmillonarios de las tecnológicas se merecen un juicio de Núremberg por haber matado al glamur”, asegura Edu Galán, autor del ensayo ‘Más famosos que Jesucristo’. INMA FLORES. P. Dice que ha escrito este ensayo para ayudar a sus amigos famosos a no sufrir. ¿Por qué sufren los famosos?. R. Tienen muchas ganas de que nadie les vea y, a la vez, por su trabajo tienen una tremenda necesidad de ser vistos. Eso crea unas tensiones que derivan en muchos miedos, ansiedades, depresiones y adicciones. Hoy, más que nunca, cualquiera puede tener los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol, pero casi nadie tiene las herramientas psicológicas necesarias para afrontar esa exposición. También escribí este ensayo para que los padres dejen de utilizar a sus hijos para ser famosos.. P. Mire el caso de Ana Obregón.. R. El caso de Ana me preocupa muchísimo. Me preocupa cómo está comerciando con su nieta-hija, pero ella, al menos, conoce bien la industria de la fama. Se pueden decir muchas cosas sobre ella, pero es verdad que sabe los tempos y cómo publicitarse. Tiene un know how que puede trasladar a su nieta y que le puede ser beneficioso psicológicamente a la niña. Me preocupan más los padres de YouTube que se hacen famosos haciendo unboxing o bailando con sus hijos y que no saben nada sobre la fama. Esos padres y esos niños confunden la intimidad verdadera con la verdadera intimidad, con la intimidad construida para enseñarla.. P. En la Antigua Grecia y en el medioevo no había distinción entre la vida pública y la privada. ¿Hemos vuelto a la Antigüedad por culpa de las redes?. R. Ya no se sabe bien qué es lo público y qué es lo privado. El objetivo de este ensayo es aprender a distinguirlo. Si quieres convertir tu vida en un musical de Broadway, tienes que saber cómo hacerlo. Si sales al escenario de Broadway y no sabes cómo se hace, vas a tener problemas.. P. Tengo la impresión de que a las mujeres se les sigue exigiendo ser guapas, delgadas y jóvenes para ser famosas, cosa que no ocurre con los hombres. ¿La fama sigue siendo machista?. R. La fama tiene una parte machista, pero el problema que tiene la fama, sobre todo, es que demanda muchísimo y a las mujeres, como siempre, les demanda más.. P. Hablemos de fama y vejez. ¿En España tratamos mal a nuestros famosos viejos?. R. En España hay casos sangrantes. Hay grandes de la escena como Marisa Medina, Gracita Morales y Tony Leblanc a los que hemos tratado como freaks o criaturas grotescas. Bárbara Rey es otro ejemplo. Tenemos un gravísimo problema con las actrices mayores. Se las aparta a un rincón y esto tiene que ver con la glorificación de la juventud en la que estamos inmersos. La sociedad de consumo pide una reinvención constante. Si quieres mantener tu fama, tienes que vender una parcela de tu vida privada. De lo contrario, desapareces. Para mí Charo López sigue siendo igual de talentosa, pero como no vende su vida privada, no la vemos.. P. Ya no es necesario hacer cosas importantes para ser famoso.. R. Vender tu vida también es un talento. Una carrera de teatro exitosa exige mucho trabajo e ir a Mujeres y hombres y viceversa o a First Dates parece más fácil, pero es igual de duro.. «Hoy, más que nunca, cualquiera puede tener los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol», asegura Galán.INMA FLORES. P. ¿De quién era fan cuando era pequeño?. R. Era muy viejuno. Con dos años ya era viejo. Tenía pósters de The Beatles, Paul McCartney, Bob Dylan, Stephen King… Era old school. Quizá por mi querencia al glamur, a lo inalcanzable, ya miraba a los mayores. Mi madre era perfumera, tenía una tienda preciosa en Oviedo y vendía lujo. Eso influyó mucho en mi cierto desdén por los famosos de mi generación y por mi querencia a los grandes actores y actrices del viejo Hollywood.. P. En el libro dice que odia a algunos famosos. Deme nombres.. R. Yo quería mucho a Boy George y ya me toca mucho los huevos por sus opiniones sobre Israel. También era muy fan de Bill Maher y me pasa lo mismo. Ha envejecido mal. ¿Odio de verdad? De joven odiaba a Raphael. Seguro que es un tipo estupendo, pero nunca me ha gustado su arte. Ahora, con los años, entiendo que es un artista poliédrico. Pero de joven tienes que odiar, tienes que matar a gente para hacer sitio a otra. Odiaba la música ligera de Francisco y de Camilo Sesto. Ahora me he reconciliado con ellos. Y toda la vida he odiado el petardeo de las Ana Obregón.. P. ¿Y Preysler?. R. Le tuve cariño durante un cierto tiempo porque tenía un halito de glamur, pero lo ha perdido totalmente. Desde el momento en que Isabel Preysler apareció en MasterChef con Mario Vargas Llosa, se acabó el glamur en España.. P. ¿Con qué famoso se tomaría una cerveza?. R. Con Javier Bardem, a quien admiro mucho. Y con Fernando Alonso, a quien no admiro nada. No me interesa nada y me repugna la Fórmula 1, pero me tomaría una cerveza con él para entender su enigma.. P. ¿Quién es la persona más famosa del mundo?. R. Trump, desgraciadamente. Es lo que él quería. Cuando entró en Graceland, dijo: “Elvis era el hombre más famoso del mundo, pero ya hay alguien más famoso”. Y tenía razón. Es una tragedia total.. P. Dígame qué es lo mejor y lo peor de la fama.. R. Lo mejor es que siempre tienes sitio en el restaurante. Aquí estamos, en el Ritz. En el caso de mi fama, lo mejor es que es muy sectorial, muy de nicho. Lo peor son las inseguridades, la ansiedad porque dependes de lo que piensen los otros para seguir trabajando. Tratas de gustar a gente que no te gusta y eso es lo que trato de evitar.
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