En esta fábula hiperrealista, un narrador impertérrito cuenta en presente todo lo que se ve y se oye, como una máquina que registrara sin pasión la fisonomía del mundo, sus objetos, sus sonidos, sus habitantes en cambio permanente. Como en el viejo nouveau roman de los años cincuenta (la que se llamó no por casualidad école du régard), aquí todo aparece sin mediación subjetiva, como un simulacro de objetividad en el que la omnisciencia del ya vetusto narrador supremo ha sido sustituida por la de sumisión al punto de vista de distintos personajes. José Ovejero ha adoptado estas estrategias para desarrollar una situación propia de una novela de denuncia social: la prepotente crueldad de los opulentos frente a la indefensión de quienes están privados de casi todo. Gracias a la narración constatativa, el lector es testigo visual y auditivo de cómo surge y se agiganta el conflicto entre una familia altoburguesa formada por Antón, Mónica y el pequeño Luis, por un lado, y el vagabundo Fritz, por otro. O quizá habría que precisar entre Antón, con su arrogante y grosero sentido de la identidad asociado a sus posesiones (su mujer, su hijo, su coche, su privacidad, su estatus social…) y el trotamundos Fritz, con su indigencia leve y su falta de arraigo.. Seguir leyendo
En esta fábula hiperrealista, un narrador impertérrito cuenta en presente todo lo que se ve y se oye, como una máquina que registrara sin pasión la fisonomía del mundo, sus objetos, sus sonidos, sus habitantes en cambio permanente. Como en el viejo nouveau roman de los años cincuenta (la que se llamó no por casualidad école du régard), aquí todo aparece sin mediación subjetiva, como un simulacro de objetividad en el que la omnisciencia del ya vetusto narrador supremo ha sido sustituida por la de sumisión al punto de vista de distintos personajes. José Ovejero ha adoptado estas estrategias para desarrollar una situación propia de una novela de denuncia social: la prepotente crueldad de los opulentos frente a la indefensión de quienes están privados de casi todo. Gracias a la narración constatativa, el lector es testigo visual y auditivo de cómo surge y se agiganta el conflicto entre una familia altoburguesa formada por Antón, Mónica y el pequeño Luis, por un lado, y el vagabundo Fritz, por otro. O quizá habría que precisar entre Antón, con su arrogante y grosero sentido de la identidad asociado a sus posesiones (su mujer, su hijo, su coche, su privacidad, su estatus social…) y el trotamundos Fritz, con su indigencia leve y su falta de arraigo. Seguir leyendo
crítica literaria. Crítica. Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia. A partir de un narrador aséptico, el autor construye un apólogo hiperrealista sobre la crueldad de los opulentos. El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.. El autor José Ovejero, en 2024.Álvaro Minguito (GALAXIA GUTENB. En esta fábula hiperrealista, un narrador impertérrito cuenta en presente todo lo que se ve y se oye, como una máquina que registrara sin pasión la fisonomía del mundo, sus objetos, sus sonidos, sus habitantes en cambio permanente. Como en el viejo nouveau roman de los años cincuenta (la que se llamó no por casualidad école du régard), aquí todo aparece sin mediación subjetiva, como un simulacro de objetividad en el que la omnisciencia del ya vetusto narrador supremo ha sido sustituida por la de sumisión al punto de vista de distintos personajes. José Ovejero ha adoptado estas estrategias para desarrollar una situación propia de una novela de denuncia social: la prepotente crueldad de los opulentos frente a la indefensión de quienes están privados de casi todo. Gracias a la narración constatativa, el lector es testigo visual y auditivo de cómo surge y se agiganta el conflicto entre una familia altoburguesa formada por Antón, Mónica y el pequeño Luis, por un lado, y el vagabundo Fritz, por otro. O quizá habría que precisar entre Antón, con su arrogante y grosero sentido de la identidad asociado a sus posesiones (su mujer, su hijo, su coche, su privacidad, su estatus social…) y el trotamundos Fritz, con su indigencia leve y su falta de arraigo.. La perversidad del personaje funciona en esta historia que busca en la justicia poética un alivio a la indignación del lector. Todo ocurre durante el veraneo de la familia en un pueblo costero, adonde llegan a bordo de un Mercedes rojo descapotable. Desde el vehículo en marcha, el niño arrebata a Fritz de su cabeza el sombrero de paja con que se protege del sol, una proeza que su padre celebra con risotadas. El deportivo de lujo y el sombrero astroso, en cuya badana interior está escrito el nombre de Fritz, funcionan como objetos reflejos de sus propietarios y en esa calidad van reapareciendo a lo largo de la novela. A la vez coche y sombrero pautan como metonimias muy simbólicas esta historia sobre el ser y el poseer, sobre la obscena indiferencia de los privilegiados hacia los desfavorecidos y, más ampliamente, fuera del marco de las clases sociales, sobre el narcisismo patológico y la maldad. Porque es evidente que Antón ha sido caracterizado sin mucho matiz como un sujeto despreciablemente maligno, que sojuzga y maltrata a Mónica, que tiene acoquinado a su hijo, al que suministra somníferos para que no moleste de noche y que es capaz de actos aberrantes contra alguien que carece de todo.. El arrogante desdén de Antón hacia los perdedores (purria, chusma, gentuza…) es el mismo del sistema ultraliberal del que es beneficiario y parte operativa, un sistema hiperconsumista en el que quienes tienen malas cartas simplemente pierden la partida. Aunque la perversidad del personaje resulte algo monolítica, funciona con eficacia en esta fábula moral que busca en la justicia poética un alivio a la inducida —y lógica— indignación del lector. La crueldad inyectada en Antón asalta al lector, lo incomoda, lo pone en su contra (a menos que sufra alguna tara moral) y, una vez logrado, empuja al lector ante lo impredecible para que se vea a sí mismo. Es exactamente lo que explicó Ovejero en el ensayo La ética de la crueldad (premio Anagrama en 2012, reeditado ahora por Galaxia Gutenberg): la crueldad de la obra de arte —la crueldad que no es conformista o pornográfica— atenta contra la pasividad del receptor, busca removerlo, sacarlo de sus cómodas casillas, escandalizarlo y, en suma, forzarlo a reflexionar sobre lo que la costumbre ha hecho que pase por alto. Aunque Antón ocupa mucho espacio como el machirulo que abre las piernas sentado en un banco, conviene reparar en los detalles de las conductas de Mónica y Fritz, definidos con éxito y con el mismo acierto a salvo de ningún conato interpretativo: el sentido de lo que dicen y hacen queda también del lado del lector.. Bajo la luna negra. José Ovejero. Galaxia Gutenberg, 2026. 176 páginas. 17 euros. Búsquelo en su librería. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Cultura. Crítica literaria. Literatura. Libros. Escritores. Escritura. Lectura. Novela. Narrativa. José Ovejero. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
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