Una mujer se sienta frente a su computador con un único objetivo: enseñar. Abre varios enlaces y, segundos después, aparecen algunos nombres. Al otro lado envían emojis de corazón. En la pantalla se proyecta una diapositiva que dice “Español nivel A1”. Son las 18:30 en España y las 9 de la mañana en Afganistán. Desde un rincón en el municipio madrileño de Parla —a más de 6.000 kilómetros— Tamkin Ahmadi sostiene una forma de resistencia frente al régimen talibán que regresó al poder en agosto de 2021. Saluda en persa e inicia la clase del idioma que también tuvo que aprender desde cero, el español. “Podrán cerrar nuestras puertas, pero no lo que soñamos”, afirma esta docente de 19 años.. Seguir leyendo
Tamkin Ahmadi es una docente de 19 años que logró emigrar a España y mantiene su lucha contra el régimen talibán
Una mujer se sienta frente a su computador con un único objetivo: enseñar. Abre varios enlaces y, segundos después, aparecen algunos nombres. Al otro lado envían emojis de corazón. En la pantalla se proyecta una diapositiva que dice “Español nivel A1”. Son las 18:30 en España y las 9 de la mañana en Afganistán. Desde un rincón en el municipio madrileño de Parla —a más de 6.000 kilómetros— Tamkin Ahmadi sostiene una forma de resistencia frente al régimen talibán que regresó al poder en agosto de 2021. Saluda en persa e inicia la clase del idioma que también tuvo que aprender desde cero, el español. “Podrán cerrar nuestras puertas, pero no lo que soñamos”, afirma esta docente de 19 años.. Ahmadi es voluntaria de AYLA (Afghanistan Youth Leaders Assembly), una organización creada para fomentar el liderazgo y la educación entre jóvenes afganas que, tras la retirada de las tropas estadounidenses y el colapso del Gobierno afgano, amplió su trabajo hacia la enseñanza en línea para niñas y mujeres excluidas de la escolarización.. Ahmadi tenía 14 años cuando tuvo que emigrar a España junto a su familia. Eran doce en total. Una de sus hermanas sigue en Afganistán junto a su esposo y sus hijos. “La vida acá no es solo una tortura para las mujeres sino para todos”, dice ella en una videollamada. Algunos amigos en Estados Unidos les ayudaron a movilizarse y salir de Afganistán, donde su padre acababa de fallecer. Él fue su gran amor. Desde que era pequeña le repetía que debía ser doctora, y con esa idea creció el deseo de dedicarse a la medicina. Pero el régimen llegó.. Cinco años después, la educación para las mujeres en Afganistán permanece prohibida en la mayoría de niveles. No pueden estudiar ni trabajar. “Antes de los talibanes no pensé que los hombres pudieran llegar a ser tan malos. Ahora veo a hombres de 60 casarse con niñas de 13 años”, asegura Ahmadi.. Su familia tuvo que dejarlo todo y empezar de cero. La joven docente recuerda que su primera clase en el instituto fue de inglés, lo que le dio una sensación inicial de tranquilidad. Pero en la siguiente asignatura entendió la dificultad real de aprender un idioma nuevo en un país completamente distinto al suyo. Cuando recién había llegado a España, intentó comunicarse en inglés —no en su lengua materna, el persa—, pero un policía le pidió sus documentos y le dijo: “Esto es España. Aquí tú tienes que hablar español”.. En el colegio temía que, al decir que era afgana, le negaran el derecho a estudiar. Ahmadi lo explica con cansancio: “El problema no es la religión. En ninguna parte del Corán se habla de pegarle a las mujeres ni de prohibirles estudiar”. Todavía recuerda el miedo y la incertidumbre. Cuando llegaba a casa, sus hermanos le enseñaban lo que habían aprendido en clase; ella no podía entrar porque era un curso para mayores de edad. Hoy estudia un grado medio de farmacia y quiere ser odontóloga. En abril de 2026 empezó a dictar clases de español para mujeres en Afganistán. “AYLA es un puente de esperanza”, afirma.. Tamkin Ahmadi, profesora afgana. Imparte clases online desde Parla.Santi Burgos. Teme que, cuando el régimen cambie, muchas mujeres hayan pasado demasiado tiempo sin educación. Que el mundo entero se olvide de Afganistán. Ella no lo hará. Y por eso, pese a la distancia, se conecta cada martes y jueves para impartir clases a quienes continúan allí. “A pesar de la presión y de las desigualdades de género que enfrenté, incluso cuando fui rechazada por varias academias, continué buscando maneras de aprender, enseñar y ayudar a otros”, dice M.S., una de las alumnas —su identidad se reserva por seguridad—.. La joven, de 18 años, permanece en Afganistán, donde sigue estudiando de forma clandestina con el apoyo de su familia. Reconoce que aprender es difícil, pero se siente feliz de poder hacerlo. Ha sido voluntaria en organizaciones educativas y sociales. Enseñó matemáticas, biología y química a sus hermanos. En 2026 trabajó como instructora de inglés y liderazgo para 24 niñas con pocas oportunidades; diez de ellas hoy generan ingresos gracias a esas clases. También fue mentora en academias donde enseñó a solicitar becas y a redactar documentos académicos. “La educación no puede ser silenciada, incluso bajo restricciones”, afirma.. También está Tamana, de 27 años, otra de las estudiantes que se conecta desde la clandestinidad. Antes del regreso del régimen talibán estudiaba alemán y daba clases del idioma. Aunque conserva sus títulos, no puede apostillarlos porque las autoridades no se lo permiten. Sueña con hacer un máster en economía y continúa estudiando con el apoyo de su familia.. A Ahmadi, a veces le da vergüenza pedirles tareas a sus alumnas porque son mayores que ella. Latifa Shuja, de 37 años, quien vive en Pakistán es licenciada y tiene un máster en derechos humanos, pero no puede trabajar. Como el resto, espera que el régimen termine. “Lo que más temo es que todos se olviden de las mujeres en Afganistán. Que apaguen nuestra voz”, dice.. Su motivación para aprender castellano es clara: “Una persona que puede hablar distintos idiomas es como si fuera distintas personas”. Cree que saber español puede abrirle puertas y permitirle cambiar algo en su vida y en la de otras mujeres.. Tamana, Latifa y M.S. —las tres conectadas desde contextos distintos, pero atravesadas por las mismas restricciones— sostienen su educación en secreto, aferradas a la posibilidad de construir un futuro que el régimen les niega. Enseñar en la clandestinidad para que otras mujeres no pierdan el derecho a estudiar. Enseñar a pesar de la distancia, a pesar de las prohibiciones.. Al otro lado de la pantalla, todas son mujeres. Algunas tienen 13 años, otras más de 30. En su grupo hay 40 mujeres; 18 se conectan ese día. Una de ellas pronuncia sus primeras frases en español. “Lleva solo dos clases”, dice la profesora visiblemente emocionada. “Buenas noches, profesora. Mi cumpleaños es en agosto”, dice una de las alumnas. En el fondo se escucha el llanto de un bebé. Su sobrina, de 9 años, también quiere ser doctora. La observa con atención mientras Ahmadi corrige la pronunciación de sus alumnas. “No es amarilo, es amarillo”, les dice. “A veces me cuesta creer cómo mis estudiantes tienen tanta esperanza, se esfuerzan muchísimo. Yo entiendo su vida porque yo hace unos años estaba en Afganistán. Ellas son mi esperanza. Sentarme aquí me hace sentir que estoy haciendo algo a pesar de estar lejos”, afirma.. Tamkin Ahmadi, profesora afgana. Imparte clases online desde Parla.Santi Burgos
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