Juan Gómez-Jurado (Madrid, 48 años) y la madrileña Bárbara Montes, quien prefiere no facilitar su edad, comparten su condición de niños, sentimientos, casa y escriben libros infantiles y juveniles a cuatro manos. El día de la entrevista, en la oficina de la editorial Penguin Random House en Madrid, los dos visten de negro. Como pareja literaria, son autores de sagas que leen miles de lectores. Eso significa rentabilidad, término que casa más con una fábrica de tornillos que con una editorial, salvo contadas excepciones. La palabra beneficio, muchas veces, es ciencia ficción en el sector del libro y para quienes los escriben, que no siempre son quienes los firman. Hasta la fecha, Montes y Gómez-Jurado han escrito y firmado juntos las series Amanda Black y Rexcatadores, con 14 y 4 títulos cada una, respectivamente. Misterio S.A. Los fantasmas no existen 1 (publicado por B de Blok) es su última creación, con ilustraciones de David G. Forés y pensada para lectores entre los 9 y 13 años.. Seguir leyendo
En sus sagas literarias, los autores no solo buscan evitar la condescendencia y desafiar a sus pequeños lectores, también quieren fomentar su imaginación y mejorar su vocabulario, aunque sin usar expresiones de moda
Juan Gómez-Jurado (Madrid, 48 años) y la madrileña Bárbara Montes, quien prefiere no facilitar su edad, comparten su condición de niños, sentimientos, casa y escriben libros infantiles y juveniles a cuatro manos. El día de la entrevista, en la oficina de la editorial Penguin Random House en Madrid, los dos visten de negro. Como pareja literaria, son autores de sagas que leen miles de lectores. Eso significa rentabilidad, término que casa más con una fábrica de tornillos que con una editorial, salvo contadas excepciones. La palabra beneficio, muchas veces, es ciencia ficción en el sector del libro y para quienes los escriben, que no siempre son quienes los firman. Hasta la fecha, Montes y Gómez-Jurado han escrito y firmado juntos las series Amanda Black y Rexcatadores, con 14 y 4 títulos cada una, respectivamente. Misterio S.A. Los fantasmas no existen 1 (publicado por B de Blok) es su última creación, con ilustraciones de David G. Forés y pensada para lectores entre los 9 y 13 años.. Esta nueva saga infantil, que empieza con este volumen, está protagonizada por Claudia, una adolescente escéptica marcada por la muerte de su madre, un joven fantasma llamado Cleo que no recuerda cómo murió y por la isla de Santa Muerte, que está llena de secretos. La adolescente y el fantasma fundan Misterio S.A., una agencia de detectives con la que se lanzan a investigar la desaparición de la médium Amelia Thorne. Sí, en sus páginas hay mucha intriga, también duelo, memoria y la necesidad de pertenencia. ¿Qué niña o niño ha dicho que le den más miedo los fantasmas que los secretos?. A la pregunta de cómo surgió la idea de escribir libros a cuatro manos, Montes cuenta que un día se metió en la habitación de los hijos de Gómez-Jurado para ver qué leían y le pareció que los libros los trataban con muchísima condescendencia. Poco tiempo después de aquel descubrimiento, en una comida con editores y directivos de Penguin Random House —ambos también escriben novelas para adultos— se coló en la conversación el tema de lo condescendientes que son algunos libros dirigidos a los niños. Entonces les propusieron que escribieran juntos una serie infantil. Así nació Amanda Black y así han llegado hasta Misterio S. A. Los fantasmas no existen.. Sin ser tajantes, los dos creen, tanto en esta nueva serie como en Amanda Black, haber evitado ser condescendientes con sus lectores. En Misterio S.A. Los fantasmas no existen, Claudia le pregunta a Cleo cómo murió. La muerte, que a partir de los seis, siete, ocho años de edad es una de las grandes preocupaciones de los niños, en este libro está muy presente. “Creo que está tratada de forma que un niño pueda entenderla, con naturalidad y sin dramatismo”, explica Montes.. View this post on Instagram. Los autores consideran que los niños se enganchan a sus libros porque les hablan de tú a tú. Ella cuenta que cada vez que van a un colegio y les preguntan si saben qué significa la palabra condescendencia, todos dicen que no. Entonces les explican que es cuando un adulto, por ejemplo, les dice cosas como —y adopta un tono infantilizado—: “Hola, niño, qué guapo eres”, “qué ojos tan bonitos tienes”, “¿cuántos añitos tienes?”, etcétera. Después les preguntan si les gusta que les hablen así y todos responden que no les gusta nada. Ellos, en cambio, a las niñas y a los niños, por medio de sus libros, los llevan a otro sitio: les dicen que saben quiénes son, que son inteligentes, que les importa cómo piensan y que creen en ellos. Sus pequeños lectores responden leyéndoles y divirtiéndose con la lectura. Según dice Gómez-Jurado, a la hora de hablar con un niño no hay que arrodillarse, sino ponerle un taburete.. Montes es psicóloga especializada en psicología infantil y tiene en cuenta las teorías del desarrollo cognitivo cuando escribe, sobre todo para saber cuándo saltárselas. Afirma que, al leer, lo interesante es que el libro te desafíe: que mejore tu vocabulario, que te haga pensar, que te obligue a crecer intelectualmente e ir un poco más allá, también en términos de madurez. Son una pareja de autores a la que le gusta que sus lectores tengan la opción de leer algo que les resulte desafiante e interesante. Buscan dónde está el límite.. “En mi casa había muchísimos libros y mis padres nunca me dijeron: ‘Esto no es para ti’. Pensaban que si no lo entendía, lo dejaría”, cuenta la autora. Para ella, los niños de hoy no son como los de los años ochenta y noventa. Por eso es importante saber, a la hora de escribir para ellos, cómo hablan, qué les gusta, qué leen y qué ven, señala el autor: “No puedes pretender que ellos conecten con tu infancia. El esfuerzo tiene que hacerlo el autor para conectar con el lector actual”. Por eso en sus títulos emplean un vocabulario moderno, pero evitan el uso de la jerga infantil porque dentro de unos años puede estar obsoleta.. View this post on Instagram. En las páginas no se leen expresiones como bro, masivo ni six seven, pero también advierten que tienen mucho cuidado con el tipo de expresiones que usan porque va a haber cosas que no entiendan. Ambos tienen muy presente hasta dónde puede llegar su lector. “El conjunto de los niños de 9 años, por ejemplo, todavía no tiene el andamiaje necesario para entender una metáfora, pero un símil sí”, precisa Gómez-Jurado. Y cuando tienen edad para entender las metáforas, muchos dejan de leer, salvo que ese hábito esté muy instaurado, según sostienen. Aunque también es posible que algunos vuelvan a la lectura pasado un tiempo: “La adolescencia es el momento en el que los chavales empiezan a salir con sus amigos y tienen otros intereses, fuera del círculo familiar, que es en el que se desarrolla todo el ocio hasta entonces”.. El escritor cuenta que el libro lo planifican juntos: “Trabajamos los personajes, la estructura y los puntos de giro. Es decir, todo el mapa de la historia. Una vez tenemos eso claro, Bárbara se queda con el esquema y cambia todo lo que quiere y lo escribe”. Para él, la planificación es clave: “Especialmente en libros para niños, porque no tienes margen de error. Si un menor abre un libro y no le gusta la primera página, no volverá a coger otro tuyo”.. View this post on Instagram. Y es que escribir para los pequeños, según señalan, no es lo mismo que hacerlo para adultos. “Roald Dahl lo explicó más o menos así: escribir para ellos es exactamente igual que escribir para adultos, solo que mucho más difícil. Y hay que hacerlo mucho mejor”, explica el escritor. Dahl, si no es el tótem de la literatura infantil y juvenil, sí que es el autor menos condescendiente con los niños: Matilda, Willy Wonka y la fábrica de chocolate, Las brujas y el favorito de ambos, Cuentos en verso para niños perversos.. En sus libros, ellos no solo desafían a sus lectores, sino que también fomentan su imaginación. “La imaginación es uno de los valores más importantes que tenemos en la infancia y parece que, según vamos creciendo, se va perdiendo. Te dicen: ‘Es que estás en las nubes, es que no sé qué”, indica Gómez-Jurado. “Nunca nadie ha inventado nada sin imaginarlo primero”, agrega. Ambos son dos adultos que parecen seguir en las nubes, es decir, que conservan el espíritu de la niña y el niño que fueron: “Nos gustan los cómics, el cine, la cultura popular. Tenemos incluso un R2-D2 a tamaño natural en casa”. También son conscientes de lo que hacen: contar historias. Lo más bonito que les pueden decir es que un menor empezó a leer gracias a uno de sus libros. No quieren enseñar nada a los niños, quieren que lean y se diviertan.
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