Cómo ve la nueva generación de historiadores la Guerra Civil, con temas que se han ido introduciendo en los últimos tiempos. Esto plantea un ensayo coral, con unos cincuenta expertos, la mayoría menores de 50 años y casi la mitad mujeres, cuando se han cumplido 90 años del inicio del conflicto. La guerra civil española: una historia global (Galaxia Gutenberg) ofrece una mirada poliédrica, que incluye aspectos menos estudiados, como la participación de las mujeres, con un capítulo en concreto sobre la violencia ejercida contra ellas en las retaguardias; el consumo de alcohol para afrontar los combates o la hambruna de la posguerra.. Seguir leyendo
Un ensayo con artículos de medio centenar de historiadores, formados en su mayoría en este siglo y con investigaciones recientes, ofrece nuevas perspectivas del conflicto cuando se acaban de cumplir 90 años de su inicio
Cómo ve la nueva generación de historiadores la Guerra Civil, con temas que se han ido introduciendo en los últimos tiempos. Esto plantea un ensayo coral, con unos cincuenta expertos, la mayoría menores de 50 años y casi la mitad mujeres, cuando se han cumplido 90 años del inicio del conflicto. La guerra civil española: una historia global (Galaxia Gutenberg) ofrece una mirada poliédrica, que incluye aspectos menos estudiados, como la participación de las mujeres, con un capítulo en concreto sobre la violencia ejercida contra ellas en las retaguardias; el consumo de alcohol para afrontar los combates o la hambruna de la posguerra.. Los coordinadores son Javier Rodrigo, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona, estudioso de los campos de concentración en la España franquista; David Alegre, profesor de Historia Contemporánea en la misma universidad, especialista en el fascismo europeo, y Miguel Alonso, profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Los tres se han esforzado para homogeneizar los estilos de tantos autores.. Una mujer llora ante los cadáveres de tres hombres en una calle del barrio de Triana (Sevilla), tras su toma por las fuerzas del sublevado comandante Castejón, el 21 de julio de 1936.EFE. Más información. Para este volumen han buscado expertos formados sobre todo en este siglo y con tesis doctorales o investigaciones recientes, a los que les han pedido resumirlas en unas 3.000 palabras. Los sacrificados en esa labor de síntesis han sido las referencias a otros historiadores, que se han limitado, y las notas a pie de página. En muchos capítulos se plantean debates y se apuntan necesarias líneas de investigación futuras. En otros, sí hay más conclusiones. Se habría agradecido, eso sí, el esfuerzo editorial por incluir fotografías y gráficos sobre la guerra. En una edición para el lector de hoy, se hace duro que en las más de 600 páginas no haya imágenes ni se reproduzca documento alguno.. Soldados italianos del Cuerpo de Tropas Voluntarias leen una publicación en un lugar de España sin identificar, en una imagen de 1936.adoc-photos / Corbis / Getty Images. Precisamente, en cuanto a la documentación consultada, se ha centrado en el imprescindible Archivo General Militar de Ávila; los investigadores han peinado la red archivística española, excepto el arcano del Ministerio del Interior, que hoy día sigue poniendo muchas trabas a los estudiosos. Fuera de nuestro país destacan los papeles de la Sociedad de Naciones o los de la Luftwaffe en Alemania.. Una de las tesis principales, no exenta de polémica, es si realmente la guerra finalizó con el último parte de guerra franquista: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo…”, escrito por el “generalísimo” con una fuerte gripe y difundido el 1 de abril de 1939. En el libro se sostiene que, efectivamente, la guerra de ocupación acabó en esa fecha, pero que continuó una guerra sucia —si alguna no lo es—, de baja intensidad, que alargó el conflicto hasta finales de los cuarenta. Se argumenta esto con que el último campo de concentración no se cerró hasta 1947 (Rodrigo calcula que fueron unos 500.000 los prisioneros en todo el país), que el estado de guerra no decayó hasta 1948 y que la campaña de persecución al maquis no terminó hasta 1952. Entre guerrilleros, civiles y fuerzas del orden, algunos historiadores cifran las víctimas de esta lucha en 8.000.. Milicianos republicanos en el frente de Navacerrada (Madrid) a finales de julio 1936.EFE. Otra de las ideas subrayadas es que, al contrario de lo que se ha proclamado tradicionalmente, lo de España no fue una excepción, sino el paradigma de las guerras civiles europeas que acontecieron en aquellas décadas. Para los coordinadores, si hay un momento en que la historia contemporánea universal pasa por España, es en la Guerra Civil. De hecho, se insiste en que la española fue una superposición de guerras: la militar, la internacional, la de clases, de religión y contra la población civil.. También se intenta enterrar algunos mitos que resisten, especialmente el de la “inevitabilidad” de la guerra, el que España estaba abocada al enfrentamiento, una propaganda de los vencedores para justificarse. Los sublevados organizaban desde hacía tiempo el golpe, con unos preparativos que aceleraron tras el triunfo del Frente Popular en febrero del 36. Igualmente, se lamenta que subsista el “planteamiento equiparador”, el de una culpa colectiva que disuelve responsabilidades o, más allá, que fuera necesaria la sublevación para evitar caer en las garras soviéticas.. Una refugiada con su bebé y sus pertenencias cerca de la localidad de Le Perthus, en la frontera entre Francia y España, el 28 de enero de 1939.AFP / Getty Images. En este sentido, insistió Rodrigo, en la presentación del libro, en la asimetría de la represión en ambas retaguardias. El gran baño de sangre se perpetró en el primer cuatrimestre de la guerra porque los sublevados querían una victoria rápida. Por ello eliminaban a los representantes del poder legal, pero la resistencia en las principales ciudades, Madrid, Barcelona, Valencia… degeneró en el largo conflicto. Donde triunfó el golpe, se calcula que en esas retaguardias hubo unos 53.000 muertos en la represión inmediata, del total de 130.000 de toda la guerra. Mientras que donde fracasó, las víctimas (afines a los sublevados) fueron unas 38.000 en los primeros meses de un total de 55.000. En este sentido, el capítulo del hispanista británico Julius Ruiz, sobre la violencia revolucionaria, se aleja de la tesis de que casi todo fue obra de “incontrolables”, sino que contó con “la complicidad de la izquierda española”.. En cambio, sobre la violencia específica contra las mujeres, Adriana Cases señala que, mientras las violaciones en la retaguardia republicana fueron cometidas por milicianos “que ejercieron su poder extralegalmente en los primeros meses de la guerra”, en la rebelde “era una violencia permitida por los mandos, que además se prolongó” durante todo el conflicto.. Mujeres a las que se había rapado la cabeza por su afiliación republicana, en Toledo.Universal History Archive / Getty Images. Más controvertida es la idea que sostienen los coordinadores sobre que Franco prolongó la guerra deliberadamente para extirpar de cuajo al enemigo, tesis defendida incluso por historiadores de izquierda. En cambio, Rodrigo lo tilda de “viejo tópico”, construido por declaraciones del propio dictador y de los italianos, y considera que los tres años de lucha se debieron a la resistencia del Estado republicano, mucho mayor de la esperada.. Por último, esta “historia global” se ocupa largamente de la internacionalización de la guerra, que se ha querido siempre soslayar por la propaganda franquista por aquello del apoyo de Hitler. Historiadores como Ángel Viñas ya han reseñado que fue fundamental la ayuda de Mussolini. El Duce, eufórico tras su campaña en Abisinia, deseaba otra guerra fugaz, para la que desplazaría a unos 80.000 soldados durante el conflicto, a los que hay que sumar 16.800 alemanes. Más el decisivo apoyo aéreo. Por el contrario, los brigadistas que acudieron al rescate de la República se calcula que fueron cerca de 40.000. Esto, unido a la ayuda de la Unión Soviética, decisiva, por ejemplo, en la resistencia de Madrid, y la participación de franceses y alemanes en el protectorado español en Marruecos, clarifica que la nuestra fue también, de algún modo, una guerra europea.. Javier Rodrigo, Miguel Alonso y David Alegre (coordinadores). Galaxia Gutenberg, 2026. 640 páginas, 30 euros.. Búsquelo en su librería
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