El presentador aprovechó la audiencia global de los Oscar para ahondar en el «caos» mundial reinante, en una gala marcada por el calor en la alfombra roja, el alto nivel de seguridad por la presunta amenaza iraní, y el tedio habitual Leer
El presentador aprovechó la audiencia global de los Oscar para ahondar en el «caos» mundial reinante, en una gala marcada por el calor en la alfombra roja, el alto nivel de seguridad por la presunta amenaza iraní, y el tedio habitual Leer
Los Oscar de 2026 serán recordados por el calor sofocante que hacía en la carpa de la alfombra roja, rondando los 30 grados centígrados, por los elevados niveles de seguridad ante el temor a un atentado en medio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y por un Conan O’Brien que se puso profundo y político durante un monólogo que parecía reservado a chistes y ocurrencias varias. Había prometido no ahondar en exceso en el oscuro momento político que atraviesa el país en la segunda gala de los Oscar que presenta, pero fue cayendo en ello de forma sutil.. Le hizo un poderoso guiño a la comunidad latina tras las múltiples redadas migratorias del gobierno de Donald Trump, usando el mismo idioma, el español, para saludar a los espectadores viendo la gala en España, Argentina y Los Ángeles, subrayando la predominancia de los hispanohablantes en la urbe californiana pese a las campañas de deportación masiva orquestadas por Washington.. Después, en un giro inesperado, se puso serio. Conan O’Brien aprovechó la visibilidad del momento, frente a «mil millones de espectadores en todo el mundo», para lanzar en los Oscar un mensaje más propio de un político que de un comediante. Habló del «caos» que reina en el mundo, rindiendo «tributo esta noche, no solo al cine, sino a los ideales del arte global, la colaboración, la paciencia, la resistencia y la más escasa de las cualidades hoy en día, el optimismo», indicó ante los aplausos del público del Dolby Theater. «Vamos a celebrar. No porque pensemos que todo está bien, sino porque trabajamos y esperamos que todo esté mejor».. Antes, en rueda de prensa, Conan O’Brien había dicho que no tenía intención de mencionar a Trump durante su monólogo o a lo largo de la gala de los Oscar 2026. Cumplió pese a las constantes indirectas. Con el resto, no tanto. La gala cayó en el tedio tradicional de tres horas y medio de retransmisión en directo, sin grandes golpes de humor ni momentos especialmente divertidos.. El clásico reparto de chistes y referencias a los nominados dejó un tanto indiferente al personal. A Timothy Chalamet le hizo pagar por sus polémicas declaraciones sobre el ballet y la ópera, diciendo que no le importan a nadie. Lo exprimió durante gran parte de la noche. Se burló de Ted Sarandos, el CEO de Netflix, por estar «por primera vez en un cine» y destacó el hecho de no haber actores británicos nominados por primera vez desde 2012. «Un portavoz contestó: ‘Sí, pero al menos arrestamos a nuestros pedófilos'», en referencia a Jeffrey Epstein.. Lo más interesante o curioso, quizá, fue el empate técnico entre dos cintas. Sucedió en la categoría de cortometraje de live action, con Two People Exchanging Saliva y The Singers compartiendo gloria. Antes había sucedido en seis ocasiones, una de ellas en 1968 entre dos actrices, Katherine Hepburn y Barbra Streisand. O el homenaje al desaparecido Bob Reiner de manos de un Billy Cristal que supo emocionar y contener la emoción. «Las películas de un amigo durarán toda una vida», dijo el actor y protagonista de Cuando Harry encontró a Sally, recordando la lucha del director y su mujer, Michelle Reiner, por los derechos humanos en Estados Unidos.. Más melodramática fue la despedida a Robert Redford, fallecido en septiembre de 2025. Barbra Streisand, su compañera de reparto en Tal como éramos (1973). Tras dedicarle unas palabras a la leyenda y recordar su labor en el festival de Sundance, se arrancó a cantar unos compases de The Way We Were. La voz ya no es la que era.. El que se andó con menos titubeos fue Jimmy Kimmel, tildando Melania de «un documental donde caminas por la Casa Blanca probándote nuevos zapatos». El comediante lleva muchos programas atacando a Trump sin miramientos. Esta vez no fue diferente. Habló de falta de libertad de expresión en países «que no me está permitido mencionar», apuntó entre risas. «Dejémoslo en Corea del Norte y CBS», la cadena ahora en manos de directivos afines al trumpismo. No podían faltar los dardos al republicano.. Más duro y directo que todos los anteriores fue Javier Bardem al presentar el Oscar a mejor película extranjera. «No a la guerra y Palestina libre», dijo, con un letrero en la solapa, escrito en rojo emulando sangre, con esas mismas palabras: No a la guerra. Nunca faltan las reivindicaciones en los Oscar. Y menos cuando está Bardem en la sala.
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