Sabemos desde Luciano de Samósata hasta Sigmund Freud, por lo menos, que el humor y la risa son un mecanismo de defensa contra la angustia provocada por la incertidumbre y el exceso de futuro. Bernat Castany Prado ya trató sobre ello en Una filosofía del miedo, donde nos ofrecía una receta de fármacos, desde Epicuro hasta Spinoza o Nietzsche, para cauterizar con la ayuda de la filosofía esa presura.. Seguir leyendo
Sabemos desde Luciano de Samósata hasta Sigmund Freud, por lo menos, que el humor y la risa son un mecanismo de defensa contra la angustia provocada por la incertidumbre y el exceso de futuro. Bernat Castany Prado ya trató sobre ello en Una filosofía del miedo, donde nos ofrecía una receta de fármacos, desde Epicuro hasta Spinoza o Nietzsche, para cauterizar con la ayuda de la filosofía esa presura. Seguir leyendo
Sabemos desde Luciano de Samósata hasta Sigmund Freud, por lo menos, que el humor y la risa son un mecanismo de defensa contra la angustia provocada por la incertidumbre y el exceso de futuro. Bernat Castany Prado ya trató sobre ello en Una filosofía del miedo, donde nos ofrecía una receta de fármacos, desde Epicuro hasta Spinoza o Nietzsche, para cauterizar con la ayuda de la filosofía esa presura.. Ahora en Una filosofía de la risa, nos prescribe un nuevo recetario para hacer llevadera nuestra frágil condición humana, como diría Sófocles, a la vez terrible y maravillosa, condenada a sufrir y a reír. Su inteligente reflexión sobre el humor como utillaje mental y vital nos conduce ahora, desde Platón a Bergson, y a través de una plétora de nombres mayúsculos de nuestra historia cultural, por un ingenioso carpe ridem que nos condena a reír y a sentir. Castany sitúa en la ironía y la risa el epicentro de la experiencia humana, tanto si nos hallamos en una fiesta como en un funeral. Frente a los apologistas militantes de la agelasia o incapacidad de reír, su argumento principal es que el humor no solo entretiene y divierte, sino que nos ayuda a cuestionar dogmas, relativizar certezas y a saber que tenemos más contradicciones que principios.. Mediante la palabra de Sócrates, Montaigne, Cervantes o Borges nos muestra cómo la tradición filosófica y literaria ha concebido la ironía y la comicidad como otra forma de conocimiento, como una forma de buena vida buena que nos aleje de la teología y del decoro, de los escrúpulos neuróticos de la religión y los sermones de la montaña que nos incapacitan para dar con una forma medianamente sana de vivir y de reír, que, con Rilke, aprendamos al menos a amar las preguntas y las dudas en sí mismas cuando no somos capaces de resolver todo aquello que nos inquieta en nuestros corazones.. El dominio del autor de la erudición y lo cotidiano, del pasado y del presente, nos enseña cómo el humor ha sido y es la herramienta más útil de la crítica y el antídoto frente a fanatismos y dogmatismos, casi siempre fruto de frágiles convicciones o prejuicios irracionales. Siendo de todos conocido que el ser humano vive abonado a la polarización y la indignación, el humor y la risa resultan liberadores; Castany Prado evita tanto una visión ingenua como trascendente de la comicidad, sabedor que para mantener nuestro equilibrio emocional la empatía debe transformarse no pocas veces en em-pa-tu-tía.. El envidioso, que se vale de la risa sardónica para cauterizar sus carencias y enmascarar su disonancia emocional, objetará a este ensayo algunas limitaciones: que si idealiza el poder emancipador del humor, que si le atribuye una capacidad revolucionaria y transformadora excesiva, que si peca aquí y allá de dispersión, que si el autor se muestra siempre estupendo con la apabullante cantidad de referencias filosóficas y literarias aunque sin alcanzar casi nunca la suficiente profundidad, que si solo bebe de la tradición occidental y apenas atiende a perspectivas humorísticas de otras culturas…. Para nada, y quizás no esté de más recordar que Castany Prado es licenciado en Filosofía y Filología Hispánica, que se doctoró con una tesis sobre Borges, que tiene estudios de música y un oído muy fino y una lengua musculada como ser de palabra. No solo es ello una garantía de que nada de lo contado es fruto de la pedantería y el abuso de la erudición de la nota a pie de página, sino que el humor y el pulso narrativo de Castany Prado no solo nos atrapa desde la primera página, sino que nos enseña, como hace con los suyos, a reír en serie, en serio y en sirio, a saber, que el sapere aude kantiano sería imposible de soportar sin el ridere aude de la ironía y el humor. Solo con una filosofía de la risa y haciendo de lo aparentemente ligero un asunto de primer orden seremos capaces de desenmascarar y desarmar las falsedades de los otros y de nosotros, de reírnos con franqueza de la enfermiza propensión que tenemos a dramatizar nuestras vidas o victimizarnos. Si no podemos casi nunca dar con la verdad o definir nuestra identidad, buscarla al menos, como los filósofos cínicos, siempre riendo.. Bernat Castany Prado. Anagrama, 2026. 400 páginas. 21,90 euros. Búsquelo en su librería
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