Desde que Harold Bloom puso el Juicio Final de Miguel Ángel en la cubierta de su famoso catálogo occidental de 1994 sabemos que todo canon es fruto del miedo. O por decirlo de un modo menos apocalíptico y con una palabra empleada por el propio Bloom: que todo canon es una elegía. También lo es este, centrado en el premio Formentor.. Seguir leyendo
Desde que Harold Bloom puso el Juicio Final de Miguel Ángel en la cubierta de su famoso catálogo occidental de 1994 sabemos que todo canon es fruto del miedo. O por decirlo de un modo menos apocalíptico y con una palabra empleada por el propio Bloom: que todo canon es una elegía. También lo es este, centrado en el premio Formentor. Seguir leyendo
Desde que Harold Bloom puso el Juicio Final de Miguel Ángel en la cubierta de su famoso catálogo occidental de 1994 sabemos que todo canon es fruto del miedo. O por decirlo de un modo menos apocalíptico y con una palabra empleada por el propio Bloom: que todo canon es una elegía. También lo es este, centrado en el premio Formentor.. El, según los testigos, espectacular cabo de la isla de Mallorca y el hotel del mismo nombre están asociados al mundo de la cultura desde que en 1936 tuvo lugar allí una, como suena, Semana de la Sabiduría. Pasados 20 años de la Guerra Civil, en la “luna llena de mayo” de 1959, es decir, entre los días 18 y 25 se desarrollaron en ese mismo lugar unas Conversaciones poéticas que desde hace décadas tienen su espacio en las historias de la literatura española del siglo XX. Fue una iniciativa de Camilo José Cela, que en 1954 se había instalado en la isla y, en 1956, fundado la revista Papeles de Son Armadans. “Predominaba un sentimiento / de general jubilación”, comienza el famoso poema que dedicó Jaime Gil de Biedma a un encuentro al que los más jóvenes acudieron, en palabras de Carme Riera, “para dejarse ver y darse a conocer”.. Esos jóvenes eran, entre otros, el propio Jaime Gil, José Agustín Goytisolo y Carlos Barral. Este último —como editor de Seix Barral― fue el gran impulsor del Primer Coloquio Internacional sobre Novela, celebrado en el mismo hotel en los días que siguieron al encuentro poético y, de nuevo, con la complicidad de Cela. Allí se fraguó la primera etapa del premio Formentor, que duró solo siete años ―de 1961 a 1967 (en 1966, además, no se falló)― pese a contar con la participación activa de gigantes de la edición como Giulio Einaudi o Claude Gallimard. Los desacuerdos de partida ―que se prolongarían en cada edición― dividieron el galardón en dos: uno al libro de un autor consagrado pero no necesariamente muy difundido globalmente; otro a una novela inédita que luego se traducía en todo el mundo. El primero lo obtuvieron Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Uwe Johnson, Carlo Emilio Gadda, Nathalie Sarraute, Saul Bellow y Witold Gombrowicz. El segundo, Juan García Hortelano, Dacia Maraini, Jorge Semprún, Gisela Elsner y Stephen Schneck.. “Menos politizado” que iniciativas de espíritu similar “y más comercial en su enfoque (lo que, de hecho, le permitió existir), Formentor fue, no obstante, un acto de resistencia editorial”, escribe Antoine Gallimard, hijo de Claude. La presión del franquismo expulsó el premio de Mallorca y lo obligó a una itinerancia por Corfú, Salzburgo o Túnez, pero el contacto con autores y editores internacionales sacudió para siempre la literatura española de la posguerra, retratada así en una carta de Mary McCarthy a Hannah Arendt tras participar en un coloquio sobre el realismo celebrado en Madrid: “Para ellos la literatura moderna se resume en un combate entre el realismo socialista y el nouveau roman. Lukács aprendido a través de Lucien Goldman, era su Tomás de Aquino, y sus discursos fueron sumamente escolásticos. (…) La única literatura extranjera que conocían era la francesa, aunque algunos habían oído hablar del neorrealismo italiano”.. Annie Arnaux (derecha) con su traductora, Lydia Vázquez, en la entrega del Premio Formentor de 2019.CATI CLADERA (FUNDACIÓN FORMENTOR). Cuando el 2011 renació el premio bajo el impulso de Basilio Baltasar lo hizo con un espíritu muy diferente y, sobre todo, en un panorama radicalmente distinto. Ya no premia obras sino trayectorias (de Carlos Fuentes a Gonçalo M. Tavares pasando por Enrique Vila-Matas o Liudmila Ulítskaya; 13 hombres, 3 mujeres) y a ningún participante en las conversaciones actuales se le ocurriría defender apasionadamente, como en su día hicieron Elio Vittorini y Alain Robbe-Grillet, que la novela debe ser realista y contribuir a la transformación social “en sentido histórico” o bien que el realismo es algo “circunstancial” cuando no “innecesario”. Como dijo Javier Marías en su discurso del galardón, “entre 1963, por ejemplo, y 2013 no hay 50 años, sino tal vez un par de siglos”.. Si el premio que imaginaron Einaudi y Barral era una suerte de “anti-Nobel” o, “mejor aún”, en palabras del primero, “la superación del Nobel” (Beckett y Bellow lo ganarían después), el actual se enorgullece, con razón, de haber sido su antesala en el caso de Annie Ernaux y László Krasznahorkai. Por otro lado, hoy no hay semana ni capital de provincia sin su festival literario, ni día del año sin su mesa redonda. La literatura es hoy un asunto global y hasta industrial. Nada que ver con la autarquía del franquismo, aunque, como recuerda Josep Massot, la novela de Stephen Schneck que ganó en 1965, The Nightclerk, sigue inédita en castellano.. El canon Formentor es fruto de ese estado de cosas. Tiene su parte histórica y su parte elegíaca (incluso una parte, mínima pero algo enojosa, de libro de empresa). La parte de elegía ―el canon del cisne― subraya temores que ya tenían los viejos maestros cuando alertaban en Formentor sobre la progresiva desafección del público (Delibes) o la competencia que suponía la pujanza del cine y la televisión (Martín Gaite). Asuntos como el “buen gusto”, la “disidencia literaria”, la “autoridad de las bellas letras” o la “influencia cultural de la ficción literaria” no parecen ocupar hoy demasiado espacio en las mesas de novedades. Tal vez nunca lo ocuparon.. Por otra parte, aunque ese sea su subtítulo, este canon parcial no es tanto “una historia de la literatura” como un repaso a la trayectoria de un premio importante. Y, sobre todo, una invitación a la lectura, una valiosa recopilación de discursos y reflexiones de y sobre autores que han escrito algunos de los títulos clave de la literatura reciente.. Fundación Formentor. Preámbulos de Jorge Herralde, Antoine Gallimard y Basilio Baltasar. Fundación Feltrinelli / Anagrama, 2026. 726 páginas. 37 euros. 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