Cuando le conté a mi hija que íbamos a ver un eclipse casi se muere de miedo. No quería ir a verlo, no quería que viniera, no quería que el eclipse “entrara por la ventana”. Tampoco es raro: la reacción habitual de la humanidad a la ocultación del sol y la repentina llegada de las tinieblas, sobre todo en tiempos precientíficos, ha sido el miedo. Y mi hijita, que tiene cuatro años, es precientífica. A mí, bien pensado, y siendo científico de formación, también me da miedo.. Seguir leyendo
Una de las razones de la soberbia humana radica en la pérdida de contacto con los cielos: el eclipse puede devolvernos algo de humildad y fraternidad… aunque el efecto solo dure un par de días
Cuando le conté a mi hija que íbamos a ver un eclipse casi se muere de miedo. No quería ir a verlo, no quería que viniera, no quería que el eclipse “entrara por la ventana”. Tampoco es raro: la reacción habitual de la humanidad a la ocultación del sol y la repentina llegada de las tinieblas, sobre todo en tiempos precientíficos, ha sido el miedo. Y mi hijita, que tiene cuatro años, es precientífica. A mí, bien pensado, y siendo científico de formación, también me da miedo.. Me licencié en Astrofísica, como tantos otros engañadados por el verbo hondo, el flequillo y el cuello vuelto de Carl Sagan en Cosmos(era el crush de mi madre). Estudiar cotidianamente asuntos como el origen y el fin del universo (!) para luego volver a casa a prepararme un bocata de pechuga de pollo con lechuga y mayonesa no me parecía normal, por eso sufría tanta ansiedad y me arrojaba a las drogas. También era terrorífico, por cierto, calcular eclipses en coordenadas esféricas de Bessel, pero eso es otra historia.. ¿En qué cabeza caben la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo? Ni siquiera hacer falta ponerse tan cosmológico: el mero hecho de que la Tierra sea una pelota deforme que flota en el espacio vacío, orbitando a alrededor de una gigantesca bola de fuego que alberga furiosas termonucleares, ya parece una idea propia del horror lovecraftiano. Hay días más tranquilos en los que simplemente temo que el planeta se salga de su órbita, o que impacte un asteroide, o que se produzca en cualquier momento una explosión de rayos gamma en la vecindad solar que nos barra del planeta (aunque la idea de que la humanidad se extinga cada vez me resulta más halagüeña).. Finalmente, mi hijita Candela, en vista del fervor circundante, sí quiere ver el eclipse, y, como somos asturianos, pues miel sobre hojuelas, porque aquí es donde mejor se ve, los pisos turísticos están por las nubes y los periódicos locales regalan las gafas ISO 12312-2 (ojo, que algunas son del palo). Mirando la amplia oferta de este producto, estaba fantaseando el otro día con la existencia de negacionistas de las gafas del eclipse, ahora que hay negacionistas de todo. ¡Si toda la vida hemos mirado el sol sin mayor problema! ¡Si esas gafas son una estrategia woke de Bill Gates para sacarnos los cuartos y dominar nuestra mente! Se quedarían con los ojos a la parrilla, en una especie de justicia poética.. Mongolia. Provincia de Khovd. Eclipse solar total del 1 de agosto de 2008. Dos familias francesas con gafas especiales.Tuul & Bruno Morandi (Getty Images). La cerrilidad de mis congéneres, que se ha hecho tan evidente desde que podemos leer la mente del otro por las redes, es una de las razones por las que la extinción total cada vez me parece una opción más saludable: limpiaría el universo, en su perfección físico-matemática, de esta mancha que somos los humanos.. Creo, curiosamente, que una de las razones de nuestra soberbia radica en la pérdida de contacto con los cielos. Desde los antiguos, la humanidad midió su pequeñez en comparación con la magnitud del firmamento. Los seres humanos proyectaban allí sus esperanzas y temores, e incluso inscribían sus dioses y leyendas en las constelaciones. Un eclipse, entonces, era algo terrorífico, ajeno a nuestro control y comprensión. Ahora no miramos el cielo, vivimos en ciudades saturadas de contaminación lumínica con un cielo borroso tipo Blade runner en el que las estrellas que aparecen se cuentan con los dedos.. Por eso ahora nos creemos que los dioses somos nosotros y todo nos da igual.. Dicen por ahí que el eclipse puede darnos una idea de nuestra insignificancia ante dos dioses impasibles —Helios, Selene— que se cruzan en el cielo, borrarnos la soberbia y hacernos sentir algo parecido a la fraternidad. Por eso tengo ganas de ver el eclipse, dejar de sentirme un pequeño diosecillo ante la indiferencia majestuosa del cosmos y que mi hija entienda que debemos ser humildes.. Aunque también dicen por ahí que el efecto solo dura un par de días.
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