La muerte de la ópera se escenificó, con solemnidad casi litúrgica, hace poco más de un siglo. La noche del 25 de abril de 1926, en La Scala de Milán, Arturo Toscanini dirigió el estreno mundial de Turandot, la obra que Giacomo Puccini había dejado inconclusa al morir 17 meses antes. El director la detuvo justo donde el compositor había soltado la pluma: en la pausa general del tercer acto que sigue al lamento del coro por la muerte de la esclava Liù. Entonces dejó la batuta, se volvió hacia el patio de butacas y anunció: “Qui finisce l’opera, perché a questo punto il maestro è morto” (“aquí termina la ópera, porque en este punto murió el maestro”). El telón bajó despacio. El final redactado por Franco Alfano no sonaría hasta la segunda función.
La muerte de la ópera se escenificó, con solemnidad casi litúrgica, hace poco más de un siglo. La noche del 25 de abril de 1926, en La Scala de Milán, Arturo Toscanini dirigió el estreno mundial de Turandot, la obra que Giacomo Puccini había dejado inconclusa al morir 17 meses antes. El director la detuvo justo donde el compositor había soltado la pluma: en la pausa general del tercer acto que sigue al lamento del coro por la muerte de la esclava Liù. Entonces dejó la batuta, se volvió hacia el patio de butacas y anunció: “Qui finisce l’opera, perché a questo punto il maestro è morto” (“aquí termina la ópera, porque en este punto murió el maestro”). El telón bajó despacio. El final redactado por Franco Alfano no sonaría hasta la segunda función. Seguir leyendo EL PAÍS
La muerte de la ópera se escenificó, con solemnidad casi litúrgica, hace poco más de un siglo. La noche del 25 de abril de 1926, en La Scala de Milán, Arturo Toscanini dirigió el estreno mundial de Turandot, la obra que Giacomo Puccini había dejado inconclusa al morir 17 meses antes. El director la detuvo justo donde el compositor había soltado la pluma: en la pausa general del tercer acto que sigue al lamento del coro por la muerte de la esclava Liù. Entonces dejó la batuta, se volvió hacia el patio de butacas y anunció: “Qui finisce l’opera, perché a questo punto il maestro è morto” (“aquí termina la ópera, porque en este punto murió el maestro”). El telón bajó despacio. El final redactado por Franco Alfano no sonaría hasta la segunda función.
