Andaba yo preparando un libro que me exigía reunirme con periodistas talluditos para que me contasen historias, y amenacé con llamarle “un día de estos” para sonsacárselas. “Llámame cuando quieras —me dijo—, pero como tardes mucho, igual me llamas después de muerto”. Era paradójico que alguien tan supersticioso, tan coqueto y que se enfadaba tanto si le llamaban viejo bromease con ese desparpajo sobre la muerte.. Seguir leyendo
Quiso trasponer el espíritu de las tertulias a la tele, lo que suponía, en cierta forma, socializar una cultura que solo disfrutaban cuatro señoritos
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