“Cuando bebes, ocurren cosas”, describía Bukowski de forma tan exótica pero también veraz el efecto del alcohol sobre sus consumidores, lo que les ocurre en su comportamiento, en su desinhibición, en su mente y tal vez en su corazón, esas cositas que estaban acorazadas. Puede ser motivo de alegría y también conducir al desastre en su repetición. Es un cuelgue que puede provocar lo mejor y lo peor. O sea, ocurren cosas. ¿Y qué les pasa —yo creo que exclusivamente— a los ancianos cuando ven resignadamente la tele, o al resto de la humanidad, esos infinitos ultracuerpos, acompañados en todos los momentos de su vida de los teléfonos móviles? ¿Qué ocurriría si alguna vez les quitaran los aparatos tecnológicos, si tuvieran que enfrentarse al vacío o a la nada? Si falla tu droga exclusiva, ¿cómo sobrevives a la realidad?. Seguir leyendo
La televisión sigue funcionando excrementiciamente amparada en la publicidad. Esta debe de estar muy barata y es deleznable
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