Esteban, Javier y Luismi Ibarretxe fallecieron demasiado pronto, en un lapso muy breve, y dejaron tras de sí un cajón lleno de películas insólitas e incompatibles con el presente que les tocó. Leer
Esteban, Javier y Luismi Ibarretxe fallecieron demasiado pronto, en un lapso muy breve, y dejaron tras de sí un cajón lleno de películas insólitas e incompatibles con el presente que les tocó. Leer
La expresión «artista maldito» encierra una paradoja. Reconocer a un artista que ya no está entre nosotros con monográficos, exposiciones, ciclos y documentales es síntoma de que ese artista ha vencido al tiempo, al menos por el momento. Pero llamamos maldición a sus dificultades o su fracaso total contra una fracción infinitesimal de ese mismo tiempo, el minúsculo puñado de décadas en las que tuvo oportunidad de florecer.. El presente es ciego, está contaminado por la actualidad, las modas, la falta de perspectiva y las ambiciones mundanas. Sin embargo es el escenario en el que un artista puede ser ejecutado. Podrá desangrarse durante años o ser decapitado en cuestión de minutos en un festival. Y aunque en el momento todos nos pongamos de acuerdo en declararle culpable de sus errores, en el fondo sabemos que el éxito artístico en vida tiene un componente impredecible, accidental, es prácticamente magia.. El artista competente que calcula al milímetro cómo meterse el presente en el bolsillo podrá resolver con éxito la ecuación mientras viva pero después tiende a ser olvidado, como esos programas de televisión que dominan las conversaciones y las audiencias pero que nadie menciona el día después de volatizarse. El artista maldito es el opuesto diametral, es esa rara criatura que ha perdido todas las batallas pero ha ganado la guerra.. El documental Esto no es Hollywood, de Jone Ibarretxe y Nere Falagan, de lejos parece una reivindicación del cine de Esteban, Javier y Luismi Ibarretxe, tres hermanos que fallecieron demasiado pronto, en un lapso muy breve, dejando tras de sí un cajón lleno de películas insólitas que fueron incompatibles con el presente que les tocó.. Pero Jone, la hija de Luismi, no está interesada en levantar ningún altar ni en señalar injusticias. Tampoco quiere compartir el inmenso dolor y desconcierto tras este redoble terrible de muertes prematuras. Jone tenía todo el derecho del mundo a hacer un documental sentimental, ya hemos aplaudido miles así y lo volveríamos a hacer. Sin embargo ha decidido algo extraordinario, confesar sus incertidumbres ante la aventura que consumió a su padre y sus dos tíos. Somos muchos los que salimos expresando cariño y agradecimiento por haber formado parte de la leyenda de los Ibarretxe (yo mismo nací como cineasta bajo su manto y el de su productor, Eduardo Carneros). Pero es ella la que pone en el otro plato de la balanza el sufrimiento de puertas adentro, la ruina económica, el vacío desordenado que dejan detrás tres artistas que vivían en un país y una época diferente a la del resto del planeta. Al final, en el momento más estremecedor de todos, Jone se reconcilia con la posibilidad de que todo descanse en el olvido.
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