Decir que Julio Iglesias Preysler está acostumbrado a los focos y a las fotos, aparte de una obviedad, es quedarse muy corto. “Busca a la cámara con los ojos, ¿sabes cómo te digo?”, le pide el fotógrafo al retratarlo, y el retratado, además de obedecerle, se parte de risa: “Eso mismo le pedían los fotógrafos a mi padre en los ochenta en las miles de sesiones a las que le acompañé, así que fíjate si sé cómo me dices”, responde. Hijo de Julio Iglesias e Isabel Preysler, famoso desde el embarazo de su madre, Julio Iglesias Jr., como se anuncia en los carteles, domina el medio con sus 53 años de experiencia, los mismos que lleva en el mundo.
El hijo mediano de Julio Iglesias e Isabel Preysler, de 53 años, emprende una gira por teatros cantando temas clásicos de su progenitor, consciente del tirón de su saga. “En mi familia hay chisme para todo el mundo”, reconoce EL PAÍS
Decir que Julio Iglesias Preysler está acostumbrado a los focos y a las fotos, aparte de una obviedad, es quedarse muy corto. “Busca a la cámara con los ojos, ¿sabes cómo te digo?”, le pide el fotógrafo al retratarlo, y el retratado, además de obedecerle, se parte de risa: “Eso mismo le pedían los fotógrafos a mi padre en los ochenta en las miles de sesiones a las que le acompañé, así que fíjate si sé cómo me dices”, responde. Hijo de Julio Iglesias e Isabel Preysler, famoso desde el embarazo de su madre, Julio Iglesias Jr., como se anuncia en los carteles, domina el medio con sus 53 años de experiencia, los mismos que lleva en el mundo.
Puede que esta semana lo hayan visto hasta en la sopa, promocionando su gira de conciertos en teatros cantando las canciones de su padre. Cara a cara, se muestra simpático y profesionalísimo, pero solo dice lo que tiene pensado decir. Y, aunque mira a los ojos, en el fondo de los suyos asoma el puntito de impaciencia del que cuenta los minutos que le quedan para la salida del trabajo. Lleva toda la vida viviendo de esto.
¿Cuántas entrevistas de promoción lleva?
Creo que esta es la número 36, y las que me quedan, pero yo encantadísimo. Esto para mí no es un trabajo, sino un lujo. Estoy haciendo lo que me gusta. Vengo para hacer algo que me divierte y me apasiona. Además, estoy en Madrid, que para mí es mi casa, y me alojo en casa de mi madre, ¿qué más quiero?
Ha vivido más en Estados Unidos, donde lo llevó su padre junto a sus hermanos, siendo un niño, tras el secuestro de su abuelo por ETA.
Fueron tiempos difíciles porque echábamos mucho de menos a mi madre, pero, a la vez, éramos muy niños y me acostumbré muy rápido, no fue traumático para nada.
Ha llamado a su gira Julio Iglesias experience, por Julio Iglesias Jr., jugando con su nombre y el de su padre. ¿Teme a las comparaciones?
Ya me sé ese refrán de que las comparaciones son odiosas, pero no me siento aludido. Cualquier cosa que he hecho en mi vida, lo he hecho con mi espíritu y lo mejor que he podido. Resulta que mi padre es Julio Iglesias, que es uno de los cantantes más exitosos de la música, no solo en español, en todo el mundo. Yo, a día de hoy, todavía escucho a mi padre cantar, aunque sea en la radio de un taxi, y se me cae la baba, se me pone la piel de gallina. Empecé a ir a sus conciertos con 7 años, y estando de gira con él cuando tenía vacaciones en el colegio es donde aprendí lo que es ser artista. Sé lo difícil que es cantar y encantar. Dificilísimo. Cuando yo hago esta gira es porque mi padre me anima.
¿Qué le dijo?
Me dijo: “Hijo mío, eres quien mejor lo puede hacer. Estas canciones las has vivido, las conoces casi mejor que yo, son tuyas. Tienes que cantarlas”. Y aquí estoy.
¿No le temblará la voz, o las piernas, al hacerlo en escenarios pequeños?
No, al revés. Me encanta hacerlo en España, en teatros, a pelo, con mis músicos, sin numeritos, para que la gente me vea. Y yo verla a ella, cómo siente cuando canto La vida sigue igual o Me olvidé de vivir.
¿Usted se ha olvidado de vivir?
No, yo he vivido mucho y a tope, y aún lo hago. Nunca me aburro. Mis mejores amigos, que conservo, son los de la infancia. Ha llovido mucho desde entonces, pero todos me dicen lo mismo: “Julio, nunca te aburres, siempre tienes algo que hacer, siempre intentas ser feliz”. Todos tenemos baches, no todo es color de rosa, pero siempre veo el lado positivo. Soy alegre, espontáneo y no tengo nada que esconder. Nada.
Su familia está llena de celebridades. ¿Alguna vez se ha sentido a la sombra de su padre, su madre o sus hermanos?
Jamás, al revés. Me levanto todos los días dándome con un canto en los dientes de la suerte que he tenido en la vida. Soy muy consciente de dónde vengo. Si estoy subido a un escenario es porque vengo de ser hijo de un gran artista, como es Julio Iglesias. Si no fuera hijo de mi padre, yo no sería cantante. Precisamente, el haber visto 80.000 conciertos de mi padre y, cada vez, emocionarme de ver cómo emocionaba él a la gente, es la razón por la que me subo a un escenario a cantar.

¿Nunca pensó en dedicarse a otra cosa?
Me encanta el deporte. Siempre se me ha dado con mucha facilidad y soy bueno en todo. Fútbol, tenis, deportes acuáticos. Soy muy ágil y habilidoso. Pero es una afición, porque ser deportista de élite es otra cosa y requiere otro esfuerzo. Pero, vamos, que yo hago de todo. Si no estoy escribiendo música, estoy haciendo deporte o pasando tiempo con mis amigos. Soy electricista, jardinero, mecánico, fontanero, no tengo tiempo para aburrirme.
Televisión Española retiró su programa de reformas con su hermana Chabeli, Los Iglesias: hermanos a la obra, por baja audiencia. ¿Cómo le afectan los reveses profesionales?
Pues no me quedo llorando, simplemente digo: “Next”, y me meto en otra cosa. Ya ves que me estoy subiendo a otro escenario.
¿Cuándo se dio cuenta de que su padre era famosísimo?
Cuando, de repente, las madres de mis amigos de la infancia de Madrid me empezaron a preguntar que cuándo iba a venir mi padre a recogerme al colegio. Y cuando, con 11 años, me voy de gira con él y lo veo cantar en Wembley, en el Bernabéu, dos meses en Japón: Tokio, Nagasaki, Nagoya, y cómo lo recibían, me di cuenta de que era un ídolo.
¿Y su madre? Ella no canta ni actúa.
Pues desde que recuerdo, porque cuando salíamos de casa había 80 periodistas y fotógrafos esperándonos en la puerta de Arga, 1, la casa donde vivíamos.
Era usted un niño, ¿le molestaba esa exposición?
Nunca, jamás. No tengo ningún trauma, y te aseguro que ni mi hermano Enrique ni mi hermana Chabeli, tampoco.
Dicen que para crecer hay que “matar al padre” figuradamente, ¿nunca tuvo un ataque de rebeldía para individualizarse?
Bueno, a lo mejor la única rebeldía que tuve en mi adolescencia fue que, a los 18 años, en vez de quedarme a estudiar en la Universidad de Miami, o de venirme con mi madre a Madrid, decidí irme a la de California, al otro extremo, no me preguntes por qué. No sé si se le puede llamar a eso rebeldía. Me gusta el surf y otro tipo de cosas más hippies y me quedé allí muchísimos años.
¿Cómo lleva la travesía de los 50?
Tengo muy buena memoria y me acuerdo de que, cuando yo tenía 20 años y veía a un hombre de 50, me parecía un viejo. Obviamente, los tiempos han cambiado. Pero te das cuenta de que te vas haciendo mayor.
¿Le han entrado las prisas por hacer algo?
Pues lo único que me estoy planteando es lo de los hijos, porque eso sí que es ahora o nunca: quiero tener energía y disciplina para criarlos. Le estoy dando vueltas: me apetece, no me apetece, me va a cambiar, no me va a cambiar. Sé lo que son los niños. Tengo sobrinos y estoy saliendo con una persona maravillosa que tiene un hijo que va a cumplir un año, así que sé lo que es convivir con un crío: tengo un stepson. Cómo se dice en español, ¿hijastro? Qué feo, ¿no?
Usted tiene hermanos de padre y de madre; solo de padre, y solo de madre. Ha tenido “madrastras” y “padrastros”: un ministro, un marqués, un Premio Nobel. ¿Es complicado llevarse bien con todos?
Al revés, es divertidísimo, porque en mi familia hay historias y chismes para todo el mundo. No es tan raro. Eso te hace muchísimo más abierto. A mí ya no me sorprende nada, he visto de todo, he vivido de todo, pero me encanta mi vida.
No tiene problemas de autoestima.
Pues mira, no. Tengo mi lado de locura, pero me caigo bien. Me gustaría que mi hija se casara con un tío como yo, ¿qué te parece?
Me parece que es capaz de reírse hasta de su sombra.
Completamente. Yo he jugado con un globo, a las canicas, a las chapas, al parchís. ¿cómo explicarte? Me lo he pasado bomba en el monte del Pardo, con 12 o 13 años, escuchando Carrusel Deportivo, haciendo la quiniela. He vivido la vida loca americana. He viajado por el mundo entero. Pero leo los periódicos y sé lo bueno y lo malo que está pasando en el mundo.
Entonces, habrá visto en los periódicos a su padre acusado de acoso laboral y sexual por dos exempleadas. ¿Cómo se lleva eso?
Claro que lo he visto. A mí me ha puesto muy triste, me ha dado muchísima pena por mi padre, porque es una gran persona y, te repito, si no fuera por mi padre, yo no estaría aquí. Sé cómo es, como persona y como artista y como padre, cómo trata a la gente. Me ha puesto muy triste verle a él triste. Pero todo está en manos de la justicia, al final saldrá la verdad y se va a ver todo, gracias a Dios.
Cita mucho a Dios, ¿Es creyente?
Claro, creo en Dios Todopoderoso y rezo todos los días desde que era pequeño. Si no fuera por Diosito…
LA FAMA Y LA LANA
Julio José Iglesias Preysler (Madrid, 53 años) es famoso desde antes de nacer. Segundo hijo del cantante Julio Iglesias y de su primera esposa, Isabel Preysler, quizá la primera influencer en España antes de que se inventara el término, Julio José lleva décadas intentando construirse una carrera musical sin lograr la repercusión de su padre o de su hermano Enrique, lo que no ha sido óbice para que la suya sea una presencia habitual en los medios de la crónica social, vinculada casi siempre a sus relaciones familiares y sentimentales. Él lo sabe. Y no se queja: «Soy un privilegiado, sé de dónde vengo».
