Takashi Yamazaki vuelve a demostrar en una hipnótica y monstruosa continuación que, por grandes que sean los desastres, la desolación, como las procesiones, va por dentro Leer
Takashi Yamazaki vuelve a demostrar en una hipnótica y monstruosa continuación que, por grandes que sean los desastres, la desolación, como las procesiones, va por dentro Leer
El alma del kaiju es inmortal. Todas, a su modo, lo son, pero la de criaturas como Godzilla o King Ghidorah más. De hecho, la eternidad no es tanto un tiempo interminable como un presente que no acaba. Lo eterno no es más que un tiempo sin tiempo, que diría el poeta. Godzilla Minus Zero existe para demostrarnos que aún es posible un cine suspendido de la simple, inmutable y perenne capacidad de asombro. Nada más. Eterno por tanto. Sobre el papel, se diría que se trata de una secuela. Y en efecto, así lo indicaría cada uno de sus elementos. El guion continúa la historia de la familia formada por el ex piloto kamikaze de la Segunda Guerra Mundial (Ryunosuke Kamiki), su ahora mujer contaminada por restos biológicos de la criatura del averno (Minamo Hamabe) y la hija adoptiva de ambos Akiko (Sae Nagatani). A su lado, el científico y superviviente de Hiroshima con una secreta ambición de venganza (Min Tanaka) y el esforzado y nervioso funcionario (Hidetake Yoshioka), que solo quiere hacer bien su trabajo. Y al fondo, que también es el primer plano, los dos formidables engendros de la naturaleza como metáfora perfecta de lo que somos.. Sin embargo, y pese al propio argumento argumento, Godzilla Minus Zero no es tanto continuación de la obra maestra Godzilla Minus One como simple y elemental repetición. O, mejor, eliminación del propio tiempo. Eterna por tanto. Takashi Yamazaki, que no en balde además del guion y la dirección firma la coordinación de los efectos visuales, regresa al escenario por fuerza post-apocalíptico de la Segunda Guerra Mundial. Estamos en los años 40 y al presuntamente desaparecido y muy radiactivo Godzilla le sustituye ahora el conocido por el sobrenombre de Rey del Terror (ese decir, el volador y aún más radiactivo King Ghidorah). Pero, como siempre que las cosas se pueden complicar, acaban por explotar, la noticia de la muerte de Godzilla tal y como transcendió en la anterior entrega pronto se descubre un bulo. No es fácil acabar con un dios. La mentalidad práctica de los servidores del Estado ideará un plan: enfrentar a los dos monstruos (eso son) para acto seguido atacar con todo al superviviente por fuerza debilitado.. Desde aquí, Yamazaki no solo rehabilita la iconografía kaiju en todo su inmortal esplendor lejos de la brillante heterodoxia de ensayos como Shin Godzilla y a años luz de los empeños estandarizados y tristes de Hollywood, sino que la renueva. Otra vez.La idea no es otra que reconstruir desde el pasado los miedos del presente para alertar sobre las inminentes catástrofes del futuro. Y hacerlo, y esto es lo relevante, desde el poder de una mitología sin tiempo. El director no solo compone los más espectaculares e hipnóticos de los combates entre criaturas a la vez tan perfectamente imposibles como cercanas, casi íntimas, sino que acierta a rimar la desmesura animal de las imágenes con la poesía callada de un drama humano, demasiado humano.. En puridad, decíamos, la nueva película no hace más que invocar ante los ojos del espectador el arrebatador encanto terrorífico de la anterior entrega. La aspiración no es tanto ofrecer más, que también, como recuperar intacta e idéntica la emoción del estupor primigenio. La imagen soñada de un Nueva York destruido no hace más que añadir pasmo al propio pasmo. Por lo demás, y a un lado, la errática deriva de un guion que por momentos devora alguna que otra explicación necesaria, el resultado es una película de las que se disfrutan con las retinas incandescentes, con el alma el vilo, con Godzilla siempre de nuestro lado. Aunque nos pese. Sin tiempo.. —. Director: Takashi Yamazaki. Intérpretes: Ryunosuke Kamiki, Minami Hamabe, Miou Tanaka, Jun Kunimura. Duración: 135 minutos. Nacionalidad: Japón.
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