Ya sean Maduro o Luigi Mangione, hoy leemos los acontecimientos buscando el meme y lo espectacular, consumiéndolo todo como entretenimiento Leer
Ya sean Maduro o Luigi Mangione, hoy leemos los acontecimientos buscando el meme y lo espectacular, consumiéndolo todo como entretenimiento Leer
Luce el gris de los chándales clásicos, pero con toques modernos. Tejido de fibras recicladas, un bolsillo en el brazo, de esos para el móvil… Hay tallas para personas altas. Como el dictador. El modelo de la web mide 189 cm y viste la 2XL. Agotada. Un tirano cae en Venezuela y su chándal arrasa en España.. La captura de Nicolás Maduro nos devuelve nuestra forma de vivir hoy los acontecimientos.. Conectados a todas horas, quedamos hipnotizados por el guion peliculero y el chascarrillo: las chanzas por la equipación chavista del Mallorca (mismo chándal de Nike), memes infinitos, el fabricante de la camiseta de Maduro explicándole que viste «azul patriota»…. Me recuerda a lo que ocurrió hace unos meses con Luigi Mangione. Salvando las distancias (físicas) y la magnitud del asunto, en ambos casos nos sedujo lo mundano. El innegable atractivo del asesino, la ironía de que el venezolano haya cambiado el táctel bolivariano por una marca capitalista.. Nadie recuerda cómo se llamaba la víctima de Mangione -era Brian Thompson, CEO de una aseguradora médica-, pero el asesino ya tiene su propio musical. Habrá película sobre Maduro, como en su día hubo de Bin Laden. Cuando mataron al líder de Al Qaeda, también quedamos fascinados por aquellos detalles de su vida en el escondrijo de Abbottabad. «El ordenador de Bin Laden guardaba películas Disney, porno y videojuegos», rezaban las crónicas.. Hemos llevado a un nuevo nivel la banalización de la información de la que hablaba Neil Postman en Divertirse hasta morir. En los 80, el sociólogo avisaba de que la televisión nos había conducido a «un mundo lúdico» que presentaba «todos los asuntos como entretenimiento». Un mar de hechos fragmentados en busca de la novedad y el espectáculo.. De igual modo, hoy consumimos fotos, reels y alertas sin tiempo ni ganas de profundizar. Procesamos la realidad a través del filtro de nuestras pantallas, como si fuera una ficción.. «Lo pude ver en tiempo real. Lo vi, literalmente, como si se tratase de un programa de televisión». Quien así hablaba era el propio Trump, solo unas horas después de ver desde su club de Florida cómo capturaban al dictador. «Si hubieras visto la velocidad, la violencia…».. Y así, en este enganche sin fin a lo sensacional, saltamos de serie en serie, de temporada en temporada de la realidad. En cuanto llegue un acontecimiento más cinematográfico, olvidaremos Venezuela. Mientras, Instagram me tienta: todavía puedo comprar el chándal de Maduro.
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