Las letras doradas de la fachada de la librería Pérgamo se quedan en la calle del General Oráa de Madrid. Cuando sus inquilinos anunciaron el pasado 12 de octubre que no les renovaban el alquiler y que se marchaban, todos asumieron que la especulación inmobiliaria había sido la culpable. No era así. Además, en aquel momento publicaron un comunicado en el que aseguraban que Pérgamo no continuaría en la mítica dirección en el barrio de Salamanca. “Ya estamos trabajando para que la comunidad de Pérgamo pueda seguir creciendo en un nuevo espacio”, se puede leer en sus redes sociales. Tampoco será así.. Seguir leyendo
Las letras doradas de la fachada de la librería Pérgamo se quedan en la calle del General Oráa de Madrid. Cuando sus inquilinos anunciaron el pasado 12 de octubre que no les renovaban el alquiler y que se marchaban, todos asumieron que la especulación inmobiliaria había sido la culpable. No era así. Además, en aquel momento publicaron un comunicado en el que aseguraban que Pérgamo no continuaría en la mítica dirección en el barrio de Salamanca. “Ya estamos trabajando para que la comunidad de Pérgamo pueda seguir creciendo en un nuevo espacio”, se puede leer en sus redes sociales. Tampoco será así. Seguir leyendo
Las letras doradas de la fachada de la librería Pérgamo se quedan en la calle del General Oráa de Madrid. Cuando sus inquilinos anunciaron el pasado 12 de octubre que no les renovaban el alquiler y que se marchaban, todos asumieron que la especulación inmobiliaria había sido la culpable. No era así. Además, en aquel momento publicaron un comunicado en el que aseguraban que Pérgamo no continuaría en la mítica dirección en el barrio de Salamanca. “Ya estamos trabajando para que la comunidad de Pérgamo pueda seguir creciendo en un nuevo espacio”, se puede leer en sus redes sociales. Tampoco será así.. La marca Pérgamo fue adquirida en 2024 por la sociedad Xeito Libreros, a la que pertenecen Pablo Cerezo, María Triviño y José Juan Janeiro. Sus responsables comprobaron que estaba libre la marca Pérgamo en el registro de patentes de España y decidieron registrarla. Sin embargo, esta marca siempre había pertenecido a las dueñas del negocio, Ana y Lourdes Serrano, que fue fundado por sus padres en 1946.. Este miércoles, Cerezo ha asegurado, en una carta enviada a este periódico, que han iniciado las gestiones necesarias para formalizar la cesión de la marca Pérgamo a la propietaria del local y heredera de la fundadora de la librería, Ana Serrano. Ella, por su parte, ha asegurado que su abogado ya está al tanto: “El inversor mexicano José Juan Janeiro, administrador de la sociedad, ha dado orden a su gestora de que anule el contrato que tenían y el registro de la marca Pérgamo para dejarla libre para nosotras”.. Cerezo asegura ahora en su escrito que han tomado esta decisión porque consideran que Pérgamo es mucho más que una librería. “Forma parte del patrimonio cultural de Madrid y de España. Nuestra aspiración es que ese legado pueda preservarse y trascender a quienes hemos tenido la oportunidad de contribuir a su historia, permaneciendo al servicio de los lectores y de las futuras generaciones”, reza en una carta de 3.500 palabras remitida a este diario.. En el escrito, Cerezo defiende también que registró la marca para proteger el proyecto: “Identificamos que la marca comercial no se encontraba registrada. Nuestra intención fue proteger la continuidad y la identidad del proyecto cultural que estábamos desarrollando”. Pero no avisaron a las dueñas y la propietaria consideró que se hizo a sus espaldas. Al enterarse de lo ocurrido, reclamó que el nombre volviera a su familia. Ahora, a menos de dos semanas del cierre, José Juan Janeiro, inversor mexicano que figura como administrador de la sociedad, asegura que ya está en contacto con el abogado de la dueña para que la familia recupere la marca. “Acepto la responsabilidad de no haber estado presente en la toma de decisiones”, dice Janeiro en una conversación con EL PAÍS.. El principal inversor señala que conserva las facultades necesarias para tramitar la devolución de la marca y que está a la espera de recibir la documentación del abogado de la dueña para hacerla efectiva. “Lo único que yo puedo hacer es actuar conforme a lo que mi conciencia me mande”, afirma. Sobre el futuro de Xeito Libreros, añade: “La voy a liquidar”. También asegura a la propietaria que ya han pagado el alquiler de noviembre y que dejarán el dinero de la fianza para cubrir los daños y los elementos del inventario que falten. En cuanto a los pagos, Cerezo admite en su escrito los retrasos en el abono del alquiler, de 2.600 euros al mes, aunque asegura que todas las mensualidades han sido satisfechas y no se han dado impagos en ningún momento, como contó este periódico la semana pasada. La dueña en cuatro años nunca subió su alquiler, ni siquiera con arreglo al incremento del IPC.. Mientras se acerca la fecha del cierre, las propietarias ya han recibido ofertas para que el local siga albergando una librería. “Me ha escrito otra persona interesada en poner una librería”, cuenta por teléfono Serrano, que dice estar “completamente feliz”. “Me siento como si hubiera subido al Everest y, una vez allí, me hubieran dado una paliza”, confiesa.. Todo este thriller inmobiliario comenzó en enero de 2022, cuando las hermanas Serrano decidieron liquidar la librería y jubilarse después de más de siete décadas con el negocio. La librería, abierta por sus padres en 1946 y todavía amueblada con sus antiguas estanterías, vivía sus últimos días cuando el inversor mexicano la visitó por casualidad y, en un arrebato, decidió hacerse con ella. “Mi intención era salvar Pérgamo y después ver cómo hacerlo”, recuerda el empresario. A ellas les pareció bien. La librería que tanto querían continuaría viva, ellas pasarían a convertirse las caseras y Lourdes, la hermana de Ana, dejaría de ser la cara detrás del mostrador.. Durante cuatro años, Xeito Libreros estuvo a cargo de Cerezo y sus socios consiguieron crear una comunidad de más de 60.000 seguidores en las redes sociales, mientras el inversor mexicano pagaba el alquiler durante los primeros años. “Consideramos importante aclarar que, desde 2024, cuando Pablo Cerezo y María Treviño se incorporaron como socios de la empresa, tanto el alquiler como los demás gastos de funcionamiento de la librería han sido cubiertos íntegramente mediante los ingresos generados por la venta de libros. El servicio de almacenamiento y catalogación de libros prestado a la Fundación Vargas Llosa concluyó en 2023 y, por tanto, no ha constituido una fuente de financiación de nuestras operaciones durante este período”, aclara Cerezo en su texto.. Todo se precipitó en agosto, cuando se produjo un retraso en el pago del alquiler. La dueña reclamó el dinero y Cerezo, el gestor, adujo que se trataba de algo puntual. Aquella discusión terminó de romper una relación que ya pendía de un hilo. Para entonces, el inversor mexicano que había rescatado Pérgamo también había llegado a su límite: “Todos los costes hacían inviable el proyecto. El alquiler era uno de ellos”. Cerezo habla de falta de liquidez: vendían libros, llenaban las actividades y, aun así, llegaban asfixiados a final de mes. El librero intentó comprar el local o conseguir una rebaja en el alquiler, pero la dueña rechazó ambas propuestas. La librería perdió casi al mismo tiempo el respaldo económico de quien la rescató y la relación con la familia que la había fundado.. El contrato original, de tres años, expiró el 25 de abril de 2025 sin renovación automática. Actualmente, la relación opera en régimen de tácita reconducción mensual, asegura el abogado de la propietaria, quien añade que el acuerdo se firmó con el inversor extranjero y que ni siquiera existe una relación contractual directa y formalizada con Xeito Libreros.. Esto no impidió que Cerezo aprovechara la conversación sobre la vivienda, exacerbada a raíz de la acampada de Sol, para hablar de especulación inmobiliaria en general, según él, sin decir que fuera su caso. Aun así, todos los medios se hicieron eco del cierre y lo vincularon con la especulación. Los libreros no lo desmintieron. Él sostiene que quería denunciar un problema colectivo y que nunca señaló a sus caseras. Para Cerezo, Pérgamo es mucho más que un negocio: “Es una institución cultural con una responsabilidad social”. Para las dueñas, es el legado de sus padres. Con la marca de vuelta a la familia fundadora, este capítulo parece haber terminado.. El 17 de noviembre será el último día de los actuales inquilinos en el local. Después, comenzará una nueva etapa para el establecimiento y también para la comunidad creada por Cerezo, que deberá continuar en otro lugar y con otro nombre.
EL PAÍS
