Amanda Castillo empezó a mentir sobre su edad a los diez años. No porque quisiera parecer mayor, sino porque ya había entendido que la edad no es inocente. En Tenemos derecho a envejecer como los hombres (Continta Me Tienes), la periodista suiza analiza el doble rasero que convierte el paso del tiempo en prestigio para ellos y en pérdida de valor para nosotras. Habla de deseo, cirugía estética, menopausia, dinero, ira y referentes femeninos. Y plantea una pregunta incómoda: si envejecer sigue teniendo un coste social, económico y sexual para las mujeres, ¿hasta qué punto podemos llamarlo una elección privada?. Seguir leyendo
Amanda Castillo empezó a mentir sobre su edad a los diez años. No porque quisiera parecer mayor, sino porque ya había entendido que la edad no es inocente. En Tenemos derecho a envejecer como los hombres (Continta Me Tienes), la periodista suiza analiza el doble rasero que convierte el paso del tiempo en prestigio para ellos y en pérdida de valor para nosotras. Habla de deseo, cirugía estética, menopausia, dinero, ira y referentes femeninos. Y plantea una pregunta incómoda: si envejecer sigue teniendo un coste social, económico y sexual para las mujeres, ¿hasta qué punto podemos llamarlo una elección privada? Seguir leyendo
La escritora Amanda Castillo.Celine Nieszawer (©Celine Nieszawer/Leextra ). Amanda Castillo empezó a mentir sobre su edad a los diez años. No porque quisiera parecer mayor, sino porque ya había entendido que la edad no es inocente. En Tenemos derecho a envejecer como los hombres (Continta Me Tienes), la periodista suiza analiza el doble rasero que convierte el paso del tiempo en prestigio para ellos y en pérdida de valor para nosotras. Habla de deseo, cirugía estética, menopausia, dinero, ira y referentes femeninos. Y plantea una pregunta incómoda: si envejecer sigue teniendo un coste social, económico y sexual para las mujeres, ¿hasta qué punto podemos llamarlo una elección privada?. Pregunta. Empieza el libro contando que a los diez años ya mentía sobre su edad. Después de escribir un ensayo sobre el derecho de las mujeres a envejecer, sigue ocultando cuántos años tiene. ¿Por qué?. Respuesta. Deberíamos liberarnos del corsé de la edad. Desde pequeñas nos dicen cómo comportarnos según una cifra. Las mujeres cargan además con una doble condena: al edadismo se suman los estereotipos sexistas. Cuando no digo mi edad, mis interlocutores se inquietan porque no pueden clasificarme. En mi veintena era ‘por qué no tienes pareja’; luego llegó la presión por ser madre, la menopausia social y, a los cincuenta, ‘no deberías llevar el pelo largo’.. P. En el ensayo alude a un estudio sobre citas online según el cual la deseabilidad de las mujeres cae a partir de los 18 años, mientras la de los hombres aumenta hasta los 50; otro muestra que, aunque ellos envejezcan, siguen interesados en mujeres de veintitantos. ¿Qué nos dice del deseo heterosexual?. R. Que detrás de la edad hay relaciones de poder. Un hombre que busca mujeres de 22 años no lo hace solo porque prefiera una piel más firme. Busca a alguien con menos experiencia, más maleable. Eso es más difícil con una mujer de treinta y cinco.. P. Durante años los medios han celebrado a modelos y actrices maduras, como aquel desfile de Versace que reunió a varias supermodelos. Pero aceptamos a la mujer mayor con una condición: que no lo parezca. Además, esas mujeres tienen dinero y tiempo para que apenas se note la edad. ¿Hemos convertido envejecer bien en un privilegio de clase?. R. Hace falta mucho dinero para fingir que el tiempo no pasa. Algunas mujeres pueden pagar tratamientos; otras no quieren hacérselos. Convertimos en iconos a mujeres sobre las que el tiempo parece no pasar y estigmatizamos a las que envejecen con normalidad.. De izda. a dcha. y de arriba abajo: fotograma de ‘El Señor de los Anillos’, al comienzo del rodaje de la trilogía Liv Tyler tenía 22 y Viggo Mortensen 41; la diferencia de edad entre Cary Grant y Grace Kelly era de 25 años en ‘Atrapa a un ladrón’, él tenía 51 y ella 26; cuando mantuvieron un romance secreto en ‘Star Wars’, Carrie Fisher tenía 19 años y Harrison Ford 33; Diana Silvers de 28 y Richard Gere de 76 en ‘Asymmetry’ (estreno en 2027).Cordon Press / Getty Images. P. También cita series como Big Little Lies o Emily in Paris, donde aparecen mujeres maduras deseantes y deseadas. ¿Puede la ficción cambiar lo que deseamos?. R. La ficción desempeña un rol importante. Nuestro imaginario erótico se construye con las imágenes y durante décadas se nos ha bombardeado con imágenes de mujeres muy jóvenes. Por eso es tan importante que haya directoras que cuenten otras historias. Conozco mujeres de cincuenta años con vidas sexuales muy activas: existen, pero apenas las vemos en el cine. Si las mostramos, les damos buenos diálogos, densidad y profundidad psicológica, se abren nuevos horizontes. Conozco hombres, interesados por mujeres jóvenes, que, después de ver Big Little Lies, se sentían muy atraídos por Nicole Kidman, que tiene más de 50.. P. El libro se pregunta si una feminista puede hacerse un lifting. Usted no ve una contradicción entre feminismo y cirugía estética. Pero una mujer que parece diez años más joven recibe más atención, más deseo y hasta mejor trato profesional. ¿Cómo sabemos cuándo elegimos y cuándo obedecemos a esa presión?. R. Me parece legítimo querer estar guapa. El problema no es buscar la belleza, sino estar obligada a ella y quedar reducida a un objeto deseable. Tampoco juzgo a las mujeres que se operan: utilizan las armas que esta sociedad les da. Nos venden como accesible algo que no lo es y, si no logramos encajar en ese paradigma, nos dicen que hemos fracasado.. P. Otra trampa sería convertir la aceptación del envejecimiento en obligación. No todo el malestar de la menopausia nace de la mirada masculina. ¿Corremos el riesgo de exigir a las mujeres que, además de envejecer, lo hagan felices y orgullosas?. R. Debemos hablar de lo que ocurre en el cuerpo. Pero incluso ahí pesa el patriarcado. La medicina ha restado importancia a los problemas de las mujeres, ha psicologizado su dolor y ha convertido la menopausia en un tabú. Me alegra que por fin hablemos de endometriosis y sexualidad después de la menopausia.. P. Hay una idea del libro con la que discutí mucho, la ira. Sus referentes parecen liberarse al dejar de vivir pendientes del daño de los hombres. Lou Andreas-Salomé apuesta por la indiferencia; George Sand se desentiende de la mirada ajena; Dominique Rolin vuelve a la escritura. ¿Por qué la indiferencia tiene que ser la meta? ¿No tenemos derecho a envejecer enfadadas?. R. La ira puede ser una energía potente si la dirigimos hacia algo creativo: escribir, pensar, transformar. Si no se canaliza, puede consumirnos. No se trata de no enfadarse, sino de no quedarse encerrada ahí. Su victoria consiste en dejar de reaccionar al sistema y vivir en primera persona.. P. Habla de “envejecer como los hombres”. ¿Qué privilegio querría conquistar?. R. Envejecer sin que nos reduzcan al cuerpo. A Picasso nadie le decía que dejara de pintar porque se quedaba calvo o tenía barriga. Se veía al artista, no su cuerpo. Nuestra cultura ofrece a los hombres formas de trascender la edad.. P. ¿Cómo le ha cambiado investigar y escribir este libro?. R. He entendido que mi angustia no es un fallo personal. Si a los veinte ya temes envejecer, has entendido el mensaje de la sociedad. Intelectualizarlo ayuda. Sigo maquillándome, pero ahora miro también a quien me mira y me pregunto por qué su juicio debería importarme.. Amanda Castillo. Continta Me Tienes, 2026. 232 páginas. 23 euros
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