Penélope Cruz, que presenta Búnker junto a Javier Bardem en el Festival Venecia, clama contra el riesgo de perder «la conexión humana» en la comparecencia ante los medios Leer
Penélope Cruz, que presenta Búnker junto a Javier Bardem en el Festival Venecia, clama contra el riesgo de perder «la conexión humana» en la comparecencia ante los medios Leer
«Hay que construir ventanas, no búnkeres». Sobre esta frase con modales de moraleja se entona, precisamente, Búnker, la última película de Florian Zeller protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz. Juntos. Los dos repiten la jugada de títulos de sobra conocidos como Jamón, jamón, Vicky Cristina Barcelona y Todos lo saben. A un lado la primera película, vuelve a suceder que el director es de fuera. Al estadounidense Woody Allen y al iraní Asghar Farhadi le sigue ahora el cineasta y dramaturgo francés con películas en su haber como el díptico compuesto por El padre y El hijo. Se diría que la pareja más internacional del cine español hace buena una tradición de Hollywood que alcanzó la cima de la turbulencia con Elizabeth Taylor y Richard Burton y que han continuado con puntual y marital diligencia desde Joanne Woodward y Paul Newman a Angelina Jolie y Brad Pitt pasando por Nicole Kidman y Tom Cruise. Parejas dentro y parejas fuera.. «Llevamos 30 años juntos, así que discutir, lo que se dice discutir, nunca», ironizó Bardem y le siguió la corriente Cruz ante la más obvia de las preguntas en la comparecencia ante los medios. Eso no fue óbice para que ella corriera a dejar claro que, pese a la pasión que a los dos les une por su oficio, en casa no se habla de trabajo.. Para situarnos, Búnker cuenta la historia de una pareja española en Londres. Él es un reconocido arquitecto y ella trabaja en una editorial. Todo discurre con la comodidad que da la vida acomodada hasta que dos hechos dinamitan la calma tensa de una sociedad, la nuestra, cada vez más desigual, cada vez más obsesionada por la seguridad, cada vez más aislada, cada vez más peor. Primero, el vecino decide un buen día abrir una ventana en su casa que da justo al jardín de la pareja. Y segundo, un tecnócrata de los muy millonarios y a los que regalamos todos los días dinero usando sus aplicaciones encarga al estudio del personaje de Bardem un búnker en el que refugiarse del más que probable apocalipsis a poco que nos dejemos llevar. La ventana y el búnker del principio.. «Más allá de las ganas que tenía de trabajar con Florian y otra vez con Javier, una de los motivos para aceptar el trabajo es que mi personaje dice muchas cosas que se parecen mucho a lo que pienso. Tengo la impresión de que somos usados como marionetas, de que cada vez son menos (se pueden contar con los dedos de una mano) los que toman las decisiones que nos afectan a todos y nos manipulan», comentó Cruz por aquello de explicar algo de la película y algo más de sí misma. Y siguió: «Me irrita cuando estos de los que hablo despiden a no sé cuantos trabajadores y se jactan de que eso es bueno porque cada vez vamos a tener más tiempo libre. Pero esa no es la cuestión sino para hacer qué. El tiempo libre sin propósito lleva a la depresión. Como decía, tengo la impresión de que a los que manejan el mundo les falta el gen de la empatía, no creen en la conexión humana». Y dicho lo cual, un gramo de esperanza: «Lo único que me tranquiliza es ver que la gente joven cada vez está más despierta y más preocupada por la política».. En la misma línea, Bardem se lamentó de que el argumento de la película, que no es otro que ese mismo, el de la falta de empatía, el del aislamiento unos de otros en el que vivimos pide un cambio… «Exige hacernos cargo del dolor, de los deseos y de los sueños de los demás. Exige que reaprendamos a sacrificarnos por los demás», dijo. Y una más: «La moralidad de esta gente que ahora mismo controla todo no es otra que la total falta de moralidad… Esa es mi opinión».. En lo que duró la rueda de prensa, hubo tiempo para felicitarse por los Oscar (en dos de las tres precandidatas a los premios de Hollywood vuelven a estar ellos: La bola negra y El ser querido), por el buen estado del cine español cada vez más presente en el mundo y, ya puestos, para poner en valor el idioma español. Búnker está dialogada en inglés y en español. «Es algo de lo que cuesta convencer a los productores», dijo Cruz después de recordar los esfuerzos que tuvo que hacer para aprender el acento colombiano en una película hablada casi toda ella en inglés independientemente del contexto. «La sociedad cada vez más es consciente de que es multilingüe. La realidad de la pareja en la película es la de tantas que viven en el extranjero. En casa se habla una cosa y en la calle otra. Y no hay conflicto. Es más, el espectador no lo ve como un problema porque entiende que así es la realidad y así hay más verdad». Esto lo dijo en inglés justo después de intervenir en español. Y así.. Y así hasta que alguien, como ya es una tradición en los últimos años, volvió a sacar el tema de la excepcionalidad que supone en el panorama actual de Hollywood y alrededores que las estrellas hablen de política. Bardem insistió en la capacidad de cualquier ciudadano de decir la suya. «Lo único que a mí se me escucha más. Lo que lleva consigo una responsabilidad mayor», dijo. Y a su lado, Cruz dobló la apuesta: «Pero con lo que está pasando, ¿cómo vas a evitar hablar de política?».. Así las cosas, Búnker, una película sobre la necesidad de las ventanas.
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