La señora Shuurai Oyunchimeg da la bienvenida a la yurta con un pequeño cuenco de leche cogido con las dos manos. Y señal de agradecimiento y respeto es beber un sorbito de ese símbolo de pureza tomando el recipiente también con las dos manos, cuentan algunos que para demostrar que llegas desarmado, sin cuchillos ni arcos. Pasa el agosto instalada junto a su familia en alguna coordenada de la provincia de Töv, en Mongolia, donde se llega después de unas cuatro horas de furgoneta por abruptas pistas de tierra, a través de una imponente estepa. Ella es una de los 500 millones de pastores que viven unidos a la tierra y el ganado en el mundo. Y se enfrenta a un suelo cada vez más degradado, ya sea por el cambio climático, la sobreexplotación, la contaminación de las tierras y las fuentes de agua, las políticas laxas o su mal uso.. Seguir leyendo. La visita ha sido facilitada por el Gobierno de Mongolia para los periodistas que cubren la COP17. EL PAÍS ha sido ganador de una de las seis Becas para Reporterismo concedidas por la UNCCD para esta cumbre.
La pastora nómada invoca al respeto de los pastizales, que ocupan el 54% de la superficie terrestre, almacenan hasta el 30% del carbono mundial y evitan las sequías
La señora Shuurai Oyunchimeg da la bienvenida a la yurta con un pequeño cuenco de leche cogido con las dos manos. Y señal de agradecimiento y respeto es beber un sorbito de ese símbolo de pureza tomando el recipiente también con las dos manos, cuentan algunos que para demostrar que llegas desarmado, sin cuchillos ni arcos. Pasa el agosto instalada junto a su familia en alguna coordenada de la provincia de Töv, en Mongolia, donde se llega después de unas cuatro horas de furgoneta por abruptas pistas de tierra, a través de una imponente estepa. Ella es una de los 500 millones de pastores que viven unidos a la tierra y el ganado en el mundo. Y se enfrenta a un suelo cada vez más degradado, ya sea por el cambio climático, la sobreexplotación, la contaminación de las tierras y las fuentes de agua, las políticas laxas o su mal uso.. Tiene medio millar de animales entre caballos, vacas, cabras y ovejas, y su familia se va desplazando allá donde brotan las gramíneas, hierbas y arbustos para alimentarlos a todos. Hacía dos años que no venían a esta zona, en los alrededores del Parque Nacional Hustai, porque esperan a que el lugar se recupere con el barbecho que deja respirar y descansar a la tierra. Es una práctica que choca con el ansia de producción exacerbada que tanto requieren las compañías para negociar con los alimentos, las fibras textiles para la ropa, los ingredientes para los medicamentos o los minerales para la tecnología. Todo proviene del suelo y, según cálculos de la ONU, el 40% de la superficie terrestre ya está degradada. Los pastizales en concreto, por donde ella se va mudando unas dos o tres veces al año, ocupan el 54% de los terrenos del planeta.. “Todas las personas de este mundo deberían respetar la naturaleza”, invocan Shuurai y su marido Maamun Batchuluun, de 53 y 57 años, dentro del ger (yurta en mongol), donde han ofrecido una especie de buñuelos desaboridos y unas bolitas de leche que dejan secar al sol, sobre la cubierta blanca de su vivienda efímera. Alegan que la minería también les está afectando y que consume mucha agua, y lamentan las fuertes nevadas de los últimos años. En Mongolia se da un fenómeno llamado dzud, un término que describe la muerte masiva de animales tras veranos secos e inviernos gélidos. Solo entre 2014 y 2024 sufrió seis de estos episodios, que dejan fuertes crisis humanitarias y económicas y perjudican también el crecimiento de los pastos.. Maamun Batchuluun y Shuurai Oyunchimeg, frente a sus ‘gers’, el 21 de agosto en la provincia de Töv (Mongolia).Ángeles Lucas. Son espirales de distintas amenazas que complican la vida de su familia y de otros pastores que se reparten por un 75% de los países del mundo, donde si no es la nieve o la sequía, son los incendios, las inundaciones, las tormentas de arena, el aumento del nivel del mar, la contaminación del suelo y el agua con químicos, o que la tierra está tan exhausta que ya no puede rendir más… Unas dinámicas que cuestan vidas y afectan a multitud de puestos de trabajo, suministros, transportes y energía, además de provocar importantes movimientos migratorios, destrozar infraestructuras y generar conflictos geopolíticos. Estas inercias han llevado a la Convención de la ONU de Tierras y Sequías (UNCCD, por sus siglas en inglés) a que esta edición de la Conferencia de las Partes, la COP17, celebrada en agosto en Ulán Bator, se centre en acelerar normativas e inversiones para restaurar la tierra.. “La degradación puede deberse a la erosión, la pérdida de fertilidad, la salinización, la fragmentación, la compactación, los suelos desnudos o la desertificación”, detalla Barron Joseph Orr, científico jefe de la UNCCD. Sobre los pastizales, Orr destaca que 2.000 millones de personas dependen de ellos en el mundo y que son además un importante sumidero de dióxido de carbono, lo que mitiga el cambio climático. “Estos ecosistemas almacenan el 30% del carbono mundial. Las plantas desarrollan raíces profundas para acceder al agua y a los nutrientes y estas raíces estabilizan el suelo y lo airean. También mejoran su estructura, porosidad, infiltración de agua y la biodiversidad. Además, la cubierta vegetal modera las temperaturas superficiales y protege el suelo de la lluvia, lo que ayuda a frenar la erosión”, recoge la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en la publicación Todo lo que siempre quiso saber sobre los pastizales y los pastores.. La evidencia científica se hace palpable en el Parque Nacional Hustai, donde la profesora Undarmaa Jamsran, de la Universidad de Mongolia de Ciencias de la Vida, muestra pletórica los resultados de la investigación que durante dos años desarrolla en terrenos degradados. Primero, invita a pisar la tierra rígida de las cuatro o cinco especies no comestibles que quedan en la zona deteriorada. Y luego, la superficie acolchada del área de experimentación, donde han recuperado 24 especies autóctonas. “En las zonas restauradas, los pastos nativos permiten que el agua se infiltre 45 centímetros, en comparación con solo 15 centímetros en las degradadas, lo que demuestra que los impactos de la sequía no solo están determinados por la cantidad de lluvia, sino también por la capacidad de la tierra para retener el agua y liberarla lentamente”, concluye la docente.. El ganado, además de fertilizar la tierra, sirve, cuando se cría de forma extensiva, de cortafuegos natural en lugares propensos a los incendios, como en las dehesas o los montes mediterráneos. En Mongolia, el número de cabezas de ganado aumentó tras la disolución de la Unión Soviética, que establecía unos límites de propiedad por unidad familiar. Luego se permitió que los pastores adquirieran más animales y eso provocó más presión sobre la tierra. Esto contrasta a su vez con que los dzuds arrasen con los animales, lo que lleva a los pastores a querer poseer más para tener más garantías. Otra opción es aumentar la calidad de los productos de sus reses para conseguir más ingresos sin tantas cabezas. Un ejemplo de ello son las iniciativas que hay en el país para mejorar las razas de cabras, incrementar la calidad de la cachemira y venderla luego con más beneficios al sector del lujo. La familia de Shuurai prefiere la opción de la calidad, y para ello tiene el apoyo de la organización del parque Hustai. También les ayudan las visitas de algunos turistas.. La profesora Undarmaa Jamsran, en los terrenos en restauración del Parque Nacional Hustai, el 21 de agosto en Mongolia.Ángeles Lucas. “El trabajo aquí es muy duro. Nos levantamos a las cuatro y media de la madrugada y nos acostamos a las once de la noche”, explica el matrimonio. Con tantos azares y avatares, este país, como tantos otros, se enfrenta al tremendo desafío de perpetuar una labor que pocos jóvenes querrían asumir. Mongolia, con una población de 3,6 millones de personas, vive un fuerte desplazamiento de la población de las provincias hacia Ulán Bator, que registra un 46% de sus residentes de migración interna, según la Organización Internacional para las Migraciones. Los suburbios, los inmensos bloques de viviendas y un tráfico caótico, ilustran una tendencia de difícil reversión.. “Cuando era pequeño, yo quería ser conservacionista de la naturaleza, pero ahora quiero ser doctor”, dice frente a los gers el hijo de 15 años de Shuurai. Calza unas botas recias y negras que se pone para controlar al ganado, que pasta libre, sin vallas. Durante el curso escolar vive en Ulán Bator con unos familiares, pero en vacaciones, vuelve con sus padres. “Estaría contento si alguno de mis cuatro hijos continuara con esto, pero no les voy a obligar”, dice afable Maamun. Undarmaa cree que si se recuperaran las tierras, algunos de sus estudiantes querrían volver al campo. “Hay muchos puestos que pueden surgir del trabajo con la naturaleza”, considera. Los cálculos que maneja la UNCCD son que por cada euro invertido en la restauración de los pastizales se obtienen entre 3,5 y 30 euros en beneficios ecológicos y económicos. Sin embargo, todavía hay quienes consideran los pastizales como tierras baldías, marginales y vacías. Shuurai lo tiene claro: “No hay ninguna tierra inútil”.. Vistas del paisaje desde el interior del ‘ger’ de Shuurai Oyunchimeg, el 21 de agosto en la provincia de Töv (Mongolia).Ángeles Lucas. La visita ha sido facilitada por el Gobierno de Mongolia para los periodistas que cubren la COP17. EL PAÍS ha sido ganador de una de las seis Becas para Reporterismo concedidas por la UNCCD para esta cumbre.
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