El fallecimiento de mi entrañable amigo y colega el teólogo jesuita colombiano Javier Giraldo el pasado 25 de agosto a los 82 años me ha producido una profunda tristeza, y en su país ha dejado un enorme vacío dentro del cristianismo liberador y en los colectivos comprometidos con la defensa de los derechos humanos, la causa más importante que, sin duda, dio pleno sentido a su vida.. Seguir leyendo
El teólogo jesuita colombiano puso su sólida formación intelectual al servicio de la paz, en un mundo convertido en un coloso en llamas
El fallecimiento de mi entrañable amigo y colega el teólogo jesuita colombiano Javier Giraldo el pasado 25 de agosto a los 82 años me ha producido una profunda tristeza, y en su país ha dejado un enorme vacío dentro del cristianismo liberador y en los colectivos comprometidos con la defensa de los derechos humanos, la causa más importante que, sin duda, dio pleno sentido a su vida.. Tenía una excelente formación interdisciplinar con estudios en sociología, literatura, filosofía y teología. Obtuvo la licenciatura y la maestría en Teología y en Filosofía en la prestigiosa Universidad Javeriana de Bogotá y se graduó en Análisis Regional y Equipamiento de Espacios en París. Esta sólida formación intelectual la puso al servicio de la paz, en un mundo convertido en un coloso en llamas, de la justicia, en un mundo donde reina la injusticia estructural, y de los derechos humanos, especialmente de quienes los ven amenazados a diario, en un mundo en el que los derechos humanos sufren una brutal erosión, más aún se encuentran en un colapso.. Acogió a las personas desplazadas forzosamente por el conflicto armado. Denunció las desapariciones de cientos de miles de compatriotas y los asesinatos de millones de personas. Los desplazamientos forzosos y los asesinatos masivos tuvieron lugar en la más absoluta impunidad y muchas veces con la colaboración de los diferentes gobiernos.. Llevó a cabo estos compromisos a través de su participación en iniciativas nacionales e internacionales orientadas a la protección de los derechos humanos. Fue fundador del Centro de Educación e Investigación Popular (CINEP), cofundador de la Comisión Intereclesial “Justicia y Paz” y secretario para América Latina del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre Crímenes e Impunidad contra la Humanidad en el continente latinoamericano. Acompañó a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, víctima de una terrible masacre, que decidió no participar en la guerra, ni colaborar con ningún actor armado.. Una de las figuras más influyentes en su pensamiento y en su práctica liberadora fue su compatriota Camilo Torres Restrepo y su propuesta del “amor políticamente eficaz”. Le resultó especialmente interpelante esta afirmación de Camilo: “He visto que los que aman no tienen fe y los que tienen fe no aman. Tenemos que dar un vuelco volteando al revés toda la pastoral de la Iglesia”.. Rechazó la Cruz de Boyacá, máxima condecoración de Colombia creada por Simón Bolívar y renunció a la protección frente a las amenazas de muerte que recibió y que le obligaron a exiliarse. Durante el exilio escribió Derechos humanos y cristianismo (Dykinson, Madrid, 2008), libro que yo mismo edité, uno de los mejor fundamentados teológicamente sobre el tema.. En él hace un análisis crítico de las “instituciones cristianas” que “han logrado convivir pacíficamente con la barbarie sin enemistarse con el Estado esquizofrénico, más aún colaborando positivamente con él y avalándolo implícitamente en muchos aspectos” (p. 15). Junto a la crítica, propone un cristianismo plenamente compatible y compañero de camino en la lucha por la defensa de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y ecológicos y de los derechos de los pueblos.. Nada humano le era ajeno, especialmente el sufrimiento de las víctimas, a quienes acompañó durante más de 50 años durante el conflicto armado. Javier puso en práctica la afirmación del profeta y poeta Pedro Casaldáliga: “Mis causas son más importantes que mi vida”. Formuló con precisión lo que fue la guía de su vida y su compromiso con los derechos humanos: “El cristianismo que no sea una opción por la justicia concreta, la verdad y la solidaridad no es verdadero cristianismo”. Es lo que yo llamo “cristianismo radical”, frente los discursos de odio de los movimientos cristianos fundamentalistas que desembocan con frecuencia en prácticas violentas, como las que vuelven a producirse en Colombia con el gobierno de Abelardo de la Espriella.. Javier Giraldo nos ha dejado cuando más le necesita Colombia, que inicia una etapa de violación de los derechos humanos en nombre de Cristo, pieza clave del proyecto blasfemo de De la Espriella “Patria Milagro”. La mejor respuesta es seguir las huellas de Javier para frenar el “cristoneofascismo” que se inaugura.. Juan José Tamayo es emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Sus últimos libros son: Cristianismo radical (Trotta, 2026) y Política y religión (Tirant, 2026).
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