25 años después del lanzamiento de su marca, el norteamericano recoge los frutos de negarse a domesticar sus convicciones estéticas Leer
25 años después del lanzamiento de su marca, el norteamericano recoge los frutos de negarse a domesticar sus convicciones estéticas Leer
Pocos lugares menos elegantes que un avión después de un vuelo largo. Tras muchas horas ahí metido, hasta el viajero más disciplinado se ha descalzado, envuelto en una manta o manchado con la salsa de la comida de a bordo. Y el olor, ese olor tan peculiar: una mezcla de cerrado, establo y hospital.. Hasta la habitualmente germánica Anna Wintour reconoce relajar sus estándares de formalidad en ese entorno. Es precisamente ella quien cuenta que, cuando le tocó volar de Nueva York a Milán al lado del diseñador Thom Browne, éste no perdió en ningún momento ni la compostura ni la postura: se pasó el viaje entero con el respaldo subido y el traje en su sitio.. Browne iba, además, vestido con su habitual uniforme: traje, camisa, corbata y, muy probablemente, cárdigan. Todo gris, todo de proporciones reducidas, todo estricto, todo de su propia marca.. Anna Wintour relata la anécdota en Thom Browne: un diseñador no convencional. Este documental, disponible en Movistar Plus+, recorre la trayectoria de Browne, desde su irrupción en el mundo de la sastrería masculina con sus trajes «encogidos» hasta su posición actual en la que, como parte del imperio Zegna, cuenta con recursos suficientes como para presentar sus colecciones en espectaculares desfiles.. 25 años después del lanzamiento de su marca, el norteamericano recoge los frutos de negarse a domesticar sus convicciones estéticas. Es una pena que el documental no abunde en uno de los mecanismos más interesantes de la moda como fenómeno social: lo que Browne crea, aunque en principio parezca absurdo (por estrecho, por extravagante, por caro) termina influyendo en el guardarropa de millones de personas.. En su momento vestiste (y quizá todavía lo hagas) vaqueros pitillo porque Hedi Slimane así lo propuso cuando era director creativo de Dior. Y calzas (y calzo) aparatosas zapatillas técnicas para ir a trabajar porque Demna, desde Balenciaga, tuvo esa idea. El reinado del traje entalladísimo y corto procede de la obsesión de Thom Browne por los tobillos al aire y la talla XXS. La única vez que me he puesto una chaqueta suya casi me la tienen que extirpar después. Era preciosa. Y absurda.. Un creador que no renuncia a su visión del mundo, que ni la suaviza ni la negocia, solo tiene dos futuros posibles: el malditismo o el Olimpo. Thom Browne, como Lynch, Almodóvar, Vivienne Westwood o Jeff Koons, triunfó. Quienes se reían de su ocurrencia inicial hoy suplican un asiento en sus desfiles.. ¿Cómo sonaría la historia que cuenta Anna Wintour si Thom Browne no hubiera tenido éxito? No sonaría, pues solo se cuentan los comienzos kamikazes de quienes no se estrellaron. Los que se estrellaron, pues eso, se estrellaron. Y ni triunfo ni documental ni vuelo al lado de Anna Wintour ni nada. Los cementerios están llenos de artistas a los que nadie aplaudió su osadía. Y los aviones, de gente en chándal.
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